La solidaridad en el Trujillo necesario

Solidario es el hombre que abre sus ojos, corazón y conciencia a todo esto. Una solidaridad así es capaz de transformar la política. Sin esta solidaridad no habrá verdaderas transformaciones

Es conveniente recalcar el valor del “desinterés” en la relación con los demás.

 

El modo de ser persona, de concebir la vida, tiende a penetrar toda la realidad del ser humano. Y así va surgiendo un tipo de educación, de acción social, de política, cultura, etc. Y no es fruto del azar ni se debe a un aumento inusitado de pensar siempre en lo posible y de mirar hacia lo posible y necesario.

Es el resultado de una valoración de las cosas que se va promocionando y que ha llegado a esclerotizarse en conductas que merecen reprobación. Puede llegar el momento ¿en Venezuela ya hemos llegado?, en el cual quien está fuera de sitio es el que no se acomoda a esa mentalidad tan difundida. Por suerte siempre habrá “profetas” que nos saquen de ese torpor.

Al plantearse eso que alguien llamó: solidaridad comunitaria, por lógica se hace indispensable recurrir a algunas actitudes, profundamente humanas, que han perdido valoración social, o que simplemente han sido relegadas por muchos a los últimos puestos en la actuación de cada día.

Es indispensable valorar una verdadera solidaridad. Ser solidario significa sentir con los otros, compartir su destino. Es comenzar con una empatía con los demás para, con ellos, construir humanidad.

Pero al hablar aquí de solidaridad se hace necesario hacer algunas distinciones. En efecto, hay como grados o niveles de solidaridad, y eso lo podemos distinguir en muchas ocasiones; valga como ejemplo las colectas que se hacen con ocasión de algunas calamidades. Podríamos llamarlo solidaridad coyuntural, porque está subordinado a acontecimientos especiales. Pero sin duda es una solidaridad dirigida a lo personal, individual.

Y hay unas situaciones más estables que, de por sí, solicitarían un gran movimiento de solidaridad: el desempleo, el hambre, la insalubridad en la vivienda, etc. Se trataría de una solidaridad estructural, porque no dependería de las coyunturas ni de instituciones que tienden a suavizar algunos problemas. Es la solidaridad para con aquellos a quienes, no les dedican la prioridad que realmente requieren.

Solidario es el hombre que abre sus ojos, corazón y conciencia a todo esto. Una solidaridad así es capaz de transformar la política. Sin esta solidaridad no habrá verdaderas transformaciones.

Nuestro pueblo sabe “gastar” su tiempo compartiendo, conviviendo con los demás. Son momentos de conversación, de comunicación, de sabio disfrute de las cosas. “Los demás están por encima de cualquier cosa; a eso se le puede y debe dedicar tiempo”. Es una riqueza a redescubrir, porque en esa situación lo importante es la persona, el hecho de compartir, no, la cantidad de cosas que comparta.

 

Recalcar el valor del “desinterés”

 

Es conveniente recalcar el valor del “desinterés” en la relación con los demás. No habrá una política diferente si no es promoviendo una participación activa y consciente de todos los sectores. Pero debe ser una participación “desinteresada”. Ponemos esta palabra entre comillas (“…”) porque es una dimensión humana a rescatar.

La competencia, impuesta como ley, como fuerza dinámica del desarrollo, encuentra indudablemente en la persona humana un apoyo natural. La historia de cada hombre y de la humanidad se mueve a partir de motivaciones profundamente enraizadas. El interés constituye un motor formidable para la acción. Pero las tendencias básicas del hombre son ambivalentes. Una competencia que arrolle, que se imponga, que domine (y todo esto se puede hacer legalmente), no crea más humanidad.

 

El ámbito social

 

En conclusión, las novedades en el ámbito político y social pueden ser un objetivo bien preciso que nos podemos trazar. Lo importante es empezar a vivir estos valores que se presentan a menudo y con gran calidad. Pero se irán haciendo realidad en la medida en que se vayan viviendo. Mejor ya se están viviendo en no pocos ambientes y estratos sociales. Hay que abrirles paso, permitirles crecer, favorecer que nos humanicen desde una nueva perspectiva de la vida y de la organización social para nuestra región, para nuestro Trujillo necesario.

 

Promover potencialidades

 

Es necesario promover las potencialidades de las personas. El horizonte humano se empequeñece, se atrofia, cuando se enmarca en un cuadro de consumismo hedonista. El «tener» no va más allá. La vida de las personas corre el peligro de verse «llena» pero de «cosas vacías», nos reflexiona, monseñor José Ángel Divassón. Según su explicación, hay que abrir los horizontes de la persona. Ayudarle a descubrir la satisfacción profunda de sentirse útil.


 Es conveniente recalcar el valor del “desinterés” en la relación con los demás.

Construir
humanidad

Es indispensable valorar una verdadera solidaridad. Ser solidario significa sentir con los otros, compartir su destino. Es comenzar con una empatía con los demás para, con ellos, construir humanidad.

 

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