José Gregorio Hernández, Consideraciones Interpretativas entre La Historia y La Ficción III | Por: Libertad León González

Por: Libertad León González

  

IV JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ Y RAFAEL RANGEL, LECCIONES DE VIDA

 

Una sola cosa he pedido al Señor, esta solicitaré;

Y es que yo pueda vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida.

Salmo 27,4

El cumplimiento del deber consiste

en la forma de la seria voluntad,

no en las causas mediadoras del buen éxito.

Emmanuel Kant

Plantearse la lectura de la novela Dos vidas, Rafael Rangel y José Gregorio Hernández (2013) de Víctor Bravo, como propuesta de novela histórica, sustentada en dos personajes históricos que trazaron sus vidas en direcciones, circunstancialmente marcadas por encuentros, quizás inevitables, es un grato recorrido hacia un imaginario como reinvención de ese pasado, con influencias sociales y familiares que definieron sus vidas. Quizás la mayor coincidencia entre ambos haya sido el destino de la muerte anticipada, buscada y accidental.

Con un tono discursivo íntimo, que conduce al lector hacia la reflexividad del ser-en-el-mundo heideggeriano, la novela de Víctor Bravo, expresa la evolución de las vidas de Rafael Rangel y José Gregorio Hernández como un viaje al interior del humano ser. Cada capítulo es la expresión de una voz, un argumento, una experiencia, una cercanía de las personas más influyentes en la vida de ambos personajes para la configuración de dos vidas ejemplares, con profundas contradicciones, entre la fe y la razón.

En Rafael Rangel la vida es una continua superación de avatares, marcado socialmente por ser hijo bastardo y de color, aunque de finos rasgos en su fisonomía. Sorteó cada obstáculo para ir en busca de sus sueños, buscando la orientación de José Gregorio Hernández. Decide irse a Caracas, estudiar medicina, aunque no se graduó; hacerse investigador, triunfar.

A José Gregorio Hernández, en cambio, la vida siempre le ofrecerá oportunidades. Nacido en el seno de una familia digna, trabajadora y fervientemente creyente en Dios como hogar de tradición católica.

Será la voz de Santos Dominici, quien mejor describe en la novela de Bravo la naturaleza solitaria, una constante en ambos personajes: “El uno, intentando salir de sí hacia una fe desbordada que negaba su propia vida; el otro, precipitándose en el interior de sí mismo, desamparado, profundamente herido.”[1]

La Venezuela de mediados del siglo XIX y principios del siglo XX, etapa de controversias políticas y de grandes problemas de salud pública, con un alto índice de muertes a causa de la desnutrición, enfermedades y epidemias, tendrá progresivos cambios en materia de descubrimientos científicos gracias a la contribución de ambos personajes y de otros tantos, pertenecientes a sus generaciones.

La evolución que Rafael Rangel tuvo como científico al lado de José Gregorio Hernández, Aníbal Santos Dominici, Luis Razetti y otros, no bastó para que llevara un equívoco resentimiento hacia su maestro admirado, José Gregorio Hernández: “Gregorio siempre me trata con toda la indiferencia”, “por eso yo iba acumulando rabia contra él”[2]. Las palabras de su esposa Ana Luisa, solo sabían escuchar tristezas, rabias y resentimientos de su querido Rangel.

Ambos personajes de pensamientos brillantes, con visiones de vida diferente, servidores ilustres de una sociedad, definirán sus destinos. Rafael Rangel sin recursos para lidiar con sus tormentos, lastimosamente, decide el suicidio. José Gregorio Hernández con probadas virtudes morales, buscará hacer el bien y servir plenamente a Dios. La novela de Bravo es una propuesta hacia el reconocimiento lábil y trascendente del ser.

 

La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía.

San Pablo, I Corintios 13

 

El tránsito progresivo del personaje José Gregorio Hernández hacia una vida virtuosa y de santidad, en la novela de Víctor Bravo, inspira, desde el comienzo, un profundo misticismo. Desde muy joven su padre veía en su hijo el apego a las enseñanzas del espíritu: “y nadie como mi José Gregorio quien parecía había heredado el ámbito sagrado de su madre”[3]. La práctica constante de la oración no redimía las angustias interiores de su alma, por eso pronunciaba: “Yo preferiría morir a seguir viviendo.”[4]

Su vida de entrega a Dios, en la ayuda a los pobres, en la oración, en el amor desmedido a su familia, a la docencia, a la investigación y en la búsqueda de su más caro anhelo, al servicio de Dios, convirtiéndose a la vida monacal, es una continua demostración como hombre de fe, con principios que siguen una ley moral, tal y como nos lo expresa Emmanuel Kant: “La fe es el modo de pensar moral de la razón en el asentimiento a aquello que es inaccesible para el conocimiento teórico.”[5]

El personaje José Gregorio Hernández al no poder entregarse a esa vida monacal, en dos ocasiones de su existencia, comienza un camino de encuentro con Dios. En palabras de Víctor Bravo: “la experiencia mística de separación con el mundo (…) hacia la promesa de trascendencia.”[6].

