LA ‘PARADOJA DE TESEO’, EL ‘YO CAMBIANTE’ Y LA ‘FRONESIS’ | Por: Ernesto Rodríguez

 

Un tema muy importante es el concerniente al ‘Yo’ y su cambio con el tiempo durante la vida…¿Sigue siendo el mismo ‘Yo’?…En tal sentido es pertinente recordar lo que ha sido llamada  ‘Paradoja de Teseo’. En efecto, el escritor griego Plutarco (aprox. 50-120) en sus ‘Vidas Paralelas’ incluyó la vida de Teseo, héroe legendario de Atenas en la mitología griega. En una parte dice: “El barco en que Teseo navegó con los jóvenes y regresó a salvo, la triakóntoros, la conservaron los atenienses hasta la época de Demetrio Falereo, arrancándole los maderos viejos y poniéndole otros fuertes y tan bien ajustados, que hasta a los filósofos les servía de ejemplo la nave para el discutido tema del crecimiento, ya que unos decían que era la misma nave y otros, que no la misma” (sección 23,1). Esa ‘Paradoja de Teseo’ plantea la cuestión de si un objeto que ha reemplazado sus partes sigue siendo ‘el mismo objeto’.

Una persona reemplaza continuamente sus átomos y sus moléculas. El eminente biólogo evolucionista norteamericano George C. Williams (1926-2010) lo expresa así: “Un átomo de carbono o de hidrógeno en una molécula que sea activa desde el punto de vista metabólico, y esté en una de sus células de uno de sus músculos o una de sus glándulas, probablemente esté en otro lugar de su cuerpo en cuestión de unos minutos u horas, y esté fuera de su cuerpo en cuestión de unas pocas semanas. Si usted tiene unos 50 años, un átomo de calcio en uno de sus dientes puede haber estado allí desde hace 40 años y es posible que siga estando en ese diente cuando usted tenga 90 años (…) Pero los dientes son excepcionales. La mayoría de los tejidos, inclusive el hueso, tienen tasas de reemplazamiento en un período de semanas o meses” (1). A pesar de tales reemplazamientos, la composición química del cuerpo permanece relativamente constante, aunque también cambia con la edad (por ejemplo cambios hormonales en la adolescencia y en la vejez) y eso incide en el ‘Yo’.

Por otra parte, el cuerpo y el cerebro cambian biológicamente con la edad y eso también incide en el ‘Yo’. Por ejemplo el cerebro tiende a deteriorarse con una edad avanzada. Pero además, el ‘Yo’ también está cambiando continuamente por las experiencias en la vida. En efecto, el filósofo británico Julian Baggini (nac. 1968) explica de manera muy didáctica que las teorías sobre el ‘Yo’ se dividen en dos grandes categorías (2). Una es la concepción de la ‘perla’, según la cual hay algo permanente (inmutable) en lo más profundo de cada persona y eso es la identidad de esa persona. Eso es lo que intuitivamente todos pensamos sobre nuestra persona. Pero los investigadores del cerebro coinciden en rechazar esa versión de una ‘perla’ inmutable. La concepción alternativa es que no hay ‘perlas’ sino ‘haces’: Cada persona no es sino la suma de sus pensamientos, sentimientos, experiencias, deseos, memorias y así por el estilo. Entonces cada persona es un ‘haz’ dinámico y cambiante, cada persona es lo que es por sus acciones y sus decisiones, de tal manera que continuamente está en un proceso de ‘auto-creación’. No obstante, tal auto-creación no comienza desde cero, porque cada persona está determinada causalmente por su cuerpo (herencia genética, bioquímica cerebral, etc.), el medio social en el cual se haya criado y sus experiencias pasadas. Pero esa determinación no es absoluta y en cierto grado cada persona puede moldear su carácter para mejorar sus futuras decisiones y relaciones humanas. Entonces es muy importante que cada persona aprenda a aceptar sus contradicciones, fluctuaciones y evolución de su ‘Yo’ en el transcurso de su vida. Esa es la única manera de entender que toda persona, cuando mira retrospectivamente lo que ha sido su vida, se sorprenda al ver la cantidad de errores cometidos…¡No era el mismo ‘Yo’!!!.

Sobre el tema de los errores cometidos durante la vida, es pertinente recordar al escritor checo Milan Kundera (nac. 1929) y su famosa novela: ‘La insoportable levedad del ser’ (publicada en 1984). En ella dice: “El hombre (…) vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores” (Primera Parte, Sección 3)…Más adelante en su novela dice: “Nuestra vida cotidiana es bombardeada por casualidades, más exactamente por encuentros casuales de personas y acontecimientos” (segunda Parte, ‘El alma y el cuerpo’, Sección 11).

Eso que dice Kundera es muy cierto, porque en cada momento de su vida una persona tiene que tomar decisiones y muchas veces es sumamente difícil tomar la decisión más acertada. En efecto, aunque nos propongamos objetivos muy loables, es posible que seamos vapuleados por sucesos casuales que nos desvían de nuestras intenciones originales, y lo más que podemos hacer es tratar de neutralizar los acontecimientos casuales negativos y aprovechar los que sean beneficiosos, sopesando siempre las posibles consecuencias de cada decisión que tomemos.

Precisamente, los grandes filósofos griegos consideraban que la  virtud que denominaban ‘fronesis’ (prudencia, sabiduría práctica) es sumamente importante en la vida humana. Por ejemplo el gran filósofo Aristóteles (384-322 A. de C.), en su obra: ‘Ética a Nicómaco’ dice: “Para comprender lo que es la prudencia, deberíamos primero estudiar el tipo de personas que llamamos prudentes. Parece adecuado para una persona prudente que sea capaz de deliberar de manera excelente sobre cosas que son buenas y beneficiosas para él mismo, no en alguna área restringida  – sobre el tipo de cosas que promueven la salud o la fuerza, por ejemplo – sino sobre el tipo de cosas que promueven vivir bien en general” (Libro VI, Capítulo 5, parágrafo 5: ‘prudencia’, 1140ª 25).

El tema de los cambios durante la vida debería ser enseñado en la educación formal institucionalizada de los jóvenes, para que todo joven comprenda que no siempre será joven y que tiene que aprender a ser lo más prudente posible en cada decisión que tome en su vida, aunque sea imposible prever todas las consecuencias de cada decisión o acto.

NOTAS: (1) Pag. 115 en George C. Williams (1997) ‘The Pony Fish’s Glow’. Basic Books (2) Pags. 52-56 en Julian Baggini and Antonia Mascaro (2012) ‘The Shrink and the Sage. A Guide to Living’. Icon Books

ernestorodri49@gmail.com

 

 

 

 

 

 

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