Lo ocurrido con Víctor Hugo Quero Navas trasciende la persecución política para adentrarse en el terreno de la deshumanización absoluta. El hecho de que las autoridades hayan permitido que una madre recorriera centros de detención, tribunales y morgues durante casi un año y medio, mientras el cuerpo de su hijo ya yacía sin vida bajo custodia estatal, es una herida abierta en el corazón de la justicia.
El silencio sepulcral
Mantener a una familia en la incertidumbre sobre la vida o muerte de un detenido es una violación flagrante a los protocolos internacionales, como la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas. Durante nueve meses… nueve meses, el Estado perpetró una mentira por omisión, sometiendo a sus allegados a un desgaste psicológico que es, en sí mismo, un crimen de lesa humanidad.
El deber ser
Un fallecimiento en custodia debe ser notificado de inmediato. La falta de transparencia sugiere que el Estado no solo es responsable de la detención, sino quizás de las causas mismas del deceso. No hay mayor sadismo que permitir que una madre alimente la esperanza de un reencuentro con alguien que el sistema ya ha dejado morir.
Un sistema que se devora a sus ciudadanos
Este caso deja de ser una opinión sobre “irregularidades” para convertirse en una denuncia de barbarie. Cuando un sistema penitenciario pierde la capacidad (o la voluntad) de informar sobre la muerte de un ser humano bajo su guardia, ha perdido toda legitimidad.
No se puede hablar de justicia cuando el Estado oculta cadáveres mientras los familiares siguen entregando oficios de petición de fe de vida.
Exigencia de responsabilidades
Este nivel de negligencia criminal no puede quedar impune. Es necesaria una investigación forense independiente, para determinar las causas reales de la muerte de este venezolano.
Deben haber sanciones a la cadena de mando: desde el director del recinto hasta los jueces que permitieron el silencio. Y debe haver reparación moral: aunque nada devuelve la vida, el Estado debe reconocer públicamente este atropello contra la familia Quero Navas.
La muerte de Víctor Hugo, ocultada a su madre por 9 meses, es la prueba definitiva de un sistema que no solo castiga el pensamiento, sino que – lamentablemente – desprecia la esencia misma de la vida y el duelo. A su madre todo nuestro consuelo por haver sido engañada por el mismo Estado que debió darle respuestas.
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