Y en este tránsito de tormento sea posible vincularlo a la “Noche oscura” de San Juan de la Cruz. El médico de los pobres busca el fin último de la divina unión con Dios y la noche como tránsito del alma.

Para alcanzar esta unión, el hombre que se debate entre la realidad y la fe, primero pasa por el desapego de las cosas del mundo, San Juan de la Cruz lo llama carecer del apetito de todas las cosas del mundo. El segundo momento de esa noche, será: el medio o camino por donde ha de ir el alma que es la fe,[7] la única capaz de conducir el alma al encuentro con Dios. De allí que José Gregorio Hernández estaba convencido “que una vida que aspira a la ascensión es una travesía llena de dolor”[8]. Por eso se entrega con mayor convencimiento a ejercer la medicina como forma y acción de hacer el bien, con amor y caridad a los más necesitados.

El personaje acepta los planes de Dios que lo desviaron de su servicio monacal a cambio de la ayuda al prójimo. La muerte repentina, punto de extremo de la fragilidad en la vida de José Gregorio Hernández, sea, con certeza, el comienzo de un camino de reconocimiento de sus virtudes hacia la santidad. En el momento del accidente que le quita la vida, el narrador dirá del personaje en la novela de Víctor Bravo: “no se supo digno del más grande y duro de los destinos, el de la consagración a Dios y al Bien, pero su corazón alcanzó la paz pues tuvo la certeza de que ahora iniciaría un nuevo camino.”[9]

El camino hacia la trascendencia del personaje, en la novela de Víctor Bravo, se expresa en términos poéticos, como hálito perdurable: “Esa tarde de pronto se puso gris, y manchó con su color de la tristeza la vida de la ciudad y los rostros desconcertados de la gente.”[10]

Puede considerarse, igualmente, el día de la muerte de José Gregorio Hernández, aquel 29 de junio de 1919, como un evento significativo en el que culmina su vida de entrega a Dios y al mismo tiempo, el inicio del reconocimiento de sus fieles creyente y de la Iglesia católica, sobre su camino de santidad. Su muerte coincide con la celebración cristiana del día de San Pedro y San Pablo. La misma fecha que marcó en la vida de San Agustín en el año 411, diez meses después del saqueo de la ciudad de Roma, un discurso memorable ante los habitantes de esa ciudad devastada. Las palabras que inspiran al santo de Hipona serán tomadas de la Carta del mismo San Pablo a los Romanos. Dice entonces San Agustín:

Está escrito que los sufrimientos de este tiempo no pueden compararse con la gloria por venir que ha de revelarse en nosotros (…) la ligera carga de la tribulación temporal nos depara un precio grande sobre toda ponderación de gloria eterna; porque lo que vemos es temporal y lo que no vemos es eterno.[11]

 

Preciso entonces significar en las palabras de San Agustín, la análoga presencia de lo que fue la vida del beato y el sentido espiritual que toma su vida, precisamente, a partir del momento de su muerte.

 

Lo más aborrecido por los hombres,

Es la orfandad, la falta de virtud, la indignidad

Lao-Tsé(Lao-zi)

 

¿Cómo puede haber culpa sin haberse cometido pecado? Y si la absolución de la culpa está en el perdón, ¿cómo se perdona a sí mismo el incrédulo o el cristiano que se culpa, creyéndose responsable de lo inevitable? ¿Otra forma de autoflagelación? Sin duda que el tema de la culpa y el perdón están presente en la vida de ambos personajes en la novela de Víctor Bravo, Dos vidas, Rafael Rangel y José Gregorio Hernández.

En la novela de Bravo, la vida virtuosa de José Gregorio Hernández tiene en la culpa, heredada de su madre, su punto lábil. Se siente inmerecido de vivir por creerse culpable de la muerte de su primera hermana, por sentir haber estado ausente en la muerte de su padre y de algunos de sus hermanos, mientras él se encontraba en Europa, cumpliendo con su abnegado deseo de formarse como médico y científico o por intentar entregarse a la vida monástica.

Madre e hijo, ambos cargan con la culpa. Josefa Antonia Cisneros, a pesar de ser madre y mujer, sacrificada y virtuosa, tiene en su hijo, José Gregorio Hernández, la mejor versión de sí misma, expresión de una vida de entrega y servicio. Veamos estas contradicciones del ser en quienes su historia personal y social fue ejemplar, planteadas en la novela de Bravo.

La madre de José Gregorio Hernández, mujer de indudables virtudes, también ve su inmerecida existencia a partir de varios momentos trágicos de su vida. La presencia abusiva de los desmanes del ejército de Zamora provoca la muerte de su mamá, quien se sacrifica para que Josefa pudiera huir, con su prometido, Benigno Hernández, y dos de sus criadas con el propósito de escapar del “más sanguinario de sus hombres, Martín Espinoza,”[12].

