“Yo vi llorar a mi pueblo “
Juan Carlos Aguilar Rengifo*
Una nuevo día iniciaba en el colonial y hermoso pueblo de San Lázaro, quien como siempre volvía a sus actividades normales, luego del fin de semana. Al alba prosiguió un cielo gris, la mañana nublada de aquel lunes 5 de mayo de 1.986, presagiaba lluvia, a mitad de esa mañana se hizo presente un rocío. Está lloviendo para el páramo- comentó una persona- al ver que las montañas teñían de blanco. Pasado el medio día, el cielo continuaba nublado. Al caer la tarde comenzó a llover, arreciando la lluvia hacia el anochecer. En el ocaso, el río comenzó a despedir un fuerte olor que a los lugareños les era familiar – “Como que está creciendo el río , se dijeron“. Anocheció y la crecida aumentó, esto llamó la atención de la gente, quienes observaron una anormalidad, pues nunca habían visto un torrente de tal magnitud que en ese momento amenazaba con rebasar el puente real, estructura que unía ambos extremos del pueblo. Se prendieron las alarmas, sobretodo en quienes cerca del puente, miraban el enorme caudal del rio. Al fuerte olor a lodo y tierra, se unió un estruendo, producido por troncos, árboles, piedras y otros sedimentos que la riada traía, siendo escuchado en todo el poblado. A eso de las 8:55 pm, dicho olor se hacia insoportable y el ruido era ensordecedor, una especie de ronroneo y golpeteo muy fuertes hacían parte de éste, atemorizando al poblado. Vino entonces el desenlace en tan terrible momento: El furioso río rebasó el puente, un gran caudal asimismo se introdujo por la calle Bolívar, drenando con dirección hacia la llamada plazoleta del chaguaramo, otra masa de agua entró por el antiguo callejón que era lugar de parqueadero de caballos, donde hoy se haya el escenario, inundando todo el centro del pueblo .
Del lado de la calle Bolívar se escucharon gritos de auxilio y gente corriendo hacia distintos lados , buscando las partes altas para salvarse: “Auxilio, auxilio ! se metió la creciente, corran, corran“ y entonces vino el desastre: Las furiosas aguas que arrastraban todo a su paso , primero impactaron una vivienda donde funcionaba una panadería llevándola por completo, al frente hacía lo propio con un estacionamiento y dos vehículos allí estacionados, en el otro extremo el club social “El molino” y parte de otra vivienda, asimismo eran impactados . Antes la crecida en el sector “La planta“ acabó con tres viviendas a la vera del río, unos kilómetros más arriba de allí arrasó con el puente en el llamado “ paso del río “ en la vía que conduce a la comarca de los llanitos. Al llegar a la zona central, destruyó el puente real y de inmediato un grupo de casas y locales comerciales llevándoselos por completo en fuerte arremetida.
Momentos antes el Señor Roger Leal (+) conocido comerciante, se hallaba a las afueras de su negocio, se quedó mirando la creciente, era la única persona que permanecía allí cerca del puente, los demás ya se habían alejado por precaución. Notaron que el agua al meterse a la calle, subía el nivel y Roger permanecía allí recostado al poste de luz al lado de su negocio. Comenzaron a gritarle del lado del parque “Roger, Roger, salgase de ahí corra se lo va llevar el agua” pero este no escuchaba o hacía caso omiso. Cerca del negocio de Jesús Ojeda, estaban dos muchachos Abelardo Pérez y Francisco Delgado. Quienes al ver a Roger, uno de ellos se amarró una cuerda a la cintura para rescatarlo, pero fue imposible, a mitad de la calle el agua tapó al muchacho y nadando se devolvió. Estos dos jóvenes salvaron sus vidas, porque subieron al techo de ese negocio. En eso se escuchó en el pueblo un enorme estruendo en el puente que hizo temblar hasta las calles, se fue la luz, Roger Leal, quien fue víctima de la tragedia, junto a su negocio fueron arrastrados, pereciendo ahogado, encontrando su cuerpo unos cuantos metros más allá entre las calles Bolívar y Sucre en horas de la madrugada. Previo a este lamentable suceso, la gente que se ubicaba al otro lado del pueblo, en el momento del deslave, despavoridos comenzaron a gritar“ Se metió el río, corran hacia arriba, corran“ emprendimiento veloz carrera por las calles Comercio y Urdaneta, hasta la iglesia donde un numeroso grupo se refugió. El Señor Clemente Delgado, recordado sacristán, abrió las puertas de la iglesia e hizo sonar las campanas pidiendo auxilio y piedad al todopoderoso. Una Señora de tercera edad, desesperada al escapar de su casa rumbo a la iglesia, se hincó en plena calle Urdaneta rogando misericordia, del pánico no se podía levantar, fue ayudada y cargada hasta el templo por un valiente muchacho. En la iglesia permaneció la gente orando, hasta el final del peligro.
