Los Ángeles (EE.UU.), 4 jun (EFE).- La selección de Irán encara un Mundial histórico ante el doble desafío de competir en el suelo de su mayor rival geopolítico en plena guerra, mientras busca que su identidad deportiva se sobreponga a las severas sanciones que amenazaron con frustrar su presencia en el torneo.
La selección iraní llega a esta cita deportiva bajo presión tanto fuera como dentro del terreno de juego. A pesar de que las apuestas lo sitúan peleando palmo a palmo por el segundo puesto en el grupo, en el que compite junto a Egipto, Bélgica y Nueva Zelanda, el reto del conocido como ‘Team Melli’ será transformar el escepticismo en una clasificación histórica.
El camino a llegar a EE.UU. avanza contra reloj mientras la selección gestiona de manera prioritaria los visados de sus futbolistas durante su concentración en Antalya (Turquía). Este trámite administrativo ha requerido un esfuerzo añadido por parte de la federación iraní, y que contribuyen a que el equipo parta con desventaja para cumplir con los exhaustivos protocolos migratorios exigidos por Washington más que ninguna otra selección.
Una vez superadas las trabas burocráticas y tras descartar el campamento base de Tucson, en el estado de Arizona, Irán tendrá como cuartel general Tijuana (México) para, desde allí, desplazarse a disputar sus compromisos con el Grupo G, que arrancarán el 15 de junio en el estadio SoFi de Los Ángeles frente a Nueva Zelanda.
En el plano deportivo, el conjunto dirigido por Amir Ghalenoei, buscará concentrarse en el juego y apelar al talento goleador de Mehdi Taremi, delantero en el Olympiacos de Grecia, o en la veteranía del guardameta Alireza Beiranvand para avanzar en un grupo donde Bélgica parte como clara favorita y Egipto será el rival directo en la lucha por el billete a la gloria.
Bélgica, la favorita del grupo
La selección belga afronta este Mundial con la chapa indiscutible de liderar el grupo, aunque inmersa en un profundo proceso de relevo generacional.
Tras el sabor amargo que dejó el pasado Mundial de Qatar, en el que se despidieron de manera prematura en la fase de grupos, Bélgica, que transita entre la época dorada y el peso de los jóvenes, intentará consolidar un proyecto renovado bajo las órdenes del francés Rudi García.
El combinado europeo se apoyará en la jerarquía de Kevin De Bruyne, encargado de mover los hilos del mediocampo, y en la seguridad bajo los tres palos del portero del Real Madrid, Thibaut Courtois; así como en la contundencia de Romelu Lukaku en el área rival.
Para Bélgica, el liderato del grupo no es solo un objetivo, sino una obligación para evitar un cruce prematuro con los gigantes del torneo en la fase de eliminación.
Egipto, el regreso del faraón Salah
Si los pronósticos se cumplen y Bélgica impone su favoritismo, la segunda plaza se convertirá en una batalla de supervivencia entre Irán y Egipto.
Ausentes en la edición de 2022, tras perder una dolorosa eliminatoria contra Senegal en una tanda de penales marcada por la polémica de los láseres en el rostro de los jugadores, los ‘faraones’ regresan al Mundial con sed de revancha bajo el liderazgo incombustible de Mohamed Salah.
Tras ser estrella del Liverpool y segundo máximo goleador histórico del país afronta su segundo Mundial con la máxima responsabilidad sobre sus hombros: liderar a un vestuario que ansía emular la época dorada de los años 2000, cuando leyendas como Mohamed Aboutrika o Ahmed Hassan dominaron África con puño de hierro.
Nueva Zelanda, el rugido de los ‘All Whites’
El grupo G se completa con Nueva Zelanda, representante de la Confederación de Oceanía. Sobre el papel, los apodados como ‘All Whites’ parten con menos opciones de avanzar a la siguiente fase, lo que los convierte en un factor impredecible para el desenlace del cuadrante.
Tras haberse quedado a las puertas de la clasificación en las últimas repescas intercontinentales, el equipo del inglés Darren Bazeley regresa a la Copa del Mundo con una propuesta futbolística rediseñada, aunque va a necesitar algo más que el olfato de Chris Wood, delantero en el Nottingham Forest F. C y estrella de la nación. Su gran atractivo ahora mismo es Tim Payne, el ‘desconocido’ defensa al que un reto viral lanzado desde argentina ha convertido en una celebridad.
La selección neozelandesa ostenta un récord histórico muy particular en los Mundiales: en la edición de Sudáfrica 2010, fue el único equipo que terminó el torneo invicto tras empatar sus tres partidos de la fase de grupos, superando en consistencia defensiva incluso a la campeona España, que perdió el partido debut.
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