HISTORIAS DE VIDA | Casa de “Guerra a Muerte” y su significado para la trujillanidad

 

 

Elvins Humberto Gnzález

Elvins5050@gmail.com

“A las cinco de la mañana del 15 de junio de 1813, en presencia solamente de su Secretario y de los más allegados oficiales de su guardia personal, a la luz del despuntar de la aurora, saltó de la hamaca donde nerviosamente se mecía y estampó su firma en el documento que dio comienzo a una gesta cruel y Heroica que culminó con la Independencia de América”

Así relata el Historiador Marcos Rubén Carrillo en su libro «La Casa de la Guerra  a Muerte» el Histórico momento cuando el Libertador Simón Bolívar firmara el trascendental documento hace 209 años de esa Hazaña patriótica.

La casa donde Bolívar firmó esta Proclama, o Decreto de  “Guerra  a Muerte” fue donde funcionó por más de 50 años; la Casa de Historia en la avenida Independencia de Trujillo.

El Padre Libertador se había hospedado dos días antes, es decir el 13 de junio, en la casa de la Hacienda Carmania, propiedad del Pbro. Francisco Antonio Rosario, uno de los grandes próceres trujillanos, nacido en el año de 1761, fogoso, y elocuente orador patriota, generoso contribuyente a la causa de la Libertad, capellán del ejército y gran amigo de Bolívar, señala Marcos Rubén Carrillo en su libro antes citado.

«El 14 de junio fue un día de inusitada actividad en la tranquila población de Trujillo. La ciudad despertó más temprano que de costumbre y por los caminos que a ella converge, se veían grandes caravanas que venían de todas partes a darle la bienvenida al brigadier, general Simón Bolívar, a quien un trujillano ilustre le Había conferido en Mérida el título de Libertador.

Las calles de Trujillo, recién deshierbadas, lucían sus empedrados esmeradamente limpios, las casas recién pintadas enarbolaban el pabellón tricolor» símbolo de la revolución. A las 12 del día empezó a congregarse en la plaza mayor, toda la gente de la ciudad y los que habían venido de los aledaños y pueblos vecinos.

Comenzaba la tarde cuando se oyeron los primeros redobles de tambor y vibrantes ondas de un clarín. Todo era alegría y emoción. Por la calle de La Cruz Verde aparece El Libertador, a su derecha el coronel Pedro Briceño Méndez y el indio «Tinjacá», a, quien el Libertador le había confiado el cuidado de su perro Nevado».

A Trujillo había llegado un ilustre caraqueño, descendiente de escoceses.   Se  trataba   de Antonio Jacobo Roth, quien había hecho una buena fortuna en sus establecimientos mercantiles en La Guaira y Caracas, Roth figura entre los fundadores de Motatán, cuando se vino a Trujillo. En la segunda cuadra después de la Plaza Mayor de la colonial ciudad, compró una vieja casona. Esa misma que luego pasó a ser la sede del Centro de Historia desde 1958 por decreto del entonces gobernador del Estado, Dr. Mario Briceño Perozo, donde el Libertador se hospedó, en sus cuatro oportunidades que viene a Trujillo.

Don Jacobo y su, familia esperaban a Bolívar ese 15 de junio de 1813 a las puertas de la histórica casa, donde se hospedaría.

“Españoles v canario» -decía la Proclama- contad con la muerte, aun siendo indiferentes, sino obráis activamente en obsequio de la libertad de Venezuela. Americanos contad con la vida aun cuando seáis culpables».

Tremendo discurso que hizo temblar todo un continente; nunca se había dicho tantas cosas en tan pequeño número de palabras. Jamás se Había sido tan elocuente en tan pocos párrafos, señala el doctor Carrillo al referirse al documento que concluían con ese párrafo donde Bolívar resumía la crueldad de la guerra que se avecinaba en beneficio de la Libertad de Venezuela.

 

La vieja casona: su sentir y arraigo

Luego de 209 años allí permanece la vieja casona de los Roth, que albergó a Bolívar ese día y otros años más tarde. Allí aun de pie, detrás sus muros llenos de historias, están algunas pertenencias que fueron del Padre de la Patria. La vieja casona ha aguantado los embates del tiempo y de la crueldad de seres sesgado que atentaron en contra de ella y de la identidad trujuillana, su sentir y arraigo. Allí está ese histórico inmueble llamado desde el 2010 “Casa de Los Tratados”, muy lejana de lo que un día fue, y pidiendo a gritos un S.O.S,  Allí está con alunas cosas del su museos original, y algunas pertenencias de grandes patriotas traíllanos que acompañaron al padre de la Patria en su lucha por la Independen patria, pero aún le faltan muchas de sus contendió que celosa y rigurosamente resguardaba el Centro de Historia el cual se extraña, al igual como se extrañan sus libros y las bibliotecas que los protegían, se extraña aquella vida cultural e histórica que por más de 50 años brindó el CHET…  y allí  sigue la casona, en la ciudad que vio y sintió a aquel gran Hombre da América cuyos pensamientos, vida, obra y acción permanecen vigentes. La Casa de “Guerra a Muerte” y el Centro de Historia, han sido  sentido de partencia de la trujillanidad diga lo que diga, haga lo que hagan. “De Trujillo es tan alta la gloria…”

 

 

 

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