Todo quedó en penumbras, ya que el tendido eléctrico de la parte central fue destruido, afectando también la otra parte del pueblo, sólo se escuchaba el fuerte ruido del río, que había entrado horrorosamente en la psiquis de las personas. Temerosos continuaron en sus refugios en casas de familiares y amigos de la zona alta del pueblo, antes de media noche, la lluvia amainó y el río disminuyó el caudal, “ ya la creciente está bajando “ se dijeron .
Algunos atrevidos buscaron linternas y salieron hacia la zona del desastre en la calle Bolívar, asombrados observaron la inundación provocada, todo era una playa llena de barro, escombros, piedras, troncos y árboles completos, enseres de hogar, prendas de vestir y más. El centro del pueblo quedó devastado, ya no estaba el puente real, ni los negocios de Roger Leal, Gregorio Fernández, la licorería de Joaquín y Hortencia Valecillos, la bodega Altotilimundi de Antonio Briceño, el negocio de Vicente Ávila, el antiguo negocio de Temístocles, el depósito de hortalizas de Francisco ( Chico ) Morillo, la casa donde estuvo el partido acción democrática, tampoco la de la señora Aurelia Rosales, ni la de la familia Quintero y el negocio de Aquilino Angel.
Igualmente asombrados notaron que el nivel del agua, había alcanzado hasta los techos de las viviendas a una altura de 6 metros en algunos casos , además que todos los inmuebles de la parte derecha de la calle Bolívar , estaban inundados y tapiados de lodo , así como llenos de escombros. De la otra parte del poblado, vale decir; de las calles Comercio, Urdaneta, San Luis y demás zonas altas, los asustados lugareños comenzaron a salir en medio de la oscuridad, afortunadamente esa zona estuvo libre del desastre, puesto que está más lejana al río Jiménez. Desde la esquina de la farmacia, donde había llegado la inundación, se escuchaban voces dirigidas hacia la calle Bolívar preguntando: Cómo están?… Están bien?…. Nadie respondía, aumentaba aún más la angustia y se temía lo peor. Al cabo de un rato, unos respondieron , el sonido del río, no dejaba escuchar con claridad. Dos camionetas fueron traídas desde la calle arriba y con sus luces alumbraron hacia la zona del desastre. El grupo de personas ubicadas del lado del parque en la esquina de la farmacia, asombrados y estupefactos presenciaron por vez primera la magnitud del deslave. Con lamentos y llantos se abrazaban unos a otros , diciendo: “Se nos acabó el pueblo!. Dios mío que desastre ¡Esto fue un acabo de mundo! dónde están los del otro lado? Se preguntaban. Tres paisanos fueron los primeros en salir a la zona impactada, buscaron un papel y lápiz, escribieron lo ataron a una piedra y lo lanzaron al otro extremo del río. El primer mensaje decía : “Hay gente que no aparece“. Al rato volvieron a lanzar otro mensaje: “ Encontramos a Roger ahogado, más allá de la casa de Amado , está muerto” . En otro escribieron : No aparece el hijo de Ramón García “ y en otro: “ La panadería del combatiente también se la llevó toda “.
La profesora Rosa Andara de Valecillos, quien junto a su esposo Adelis Valecillos, eran radioaficionados, al comenzar la madrugada (1:00 am ) aproximadamente, desde su radio de 2 metros instalado en su casa , lanzó un S.O.S , radiando la noticia de que en San Lázaro, había ocurrido un desastre de gran magnitud. Dicho llamado de auxilio fue captado por la banda ciudadana de Valera e informado a diferentes organismos.
Antes del amanecer, se escucharon en la carretera las primeras sirenas de las ambulancias del cuerpo de bomberos y defensa civil, así como de patrullas de la policía y grupos de rescate. A la par llegaron al devastado pueblo las unidades móviles de las emisoras Radio Trujillo y Radio Primera, quienes comenzaron a transmitir en vivo lo ocurrido, lanzando extras con testimonios de los sobrevivientes, también arribaron los equipos reporteriles del diario el tiempo y diario de los andes de Valera y al día siguiente corresponsales de los canales Venevisión, VTV y RCTV. En el pueblo esa mañana del martes posterior a la avalancha, se vivía un ambiente de profunda tristeza, ansiedad y desolación, las personas del pueblo caminaban de un lado a otro, secando sus lágrimas, no sabiendo que hacer. Decenas de personas de otras localidades que se enteraron de la tragedia por los medios de comunicación, comenzaron a llegar al pueblo, a objeto de saber el paradero de familiares y amigos. Eso hizo más patente el dramático momento.
