La añada de 2026 del PSG: menos presión, más eficacia

Marquinhos, al frente, junto a sus compañeros tras una victoria en esta edición de la Liga de Campeones. EFE/EPA/ADAM VAUGHAN

París, 26 may (EFE).- En su versión de 2025 el PSG asfixiaba a sus rivales con una presión alta, un dominio de todas las zonas del campo. En su añada de 2026 el equipo ha sabido adaptarse, presiona menos, defiende más y mejor y, sobre todo, ha encontrado una mayor eficacia de cara al gol que le ha conducido a la final de la Liga de Campeones.

Con el marchamo de campeón de Europa en su espalda el equipo ha sabido adaptarse a una nueva situación. Los rivales conocen su manera de jugar, pero Luis Enrique Martínez no se ha mostrado dogmático en sus principios y ha demostrado tener cintura para flexibilizar sus mandamientos.

Si el año pasado la posesión del balón era casi una obligación, esta campaña sigue siendo un objetivo, pero el PSG ha sabido jugar bien sin él, ante rivales como el Arsenal o el Bayern de Múnich que le han impuesto su propia medicina.

A falta de refrendar ese cambio en la final del próximo sábado en Budapest contra los ‘Gunners’, el proyecto de Luis Enrique ha mostrado que sigue siendo pertinente.

El entrenador ha sabido rotar a la plantilla, a veces de forma voluntaria y otras obligado por las lesiones, para llegar al final de campaña en su mejor versión, pese a la fatiga acumulada por un vestuario que tras ganar en mayo pasado la Liga de Campeones se embarcó casi sin descanso en el Mundial de clubes.

Ni la falta de reposo ni la ausencia de temporada han afectado al equipo, que invierte menos energía, pero que ha sabido optimizar sus recursos frente a los rivales más duros.

 

Soluciones en cada línea

En todas las líneas, Luis Enrique ha encontrado soluciones sólidas a los problemas y aunque las comparaciones con la pasada campaña son constantes, la clave está en la adaptación.

En el ruso Matvei Safonov ha encontrado una pieza sólida bajo los palos ante la salida de Gianluigi Donnarumma.

Si el aporte del meta puede aparecer como uno de los puntos débiles del equipo, la mayor solidez defensiva del bloque le deja menos expuesto al ataque rival.

La defensa es una copia de la pasada temporada, pero más resguardada. Achraf Hakimi, Marquinhos, William Pacho y Nuno Mendes emergen como una de las mejores defensas del año, una seña de identidad que no tenían el año pasado.

El centro del campo también cuenta casi con las mismas figuras, pero la forma de desplegarlas es más sólida. Fabián Ruiz ha estado muchas semanas lesionado, pero su puesto ha sido cubierto con mucha solvencia por Warren Zaïre-Emery. Vitinha y Joao Neves han vuelto a ser un pulmón para el equipo, la sala de máquinas de toda la estructura.

El ataque es la parte que más ha evolucionado. Ausente durante buena parte del curso, Dembélé ha demostrado una mayor eficacia que en la versión que el año pasado le condujo al Balón de Oro.

Kvicha Kvaratskhelia ha emergido como un jugador esencial, tanto por su aporte al esquema general como por sus zarpazos anotadores, sobre todo en Europa. El exjugador del Nápoles ha encajado en lo que busca Luis Enrique, luchadores de alta calidad.

Desiré Doué se ha consagrado como el gran jugador que empezó a apuntar el año pasado, desplazando del once habitual a Bradley Barcola.

Luis Miguel Pascual

 

 


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