Por: José Luis Colmenares Carías
Existe una peligrosa ilusión que consuela al pensamiento financiero tradicional: la creencia de que el futuro no es más que una prolongación lineal del presente. A finales de año, familias, comercios y empresas se someten al ritual de proyectar variables, inflaciones y costos como si el mañana fuera una carretera recta y despejada. Sin embargo, la realidad económica venezolana —marcada este año por profundas contradicciones entre un repunte petrolero y la fragilidad cambiaria— se empeña en recordarnos su verdadera naturaleza: no es un mapa estático, sino un mar en continua marejada donde las previsiones “historicistas” naufragan ante la primera ola de incertidumbre.
Para transitar este mar en marejada sin naufragar en el intento, esta serie de seis entregas propone adentrarnos en las herramientas fundamentales de la prospectiva estratégica y las complejas relaciones humanas y funcionales con el dinero. En este primer artículo abordaremos el punto de partida indispensable. En un relevante estudio publicado por el British Actuarial Journal sobre la gestión de la incertidumbre en la toma de decisiones, un grupo de expertos del Institute and Faculty of Actuaries (IFoA) planteó un primer principio categórico pero profundamente esclarecedor: afrontar la incertidumbre (Face up to uncertainty). A primera vista parece una verdad de perogrullo, pero en la práctica humana es la frontera exacta que separa la parálisis del diseño estratégico. Asumir este principio no es un acto de resignación, sino el primer paso indispensable para liberar al sujeto de la negación y devolverle el timón de su autonomía financiera.
Afrontar la incertidumbre es un acto de alta madurez estratégica: consiste en sustituir la ilusión por la capacidad de respuesta, aprendiendo a movernos con lucidez en un escenario por escribir, con los pies firmes en la tierra y la energía puesta en la prospectiva.
El mito del «control» en la economía personal
En la psicología del dinero y en nuestra relación cotidiana con los recursos, la resistencia a aceptar la incertidumbre suele manifestarse en dos extremos igualmente desgastantes: por un lado, la negación ansiosa, que prefiere ignorar la fragilidad del entorno confiando en que «todo seguirá igual», dejándonos completamente expuestos ante la primera sacudida; por el otro, la parálisis por hiperanálisis, esa ilusión de que si reunimos un dato más, si leemos una proyección adicional o si estiramos el cálculo una vez más, lograremos exorcizar el riesgo antes de dar el primer paso.
Ambas respuestas, lejos de ser errores, son intentos humanos por encontrar certidumbre en medio del cambio. Es allí donde una visión amplia de la educación financiera revela su mayor valor: no como una receta estática, sino como un proceso de acompañamiento para transformar nuestra postura interna ante lo desconocido. Cuando un hogar, un emprendedor o un empresario abraza con madurez el horizonte de 2027, reconociendo la presencia de variables fuera de su control, la gestión estratégica y su operacionalización se pueden elevar de nivel. El presupuesto deja de ser un ejercicio defensivo para convertirse en un instrumento dinámico de navegación, flexibilidad y de autonomía personal.
La mirada prospectiva: Anticipación y lucidez al servicio de la acción
La prospectiva invita a levantar la mirada para construir escenarios de viabilidad humana y financiera, transformando la anticipación en una fuerza para la acción presente. Aceptar la incertidumbre no es rendirse al caos ni adoptar un fatalismo pasivo; al contrario, es un acto de profunda sobriedad estratégica. Nos permite asentarnos en la realidad y preguntarnos con lucidez: si las condiciones del entorno cambian drásticamente mañana, ¿con qué capacidades, recursos y márgenes de maniobra contamos hoy para responder?
Al cerrar este año y mirar hacia el horizonte de 2027, la primera gran decisión financiera no es qué activo comprar o qué gasto recortar, sino desmontar la ilusión de certeza. Aceptar la incertidumbre es el suelo firme sobre el cual se puede edificar una gobernanza familiar y un patrimonio resiliente.
En la próxima entrega abordaremos el siguiente paso de este recorrido: cómo descomponer las crisis para transitar la ansiedad financiera y recuperar el margen de maniobra en nuestras decisiones.
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