En la política venezolana, el tiempo suele ser implacable con las promesas. Transcurridos los años desde aquel imponente anuncio realizado en 2022 por el gobernador del estado Trujillo, Gerardo Márquez, el balance de la realidad frente a la retórica gubernamental resulta inevitable.
Aquella narrativa sonaba a salvación definitiva: Trujillo pasaría de sufrir constantes cortes de luz a ser el faro de la energía limpia en el país. El gobernador aseguraba que, gracias a un convenio piloto entre los gobiernos de Venezuela e India, el estado produciría 2.000 megavatios (MW) de energía solar instalados en los espacios de Cemento Andino, de los cuales 250 MW quedarían para la entidad.
La ecuación era redonda: si el consumo regional rondaba los 180 MW, la meta no solo cubría el déficit histórico de 50 MW que mantenía a los trujillanos a oscuras bajo la llamada “administración de carga”, sino que dejaba un superávit holgado. La promesa fue categórica: en 2023 se acababan los apagones.
Sin embargo, el único elemento que pareció materializarse de aquel anuncio fue la primera metáfora de su fracaso: la mala meteorología. Aquel avión de la delegación de la India y del equipo directivo de Corpoelec que no pudo aterrizar en Trujillo por “problemas climáticos” parece haberse quedado atrapado en un bucle interminable. Tras esa visita reprogramada, el silencio oficial devoró el mega proyecto. ¿Dónde están los megaparques solares? ¿En qué parte del terreno de Cemento Andino se hincó el primer panel de esos 2.000 MW prometidos?
Los hechos duros revelan una paradoja dolorosa:
- Promesa: 250 MW de energía solar exclusivos para Trujillo en 2023.
- Déficit inicial: 50 MW que justificaban las suspensiones del servicio.
- Realidad actual: El esquema de racionamiento no desapareció; por el contrario, la inestabilidad del Sistema Eléctrico Nacional sigue marcando el día a día de los trujillanos con apagones que superan con creces las «promedio de una hora» descritas en aquel programa radial.
Gobernar exige rendición de cuentas. Cuando se le ofrece a una población agobiada por las fallas de los servicios públicos una solución de vanguardia tecnológica e inversión internacional, la ciudadanía tiene el derecho republicano de preguntar qué ocurrió. ¿Falló el acuerdo bilateral? ¿Fue una cifra inflada para dar una falsa sensación de gestión? ¿O simplemente se trató de propaganda efímera para salir del paso en un viernes de alocución radial?
El estado Trujillo no puede depender de promesas que se disuelven con la misma facilidad con la que se va la luz. La energía solar es una alternativa viable y necesaria en el mundo entero, pero en la gestión pública trujillana se convirtió, lamentablemente, en otro espejismo en la cola del sistema.
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