A la imperturbable indulgencia de mi hermano, Alfredo
In memoria
Podríasele comparar con el sol cuando, al decir del Salmista,
lanzase alegre como un gigante a recorrer su camino:
exsultat ut gigas percurrensviam.
J.M. Nuñez Ponte
PRELIMINAR
Estudiosos de la vida y obra del Dr. José Gregorio Hernández Cisneros (Isnotú, Trujillo, Venezuela, 1864 – Caracas, 1919) observan en su humanidad la práctica de la siguiente premisa del Papa Juan Pablo II: “La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad.”No en vano, desde hace décadas los venezolanos y, en especial, en Trujillo, circunscripción geográfica que alberga el lar natal del Dr. Hernández, el pequeño pueblo de Isnotú, son poblaciones en la que se le profesa honda fe. Es considerado el santo de todos, acompaña y protege cada hogar venezolano. Su ser de grandes virtudes, expresión grandiosa de civilidad se colma cuando es llamado el Médico de los Pobres. En este hacer de la vida del Dr. José Gregorio Hernández hay una línea de pensamiento y acción continua, en el mejor sentido ético de la filosofía aristotélica, se conduce por el camino del bien y, en el mejor sentido religioso, en perfecto diálogo con la vida de los santos del catolicismo.
La iglesia católica consolida progresivamente el camino de la santidad de José Gregorio, – expresión familiar para nombrarlo -. El papa Pío XII lo lleva a la causa de los Santos en el año de 1949, a propósito de la petición del arzobispo de Caracas, Monseñor Lucas Guillermo Castillo, en la que solicita la santificación del Dr. Hernández. Alcanza la categoría de Siervo de Dios por el Papa Paulo VI en el año de 1972 y es declarado Venerable por el Papa Juan Pablo II, por sus virtudes heroicas, en el año de 1986. Posteriormente, en el año 2020, el Papa Francisco autoriza la beatificación de Hernández. El día 30 de abril de 2021 se realiza la ceremonia de Beatificación del Médico de los Pobres, en la Iglesia La Salle de Caracas. Finalmente, el 25 de febrero de 2025, el Papa Francisco anuncia la tan anhelada santificación del Dr. José Gregorio Hernández. A la brevedad será anunciada la fecha de su canonización. El pueblo venezolano celebra la buena nueva como día histórico y de júbilo.
Las cualidades del Dr. Hernández como ciudadano ejemplar (médico, investigador, catedrático, creyente de Dios y filántropo como servidor fervoroso de su pueblo) lo convierten en héroe civil de todos los tiempos. Hombre formado en el hogar de una familia practicante de la religión católica; crece con sólidos principios para formarse en la carrera de medicina. Aunque haya intentado, en dos momentos de su vida, su retiro de la medicina para servirle solo a Dios, su destino lo lleva a ser reconocido con ardorosa pasión como médico santo, el apostolado de sus grandes virtudes.
A la par de su misión de servicio desarrolla la pasión investigativa, una de las facetas más interesantes en la vida del Dr. José Gregorio Hernández. Así lo demuestra al crear varias cátedras experimentales en la Universidad Central de Venezuela: de Histología Normal y Patológica, de Fisiología Experimental y Bacteriología y director del Laboratorio de Fisiología Experimental y Bacteriología de la Universidad Central. Miembro fundador y de número de la Academia de Medicina, entre tantos méritos. Su pasión por la investigación lo lleva a fortalecer cada vez más su apostolado de servicio a sus pacientes, a todo el que necesitara de su apoyo científico, espiritual y moral. Servir como médico, pero también como guía de sus pacientes y sus compatriotas, como él los llamaba.
JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ, DECHADO DE VIRTUDES
Numerosas son las virtudes que cultivó el Dr. José Gregorio Hernández a lo largo de su vida. En el marco de la liturgia de su Beatificación la Conferencia Episcopal Venezolana invitó a meditar en familia las nueve virtudes del Dr. José Gregorio Hernández. Tales virtudes fueron: 1) Fe en Dios; 2) Amor, a su familia y al pueblo venezolano; 3) El bien común; 4) Ciencia y bondad; 5) Honestidad, al asumir cargos de responsabilidad pública y privada, 6) Responsabilidad, era un hombre de palabra; 7) El trabajo como única fuente legítima de riqueza; 8) Humildad, sencillez y austeridad, en el ejercicio profesional y como científico y 9) Respeto a la dignidad de la persona humana. Sin embargo, su esencia de santidad viene de practicar las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad. (1 Cor 13, 1-13).
El Dr. Hernández fue políglota, tuvo formación en el canto, tocaba el piano, atraído por la música religiosa. Fiel creyente y practicante del catolicismo, a la par de su condición de investigador y científico. Fe y razón, serán ambas, prácticas inconmovibles en su vida como franciscano, agustiniano y seguidor de Santo Tomás.
Será la vida de José Gregorio Hernández la del católico practicante, manifestado en primera instancia, en el servicio de amor al prójimo, principio de bondad del cual se bifurcan el resto de sus espléndidas virtudes. Para el Dr. José Gregorio Hernández la oración tiene en su vida un sitial de honor perenne; practicada con mayor fervor a través del silencio místico, ambos se convierten en factores eficaces del bien. La oración y el silencio son los caminos transitados hacia la vida contemplativa. En estas máximas de su vida el Dr. Hernández obtiene las fuerzas para seguir adelante en el ejercicio de la fe, la esperanza y la caridad como esencia de su apostolado.
Y así sus obras fueron y serán reconocidas en todo el territorio nacional, motivo por el cual, al momento de su inesperada muerte, recibe los máximos elogios que pudieran proferirse a tan altísima humanidad. Algunas de las palabras del Dr. Miguel Jiménez Rivero dedicadas al Dr. José Gregorio Hernández y publicadas en El Universal el día de su entierro dicen: “Sí, verdaderamente franciscana fue su existencia e, igual que el POVERELLO, no hubo dolor sobre el cual no pusiera un ósculo de paz, ni laceración que no sedara con aquel incomparable caudal de belleza que entrañaba su sonrisa beatífica.” En su faceta de escritor del Dr. Hernández, escribe y publica su libro Elementos de Filosofía (1912) con la intención de compartir lo que él consideró la guía de su vida y de su inteligencia. Vale mucho detenerse a revisar este tratado de orientación filosófica, teológica y moral.
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