¿Intuición o Espejismo? El Arte de Decidir en Entornos Perversos | Por: José Luis Colmenares Carías

 

Cerramos enero de 2026 con una pregunta que toca la fibra de nuestro patrimonio: ¿De dónde viene esa «corazonada» que nos hace invertir, comprar o vender? Muchas veces creemos que el éxito financiero depende solo de nuestras capacidades, sin notar que a veces somos prisioneros del «clima» en el sistema donde tomamos decisiones.

Para entender este fenómeno, acudimos a Robin Hogarth, psicólogo que ha estudiado cómo aprendemos a decidir. Hogarth nos entrega una distinción vital para no naufragar en juicios propios: la diferencia entre entornos «Amigables» y «Perversos». Nuestra intuición no nace de la nada; es un músculo entrenado por la experiencia. Sin embargo, no todas las experiencias nos permiten ver la fenomenología de lo que ocurre con claridad. Muchas veces, nuestra interpretación está distorsionada por juicios no validados y sesgos que no han sido contrastados con la realidad. Así, lo que creemos una «lección aprendida» es, en realidad, una distorsión que depende de qué tan «limpio» sea el entorno donde operamos.

Las reglas de un mundo que ya no existe

En el Entorno Amigable (Kind), las reglas son claras y el resultado es inmediato. Como aprender tenis o programar código: si golpeas mal la pelota o escribes mal una línea de comando, el error salta a la vista al instante. Aquí el feedback (la respuesta del entorno) es pedagógico, transparente y con poco «ruido»; es decir, sin desviaciones que oculten la información real.

En este escenario, la intuición es una brújula confiable: si ahorras, acumulas; si inviertes con método, creces. Esta era la dinámica del siglo pasado, un mundo lineal, controlable, donde podías hacer carrera de largo plazo y las crisis eran excepciones. Era un sistema dinámicamente «limpio», donde la vida era organizada y prácticamente predecible.

El riesgo de aprender la lección equivocada

Pero ese mundo ha dado paso al Entorno Perverso (Wicked), donde habitamos hoy. Nos movemos en economías volátiles, con cambios arancelarios súbitos, tasas de interés inesperadas e inflaciones que devoran presupuestos. En medio de noticias cargadas de opacidad, las señales son engañosas y el entorno puede darnos información falsa sobre nuestro propio talento.

Aquí ocurre un fenómeno curioso: puedes tomar una decisión financiera técnicamente pésima por un impulso emocional y, por un giro del mercado, ganar dinero. Esto suele confundir al emprendedor, quien piensa: «Al final fue una apuesta y gané, mi instinto funciona». Pero el sistema solo lo ha premiado por un error. Como el comerciante que compró sin planificación y se salvó solo porque una huelga agotó a la competencia. No ganó por eficiente, ganó por azar, pero su cerebro registra una lección peligrosa: «Mi impulsividad es mi mejor estrategia». El peligro no es la decisión, sino la lección equivocada que se aloja en nuestra mente.

Del cálculo frío a la complejidad humana

Esta transición nos obliga a entender que ya no estamos en el viejo modelo de Taylor, donde el mundo era controlable. En el Modelo Emergente de Complejidad Sistémica, el trabajo se divide entre lo rutinario y lo creativo. Decidir hoy requiere tarea individual, coordinación y un trabajo reflexivo de aprendizaje. El decisor ya no es una máquina fría (Homo economicus); hoy somos observadores interconectados con nuestras emociones y nuestro lenguaje.

En el entorno perverso, el dinero y la emoción se mezclan delicadamente. Las emociones no son malas; son impulsos biológicos necesarios para la acción. El problema surge cuando el «ruido» del sistema distorsiona la intuición y la fenomenología del negocio. Bajo esta presión, nuestra relación con el dinero se tiende a distorsionar, convirtiéndose en un objeto de alivio de ansiedad.

Cuando el feedback es lento o contradictorio, puedes hacer todo bien y aun así enfrentar un resultado negativo por factores ajenos. Esta frustración nos «descalibra» y nos deja anclados en miedos pasados, movidos por patrones limitantes e inevitables proyecciones sobre el sistema que nublan nuestra capacidad de ver lo que realmente está pasando. Lo que llamamos «instinto» termina siendo un mecanismo de defensa poco resiliente ante un sistema que nos ha golpeado sistemáticamente.

Higiene mental para la nueva gerencia

Frente a esto, la Nueva Gerencia exige una higiene mental específica para navegar en la incertidumbre de ciudades como Caracas, Bogotá, Ciudad de México o Buenos Aires:

Cerrar enero con Hogarth es una invitación a la soberanía mental. Debemos ser cautelosos con la «intuición», pues a veces es solo un sesgo generado por el miedo o el eco de un patrón aprendido que ya no sirve. No toda corazonada es una intuición válida; a veces es solo la intención distorsionada por el entorno.

Fuente: https://laimagendeldinero.wordpress.com/2026/01/25/intuicion-o-espejismo-el-arte-de-decidir-en-entornos-perversos/

 

 

 

 

 

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