Jugar poético en la vuelta a casa | Por: Clemente Scotto Domínguez

 

“¿Quién vendrá a llamar a la puerta? / Puerta abierta, se entra. / Puerta cerrada, un antro. /                                      El mundo llama del otro lado de mi puerta.” Pierre Albert-Birot

Hoy les propongo conversar un poco en torno a ese espacio que el griego llama oikós, y es palabra que designa casa, con el amplio sentido del lugar- espacio donde vivimos, habitamos, refugiamos, amasamos los sueños y donde los atrevemos para el encuentro con los otros a quienes miramos amigables e invitar al juego con la alegría de vivir. Son muchos esos Oikós, esas casas donde vivimos: el nosotros mismos, la vivienda, la calle, el barrio, el taller, la ciudad, la región, el país, el continente, el planeta o el cosmos; todas nos plantean retos e inquietudes en el reclamo de ser casas donde vivir y cada día más, donde cuidar de la vida en cada una de ellas.

El primer oikós-casa que nos convoca a des-cubrirlo es el mí mismo de cada uno, donde habitamos de manera permanente sin que, -en muchos casos-, hagamos reflexión y consciencia de su importancia y del estado de la atención que hacemos a su mejoramiento o deterioros. En artículos anteriores, hemos hecho algunas conversaciones sobre este asunto, cuando plurales crisis –también la pandemia con sus secuelas e incertidumbres-, nos provocan y convocan hacia un necesario cambio de mirada; cuando como individuos, como sociedad y como especie, hemos creado condiciones que amenazan la vida sobre el planeta tierra y de manera importante la vida de la familia humana, a la cual pertenecemos todos.

Esta vez el ejercicio se orienta hacia el des-cubrimiento de -sea la choza o la edificación de cal y canto donde moramos-, ese lugar que nos guarece de manera singular en las diferentes etapas de nuestra existencia y nos marca con su presencia memorial en cada una de ellas. “Esos espacios donde estuvimos solos, que proporcionan los marcos de un ensueño interminable, de un ensueño que sólo la poesía amasada podría realizar”, como lo expresa Gastón Bachelard en su grato libro “La poética del Espacio” (Breviario 183 del FCE, edición 1975), de donde tomo el texto del epígrafe que encabeza este artículo; y nos agrega: “En cada uno de nosotros existe una casa del recuerdo-sueño en las sombras que van más allá del pasado verdadero”.

Con encantado asombro de niños, entremos en el imaginario del ir jugando “en la vuelta a casa”, con nuestro sencillo y grácil orfebre Aquiles Nazoa, con el arriba nombrado Bachelard, un francés  de huellas en el arte de habitar; asimismo con el artesano rebosante de juegos con poesía  Pablo Neruda; también con ese nuestramericano universal Octavio Paz y por supuesto, con este Uno Mismo, quien por inquieto gusta del juego. Entrelazando reflexiones y decires, copiando del ingenio y la gracia de la palabra de ellos, intentaremos juntar piedras y maderas, envueltas en los barros y arcillas de los muros y techos, abrirle puertas y ventanas, para hacer caminos en el adentro y afuera de ese lugar esplendoroso, porque  “la casa es una cita de todas las canteras y los bosques de la tierra” como dice Octavio, a lo cual Uno Mismo le agrega “y de los sueños y pasiones de los que moran en ellas”.

El francés riposta, “La poesía tiene una felicidad que le es propia, sea cual fuere el drama que descubre”, por tanto hay que buscar con ella para “expresar ese enlace apasionado de nuestro cuerpo que no olvida la casa inolvidable”; Octavio en acento mexicano-francés le acompaña con la sentencia, “la poesía es el lenguaje de las revelaciones y de las revoluciones”. Recitando el “Credo” Aquiles se expresa “creo en el amor y el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable… creo en la poesía”; y a continuación, con amor respetuoso  y casi sacramental por “Las cosas más sencillas”, nos revela su Descubrimiento de la casa que comienza al decirnos “no hay de seguro entre las cosas inventadas, ninguna en que el hombre haya llegado a reflejarse tan exhaustivamente a sí mismo, como en esa réplica casi perfecta de nuestro equipo vital que es por definición, la casa”.

