La travesía de emigrar por tierra en busca del “sueño latinoamericano”

Venezolanos dependen de una “ayudaíta de afuera” para irse del país

La vida de Natalia Contreras durante 9 días transcurrió a través de una ventanilla de autobús. Sus días y noches se mudaron a la carretera. Su destino claro era Chile. Desde Venezuela partió con esta convicción acomodada en un maletín con un par de panes con queso, jamón endiablado, documentos y el miedo de cruzar cuatro fronteras.

Ella prefirió “alzar vuelo en cuatro ruedas”. Emigrar por avión figuraba como una opción que a su bolsillo le daba vértigo. Otras personas más partieron con ella desde Trujillo, un 25 de abril de este año; sin contar los sueños y nostalgias que se multiplicaron al cruzar de San Antonio del Táchira a Cúcuta.

En el viaje, sus rodillas descubrieron que el espacio se le achicó: ahora sólo contaba con un metro por uno para estar sentada en un trayecto de 7 mil 536 kilómetros. Cada parada se veía lejana para ir al baño o estirarse. Todo era asfalto. Carretera.

Terror en la vía

En Colombia, Natalia vivió el terror en su máxima expresión, cuando el chofer se quedó dormido por lo menos tres veces. El zigzagueo de la unidad de transporte encendió el pánico de los viajeros. Conocieron el primer riesgo latente en su recorrido de 36 horas, en el tramo de Cúcuta hasta Ipiales, cerca de Ecuador.

Ahora, cuando rememora la escena desde Chile, describe sin titubear: “el trayecto más difícil fue en Colombia, por los barrancos”. Si a este le suma un conductor dormitando, la escena se torna de espanto.

Dos meses de preparación

La preparación para emprender la travesía duró dos meses. En este tiempo, intentó reunir el dinero por sus medios además del apoyo de varios parientes, mediante préstamos, trabajo, ventas de objetos de valor. Al final un amigo ya residenciado en Chile pudo enviarle el dinero necesario para “escapar de Venezuela”. Partió con 280 dólares que tenían grabadas las esperanzas familiares. Dejó atrás su trabajo como enfermera. Una venezolana más que salió de su país en busca del “sueño latinoamericano”.

Lo que se escucha

El señuelo fue que todos iban por vacaciones para aprobar el examen inquisitivo de algunas oficinas migratorias. Y así, cerca de 216 horas permaneció rodando, entre incomodidades y cansancio. En cada escala iba anexando a su lista de peligros otros que escuchaba: un autobús se volcó y una venezolana resultó herida; otro, que salió al día siguiente de su partida de Venezuela, fue víctima de un robo y a los pasajeros les quitaron hasta los títulos académicos; en otro lugar, un paisano con cuchillo en mano se defendió de unos ladrones.

Advierte que los venezolanos se han convertido en uno de los objetivos de la delincuencia en otros países, pues muchos llevan dólares. Natalia cruzó la mitad del mundo en Ecuador, de allí a la tierra del Machu Pichu, luego a Chile y por último, al extremo sur de este país, a Port Monta.

La nostalgia

Ya en mayo, pudo por fin arribar a la tierra que ansiaba. No obstante, se entristece porque tuvo que “volar” tan alto, fuera de su tierra para buscar oportunidades.

“Este movimiento nunca ha sucedido en el país, más bien Venezuela era receptor de emigrantes, actualmente es todo lo contrario”, opina, mientras su voz ronca y quebrada a través de un audio de WhatsApp delata la temperatura fría de donde vive ahora, un claro cambio con respecto a los 33°C a los que estaba acostumbrada en la tierra trujillana.

Otras historias

A las estadísticas de venezolanos en Chile también se les sumó -aparte de la de Natalia- la de Jesús Zambrano, quien llegó a la capital chilena el 15 de agosto del corriente año. El joven señala,  lo que más le impresionó del recorrido fue que este también lo afrontara un hombre de 54 años, junto con otras 3 personas, entre ellas una señora de 39, y dos niños. “El señor llegaría súper cansado, el viaje duró 9 días. No me imagino lo que vivió”, cuenta. Lo que deja claro que para emigrar no hay límites de edad.

El abandono de sus sueños

Ya varios meses antes, Vanesa Gudiño con su título de Publicidad y Relaciones Públicas de LUZ, se embarcó en similar osadía por tierra al mismo destino. Desde allá relata que lo decidió en cuestión de una semana, animada por ahorrarse dinero, pues el precio de un pasaje de avión puede ascender a 1.200 dólares, al igual que para Ecuador o Perú.

Aquí abandonó sus negocios itinerantes de bisutería y productos dietéticos y partió por una ruta diferente a la de Natalia. Para ella su primera parada fue Maicao. La joven de 28 años narra: “Solamente en Perú tuvimos 12 horas en el mismo bus y teníamos hambre, mucha gente quería ir al baño y no había esa posibilidad. También fue difícil para dormir; aunque esto no me afectó tanto, para otros que iban sí fue muy duro”.

A su salida, también los riesgos le acecharon. Casi cae en una trampa. “En Perú nos quisieron estafar con boletos de 10 dólares para cruzar la frontera, sonaba muy bien. Pero a la final era mentira. Menos mal lo descubrimos”, expresa aliviada.

Los nervios nunca faltan

“También uno de mis compañeros casi se queda en la frontera con Colombia porque se puso nervioso cuando el funcionario de migración le preguntó a dónde se dirigía”, agrega.

Mientras estos jóvenes venezolanos ya “huyeron”, quedan muchos otros que desde su trabajo o casa de estudios, planean cómo reunir el dinero necesario para comprar un boleto de bus y salir al exterior. Muchos de estos se aferran a la esperanza de recibir la ayuda de alguien conocido en el exterior, para facilitar la escapada.

El pan de cada día

En el verbo de estos jóvenes pesa una frase: “me quiero ir”. “Me frustra que no pueda ejercer mi profesión porque los sueldos no lo motivan a uno”. “Quiero crecer”, arguyen jóvenes incluso con escasos meses de graduados.

Una incógnita se abre frente a este escenario rodante lleno de dificultades, riesgos y peligros: ¿Las carreteras latinoamericanas seguirán siendo testigos de la salida de venezolanos “en busca de oportunidades”? El tiempo lo dirá.


DATOS:

Pocos requisitos

Las ofertas en internet para viajar por carretera al exterior desde diversas partes de Venezuela hacia Táchira sobran. Agencias ofrecen este tipo de servicios por un aproximado de 290 a 350 dólares. Los únicos requisitos que solicitan son pasaporte y el certificado de la vacuna de fiebre amarilla. El pasajero tiene derecho a un equipaje de 25 kilogramos.

Objeto de robos

Los venezolanos se han convertido en uno de los objetivos de la delincuencia en otros países, pues muchos llevan dólares.


MÁS DE 8 MIL / La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) reportó en un informe del 2015 que en países de América Latina se encontraban 133.381 venezolanos. Y cifras del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior en Chile, apuntan que allí viven ocho mil venezolanos, que corresponden al 1,9 de los extranjeros. El dato más relevante es que del 2005 al 2015, subió el número de entrega de visas temporales de 383 a 8 mil 381.

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