Los primeros en llegar fueron los del hermano pueblo de Santiago y de los campos aledaños a San Lázaro, portaban palas, picos, escardillas o cualquier herramienta necesaria para ayudar. Los Santiagueños hicieron suya la tragedia , las mujeres en la escuela atendían a niños y demás damnificados , mientras un grupo de hombres daban su ayuda en la zona del desastre. Recordamos ese hermoso gesto! A lo largo de las calles Bolivar, Sucre , la plazoleta , el parque, hoyo caliente, esquina de la farmacia y callejones de la zona central, se observaban un sin número de escombros, piedras, troncos , mucho lodo, enseres de hogar, productos y mobiliario de los negocios, así como vehículos arrastrados unos encima de otros. A parte de eso y más abajo en el popular sector“ la Vega de los toros” hubo también inundaciones, siendo preciso desalojar a sus habitantes.
Unos 300 damnificados que perdieron sus casas y pertenencias o sus viviendas fueron inundadas y además parcialmente destruidas , debieron ser trasladados a la escuela Rafael María Altuve para su atención. Allí permanecieron unos meses, hasta proveerles nuevas viviendas o restaurarlas. La ayuda inmediata se hizo presente en virtud de que la noticia de la tragedia, tocó la fibra humana, no solo de los Trujillanos , sino del resto del país. Además llamó la atención de los entes oficiales. Los sanlazareños en distintas partes del país , se unieron para socorrer a sus paisanos en el pueblo. En ciudades como Caracas, Barquisimeto, Maracaibo, Mérida , Valencia, Valera y Trujillo , los coterráneos organizaron jornadas de recolección de alimentos , ropa , colchonetas y otros artículos necesarios. En la Ciudad de Valera, reconocidas instituciones como el Rotary Clud, la banda ciudadana, el comité de damas voluntarias y la emisora radio Valera, hicieron lo mismo abriendo centros de acopio para los hermanos de San Lázaro. Radio Valera en su set de comerciales cada media hora transmitían un mensaje grabado con un fondo del tenor siguiente “Hoy nuestros hermanos de San Lázaro, necesitan de nuestra ayuda por la tragedia que han sufrido. Vamos a darle una mano amiga. Colabora enviando a nuestro centro de acopio: Alimentos, ropa y calzado en buen estado, frazadas, cobijas, colchonetas, pañales y leche materna. Muchas gracias en nombre de los hermanos de San Lázaro “.
Las perdidas materiales fueron de gran magnitud, se estimaron en unos 40 millones de Bolívares ( que en la época era una cantidad muy alta ). Un total de 20 inmuebles entre viviendas y negocios, fueron arrasados desapareciendo totalmente, otros 35 quedaron semi destruidos o deteriorados. Para un total de 55 inmuebles impactados. Así mismo 4 puentes desaparecieron, el tendido eléctrico y de telefonía cantv de la zona central fue afectado , 7 vehículos fueron arrastrados por las aguas, producto de las fuertes lluvias. En la zona alta de la parroquia, éstas acabaron con un buen número de sembradíos y las vías rurales quedaron en muy mal estado presentando derrumbes. El pueblo quedó varios días sin agua potable, la gente en cada comunidad debió organizarse en grupos para buscar agua limpia, tampoco hubo electricidad, ni servicio telefónico, los pocos negocios que quedaron, agotaron sus inventarios y el pueblo en dos días prácticamente se quedó sin alimentos .
Muchos fueron los comentarios de que si el deslave hubiera ocurrido a altas horas de la noche, cuando ya la mayoría dormía, las víctimas habrían sido muy numerosas, afortunadamente no fue así, porque la gente corrió y se resguardó a tiempo.
Igual de abundantes son los testimonios de lo que vivió cada sanlazareño y de cómo lograron salvarse. Aquí citamos algunos:
. El joven Francisco López , estaba mirando la creciente, al momento de meterse el agua en la calle y ver a la gente corriendo, se dio cuenta que un niño de 5 años llamado Ramoncito estaba solo en la calle llorando, sin moverse y aterrorizado. Francisco velozmente cruzó el puente lo agarró , saliendo por el callejón a una parte alta, salvándolo. Al niño lo daban por desaparecido , el joven lo había dejado a buen resguardo en una casa a la orilla de la carretera y al otro día apareció sano y salvo .