Entonces Aquiles con su gracia y fineza, nos hace des-cubrimiento de la casa por trece páginas, en una suerte de “petit tour de la maison” encantador, mostrando las semejanzas de sus componentes con el organismo humano hasta llegar al cierre, donde nos detiene para declararnos: “y así como igualó al hombre en los mecanismos íntimos de su cuerpo, le asemeja también en aquella dimensión del ser que ya no es posible localizar en concreciones viscerales; en lo que define al cuerpo como una fábrica de fluidos inefables que vagamente se llaman ensueño, imaginación, poesía. Para recordarnos que también en eso es humana, nos invita entonces la casa a contemplarla en el misterio de sus espejos. Es el espejo su víscera de función indefinible, su glándula secretora de la materia con la que se elaboran los fantasmas o de que se nutren las criaturas de la fábula, es el órgano que le confiere a sus limitados espacios la dimensión de infinito, la que transforma sus realidades en imagen  pura, la que le idealiza su mundo inmediato y le sugiere la existencia de otro cuyos habitantes son el silencio y la luz. ¡Quizá sea el espejo la memoria de la casa, o acaso sea su conciencia, o tal vez sea su alma misma!”.

Desde los bosques de la Araucaria que miran al Sur, de donde salió a inundar al mundo de juegos poéticos, el cumpleañero del 11 de julio  Pablo Neruda, con sus extendidas Odas Elementales le habla A la casa abandonada: “Casa, hasta luego ! / No / puedo decirte / cuándo / volveremos: / mañana o no mañana, / tarde o mucho más tarde. / … esta vez / yo quiero / decirte / cuánto / amamos / tu corazón de piedra: / qué generosa eres / con tu fuego / ferviente / en la cocina / y tu techo / en que cae / desgranada / la lluvia / como si resbalara / la música del cielo!”. Replico con un dicho venezolano de mi madre llanera “la casa que no se apuntala todos los días, se cae!”, a lo que Pablo riposta “Oscurecida / te quedas viviendo, / mientras / el tiempo te recorre / y la humedad gasta poco a poco tu alma. /…y cuando / llueve en la soledad / tal vez / una gotera /suena / con voz humana, / como si allí estuviera / alguien llorando”.

Estos tiempos que nos han invitado a la vuelta a casa y que algunos sienten como obligado confinamiento, tenemos que acercarnos a las emociones encontradas que ello nos suscita,  descubriendo el velo que la exigencia del trabajo por la vida activa nos fue cerrando; abrir el espacio poético de la casa donde nos ocurre el tiempo de vida, que en la atención a sus cuidados y sostén encontremos el encanto para dejar que la casa deje su marca inolvidable y abunde en la memoria… que los cuidados caseros se constituyan en actividad de libertad creadora, que nos levante en el fulgor de la conciencia. Gastón  reflexiona, “parece que la casa luminosa de cuidados se reconstruye desde el interior en el equilibrio íntimo de los muros y de los muebles. En eso las mujeres nos llevan una gran ventaja, ellas construyen la casa desde el interior, mientras los hombres parece que sólo sabemos construir la casa desde el exterior, poco conocemos de la civilización de la escoba, el trapo de limpiar y la cera revitalizadora de la madera de la cama donde reposamos y diseñamos mañanas”; es la maternidad de la casa “yo digo madre mía y pienso en ti ¡oh casa! / Casa de los bellos y oscuros estíos de mi infancia”. La casa luminosa de cuidados se reconstruye desde el interior, se renueva por el interior, al calor y color de la mesa donde nos alimentamos y re-pensamos.

De la relación con los bosques deriva el sueño infantil de hacer una casa en un árbol; Fruto Vivas, un arquitecto/niño o tal vez mejor, un niño/arquitecto, hizo un árbol para vivir con los nidos de los pájaros. A la casa sembrada en el bosque, éste se vuelve encantado al entrar por las puertas y ventanas; la casa seductora lo mira jugar con el sol durante el día y le escucha como enamorado que le canta serenatas en las noches, -de suspiros en las de luna llena, de misterios en luna nueva-; la casa se va haciendo humana con su luz, y mantiene un ojo abierto a la noche cuando duerme; cuando despierta se llena de humos con aromas; entonces la casa vive con nuestra vida y la vamos dotando como a un ser vivo.

Este sencillo juego “en la vuelta a casa”, es una invitación  desde andariegos pasos hacia una nueva mirada para habitar en la casa, ¡ …hay un mundo esperando al otro lado de la puerta !

Salir de la versión móvil