Informar sobre política en Venezuela hoy no es solo un reto profesional; es, para muchos, un acto que pone en riesgo la libertad y la integridad personal. En un ecosistema de medios profundamente fracturado, el silencio y la autocensura se han convertido en mecanismos de supervivencia ante una arquitectura “legal” y represiva que ha transformado el ejercicio periodístico en una actividad de alto riesgo.
Marco “legal” que criminaliza la opinión
La principal limitación de la cobertura política es el uso de leyes con definiciones ambiguas. La Ley contra el Odio, aprobada en 2017, sigue siendo la herramienta predilecta para silenciar voces críticas. Bajo esta normativa, cualquier reporte sobre irregularidades electorales o gestión pública puede ser interpretado como “incitación al odio”, acarreando penas de hasta 20 años de prisión.
La sombra del 2024 y la “Prisión Prolongada”
Luego de las elecciones presidenciales de julio de 2024, la represión contra la prensa alcanzó niveles históricos. Según organizaciones como Espacio Público e IPYS Venezuela, el patrón actual no es solo la detención, sino la judicialización sin sentencia. Aquí vemos tambien:
- Detenciones arbitrarias: Periodistas son retenidos por cubrir protestas o simplemente por su vinculación con medios independientes.
- Anulación de pasaportes: Una táctica de control que impide a los comunicadores salir del país, convirtiendo el territorio nacional en una “cárcel de facto”.
- Confiscación de equipos: El decomiso de teléfonos y cámaras no solo frena el trabajo, sino que expone las fuentes de información.
De la censura a la autocensura
La desaparición de más de centenares de estaciones de radio y un centenar de medios impresos en la última década ha dejado «desiertos informativos». Los pocos medios que sobreviven en señal abierta (radio y TV) operan bajo una vigilancia constante de los entes reguladores, lo que ha forzado a los periodistas a:
- Evitar adjetivos y opiniones: Los reportajes se limitan a hechos institucionales.
- Manejo de «temas permitidos»: Se priorizan noticias de servicios públicos, cultura o deportes, dejando el análisis político para el exilio o cuentas anónimas en redes sociales.
- Seguridad digital extrema: El uso de VPN y el borrado sistemático de mensajes en aplicaciones como Signal se han vuelto protocolos estándar para evitar ser incriminados en alcabalas o revisiones arbitrarias.
Consecuencias para el ciudadano
Este apagón informativo deja a la sociedad venezolana a merced de la desinformación y la propaganda oficial. Sin un periodismo que fiscalice el poder, la corrupción y los abusos quedan en la sombra, desvirtuando la función social de la prensa como pilar de la democracia.
Ver esta publicación en Instagram
¡Mantente informado! Síguenos en WhatsApp, Telegram, Instagram, TikTok, Facebook o X





