Bogotá, 13 feb (EFE).- La reforma de la ley de hidrocarburos en Venezuela ha creado expectativas en Colombia sobre una posible participación de la petrolera estatal Ecopetrol en la reconstrucción del sector, pero la oportunidad para el país está en la importación de gas, afirma el experto Sergio Cabrales.
«Creo que hay diferentes intereses y la batuta la tiene Estados Unidos con empresas como Chevron, Exxon o ConocoPhillips que tienen la preferencia del Gobierno americano y el músculo para eso», señala Cabrales, profesor de la Universidad de los Andes y uno de los mayores conocedores del sector minero-energético regional, en una entrevista con EFE.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, dijo el pasado 3 de febrero que en la reunión de ese día en la Casa Blanca con su homólogo estadounidense, Donald Trump, le planteó la posibilidad de que Ecopetrol participe en la reactivación económica de Venezuela.
Cabrales tampoco ve viable desde el punto de vista técnico que su país refine crudo venezolano porque en ese campo «la capacidad de Colombia ya está al tope» en sus dos refinerías, la de Barrancabermeja, en el centro del país, y la de Cartagena, en el norte.

«A Cartagena se puede traer crudo de Venezuela pero poco; nuestra capacidad de refinación es relativamente pequeña, de unos 450.000 barriles diarios», explica, y agrega: «El que tiene capacidad de refinación es Estados Unidos, de 18 ó 19 millones de barriles al día».
Sin embargo, Cabrales considera que la gran posibilidad para Colombia está en la importación a medio plazo de gas de Venezuela con el fin de suplir la demanda interna ante la preocupante caída de las reservas, que alcanzan para cerca de seis años más.
«Llevamos 12 años de caída de las reservas, han bajado un 64 % porque estamos consumiéndolas todos los años. Solamente un año, en 2021, las repusimos, pero de resto la adición de reservas ha sido inferior al consumo», explica.
Los problemas del gasoducto
Cabrales subraya que aunque Venezuela tiene gas de sobra para atender a Colombia, la tarea tampoco es tan fácil como lo plantea Petro, quien el miércoles dijo en un discurso: «Vamos a traer gas venezolano muchísimo más barato», sin dar detalles.
La razón es que el Gasoducto Transcaribeño Antonio Ricaurte, construido por los dos países en 2007, durante los Gobiernos de Álvaro Uribe y Hugo Chávez, «hace 10 años no se utiliza, está parcialmente desmantelado y las estaciones y toda la infraestructura están en bastante mal estado».
Ese gasoducto, de 224 kilómetros de longitud, surgió de un acuerdo, «inicialmente para exportar gas de Colombia a Venezuela durante cuatro años», con el fin de abastecer la ciudad de Maracaibo mientras se desarrollaban infraestructuras internas, y luego se invertiría el flujo, pero el plan se interrumpió años después.
«Colombia exportó gas a Venezuela, es el único momento en que Colombia ha exportado gas. Y el negocio era que después Venezuela nos iba a vender en cifras actuales entre un 15 y un 20 % de los requerimientos que tenemos de gas, pero nunca nos vendieron el gas, nunca cumplieron su parte del negocio», afirma.
Según el experto, por el abandono del lado venezolano «en este momento técnicamente no hay forma de operar» el gasoducto.
«Del lado colombiano, que son como 88 kilómetros, se necesita al menos un año de reparaciones para ponerlo a punto. Del lado venezolano, que pueden ser cerca de 140 kilómetros desde la frontera hasta Maracaibo, se necesitaría más tiempo de reparaciones, de reconstrucción de la tubería», agrega.
Adicionalmente, «en Maracaibo no hay gas» porque los yacimientos de Venezuela están costa afuera en Campo Perla, a 50 kilómetros del continente, y ese gas «lo utilizan solamente para las térmicas» de ese país, pero para exportarlo a Colombia «habría que bajarlo antes a Maracaibo».
Campo Perla, operado por la española Repsol y la italiana ENI en sociedad con la venezolana Pdvsa, «tiene reservas de 16 terapiés cúbicos», lo que equivale a «2,5 veces las reservas de Sirius-2 (seis terapiés cúbicos)», el mayor yacimiento gasífero de Colombia, también costa afuera y explorado por Ecopetrol y la brasileña Petrobras, que se espera que comience a producir en 2030.