. La señora Benedicta de Briceño, se encontraba junto a sus pequeños hijos de 5 y 6 años en su amplia casa de la calle Bolívar, el agua comenzó a introducirse velozmente a la vivienda, ella fue a la cocina y cerró las puertas, escuchaba como su casa cada vez era inundada. En eso hubo un fuerte estruendo allí dentro, fue el momento en que la crecida reventaba las puertas de la calle para en avalancha apoderarse de su casa, ésta tomo a sus dos niños y comenzó a pedir auxilio, corrió al patio trasero, tres muchachos que estaban en la casa contigua al escucharla fueron en su ayuda, pero como había una cerca, abrieron un boquete y por éste la sacaron a ella y los niños, cuando ya era alcanzada por las aguas .
. El señor Martin Vázquez, al momento de meterse la corriente en su casa también en la calle Bolívar, no le dio chance de salir, porque estaba en la parte trasera de su vivienda que daba al rio, tratando de sacar unos animales de corral que tenía. Martin se subió a la viga o caballete principal de la vivienda , mientras el agua casi le alcanzaba, allí permaneció aferrado, hasta que el peligro pasó. Es un milagro que no fue llevado por la corriente .
. A la señora Aurelia Rosales, quien tenía cierta edad y vivía sola en su casa, el agua antes de la hecatombe, le llegaba a la cintura, entre la angustia y la corredera, un joven se percató de ello y pudo rescatarla. Su casa desapareció de la faz de la tierra como si nunca hubiera existido.
. El señor Vicente Ávila, vivía con su esposa y cuatro hijos en el sector La planta, muy cerca del río, esa noche lluviosa y de truenos, se dijo: “ Esta creciente no es normal, esto viene fuerte “escucho un fuerte estruendo en el puente del pozo de los Añez – momento cuando se llevaba las barandas- . Más tarde contó: Que no sabe cómo él la familia, lograron salirse de su casa tan rápidamente y salvarse corriendo por la carretera antigua hacia Rita. Fue la primera casa en ser llevada, la familia perdió todo quedando solo con lo que llevaban puesto, su negocio en la zona central igualmente desapareció. Al poco tiempo Vicente Ávila y los suyos abandonaron el pueblo.
Anécdotas que rodearon la tragedia
. El pintor sanlazareño Hugo Quintero, al otro día de la desgracia, se encerró en su casa a pintar una pancarta con la imagen del pueblo y un letrero que decía : “ San Lázaro levántate y anda“. Dicha pancarta fue colocada en una esquina de la calle Bolívar.
. Un señor de tercera edad del caserío El chorro , ese otro día, llegó al pueblo portando una cruz de madera. La amarró al chaguaramo, se hincó y rezó al pie del mismo . Fue una escena sobrecogedora.
. En la bodega Altotilimundi del recordado Señor Antonio Briceño, había un muñequito de madera en el centro del armario que semejaba a un hombrecito alegre y una mano levantada apuntando. Que fue como el símbolo de ese establecimiento. Sorpresivamente al día siguiente el muñequito apareció lleno de barro encima de los escombros de lo que fue el famoso negocio. Fue lo único que quedó , el señor Antonio al verlo con gran sentimiento lo recogió y abrazó diciendo : Se salvó mi amigo.
. Gregorio Fernández, cariñosamente apodado “ El bachaco” quien perdió su negocio , ese otro día parado mirando al río dijo : llevaste mi negocio, el sudor de mi frente, seguidamente sacó un manojo de llaves las arrojó al rio y volvió a decir: “Ahí están las llaves , termíneselo de llevar“. Al poco tiempo Gregorio se fue del pueblo.
Los días siguientes al deslave fueron de arduo trabajo, los sanlazareños en franca unión: mujeres y hombres bien fuesen jóvenes, adultos y hasta niños , se dispusieron a recuperar a su amado pueblo, buscando sanar las heridas que dejó la catástrofe.
Se nombró pues una “ Junta Pro- reconstrucción de San Lázaro“ coordinando el trabajo con la ayuda del gobierno regional y nacional, el cual desplegó suficiente maquinaria y personal. También se creó un Comité de ayuda a los damnificados y el Batallón Rivas Dávila, dispuso de un gran número de efectivos quienes colaboraron en las labores de recuperación y limpieza de las casas.
Hoy a 40 años de aquella lamentable tragedia que enlutó y produjo una enorme herida en todos los sanlazareños, hemos querido recordar ese triste capítulo en la historia del pueblo de San Lázaro, quien supo levantarse y seguir adelante . Evento natural que personalmente vivimos y del que fuimos fieles testigos.
*Hijo de San Lázaro.
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