Luego, vendrá la muerte de una de sus criadas, María, contagiada, muy probablemente, de peste bubónica. Al casarse con Benigno también se sentirá culpable, nace una niña, María Isolina, envés de un varón.

José Gregorio Hernández llevará la culpa como carga, heredada de su madre. La culpa, el arrepentimiento, la expiación de los pecados, los cilicios, son cargas y alivio del cristiano, confeso y comprometido con la fe y el servicio a Dios. En las recurrentes frases del personaje José Gregorio Hernández: “Yo soy culpable,… Yo no soy digno de Dios,…” busca el perdón de Dios como cristiano atormentado.

La vida, en este sentido, es asumida como tránsito y camino a Dios. Se encontrará, de acuerdo a la filosofía de la religión, el sentido de la vida en dos respuestas[13] que el ser humano se plantea: 1) la existencia religada a un poder superior y 2) la respuesta laica, puesta, ante todo, por la bondad humana. Es decir, el sentido de la vida está en servirle a Dios y procurar llevar una vida de bondad. El argumento moral prevalecerá como filosofía del ser en la novela de Víctor Bravo.

El argumento moral como cuarto argumento de la existencia de Dios, ofrecido por Kant, afirma que: “la existencia universal de un sentido de lo justo y lo malo sugiere una fuente moral personal última de ambos.”[14]. En este sentido, la vida de José Gregorio Hernández, fundamentada en la ética cristiana, se coloca en el camino de la moral, de la creencia en Dios y al servicio de los pobres y marginados.

En cuanto al personaje Rafael Rangel, la culpa está presente en los otros. En quienes de niño lo consideraban inferior por ser un hijo bastardo, en el padre por no atenderlo y acompañarlo como a un hijo legítimo, en José Gregorio Hernández. Rangel no pudo traducir en el silencio la presencia protectora de su maestro. Y al contrario de lo que propone Yankélévitch, no se produce el perdón en el personaje de Bravo, el perdón a favor de quienes para él, le hicieron daño, el perdón como locura, sin justificación y sin moral. En palabras del filósofo: “El perdón perdona lo inexcusable y lo imperdonable que está al límite de lo inexcusable, de forma absurda, supernatural e injusta.”[15]

Igualmente, tal y como el mismo Víctor Bravo plantea en su último libro, El hombre inclinado. Viaje del pensamiento y drama del sentido: “el suicidio se opone a los imaginarios culturales de la trascendencia.”[16] Rafael Rangel niega, desde su confusa visión de sí mismo y del mundo, la importancia que tuvo su existencia. Su negación, tanto como su soledad, fueron absolutas.

A partir de un sustrato histórico, reconocemos en la novela de Víctor Bravo, la preeminencia de un discurso narrativo que desde su poeticidad, en tanto, expresión de su lingüisticidad, muestra la condición lábil y reflexiva de los personajes ante las preguntas de la vida. La búsqueda del bien como principio ético del fin en la conducta humana y que tiene en la frase de Santo Tomás: “Dios es el último fin del hombre” uno de sus asideros. Así, también la muerte, acompañada por el tormento, el primero de los males en la concepción ética de Hobbes, para una doctrina ética como móvil, y en la que la muerte se concibe como bien, complementa el sentido de salvación en la propuesta estética del texto.

 


[1] Bravo, Víctor (2013). Dos vidas, Rafael Rangel y José Gregorio Hernández, 2013), p.51.

[2]  Ibíd., pp.72- 73.

[3]  Ibíd., p.26.

[4] Ibíd., p.36.

[5] Kant, Emmanuel. (2006). Crítica de la facultad de juzgar, p.470.

[6] Bravo, Víctor (2021). Óp. cit., p.28

[7] Las frases tomadas de San Juan de la Cruz corresponden al capítulo 2 de su obra Subida al Monte Carmelo. En: San Juan de la Cruz. (2004). Obras completas, p.6. Una de las formas como se expresa San Juan de La Cruz para encontrar el merecimiento y causa de grandes virtudes, dice: “no andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino lo peor; y desear entrar en toda desnudez y vacío y pobreza por Cristo de todo cuanto hay en el mundo.” (Ibíd., p.29).

[8] Bravo, Víctor, (2013). Óp. cit., p.84.

[9] Ibíd., p.140.

[10] Ibíd., p.141.

[11] San Agustín (2004). La Ciudad de Dios, p. XI.

[12] Bravo, Víctor, (2013). Óp. cit., p.15.

[13] Jean Grondin en su libro Filosofía de la religión (2010) se expresa sobre estas respuestas sobre el sentido de la vida, pp.14-15 de la Introducción. Consideramos que todo ser virtuoso puede encontrar en las dos primeras respuestas la más apropiada vía de asumir la vida.

[14] Diccionario Religiones y Creencias, (1997), p.233.

[15] Zulaika, Joseba (2006). Diccionario de la Existencia, p.454.

[16] Bravo, Víctor (2021), Óp. cit., p.205.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salir de la versión móvil