FATALISMO, COVID Y EL ‘SOFISMA DEL INDOLENTE’ | Por: Ernesto Rodríguez

 

Yo me motivé para escribir el presente artículo porque me ha sucedido que he hablado con varias personas que casi no cumplen con normas de precaución ante el Covid y todas razonan más o menos así: “Al que le va a dar Covid le dará y al que no le va a dar no le dará. Eso está escrito y por eso no hay que estresarse mucho cumpliendo normas ni usando tapabocas, etc.”.

En la historia del pensamiento hay narraciones que nos sugieren que no podemos hacer nada para cambiar nuestro destino que se cumplirá inexorablemente. Por ejemplo, La filosofía ‘Sufí’ se refiere a los místicos musulmanes (Sufís) que desde el año 800 adoptaron prácticas para lograr la unión con Alá. Veamos la famosa ‘Parábola Islámica de la Muerte en Samarkand’: “El discípulo de un Sufí de Bagdad estaba sentado en una posada un día cuando escuchó a dos personas hablando. Ese discípulo se percató de que una de esas personas era ‘El Ángel de la Muerte’ que dijo a su interlocutor: “Yo tengo varias citas en esta ciudad de Bagdad”. Cuando el discípulo oyó eso se escondió hasta que se fueron. Para escapar a la posible Muerte, ese discípulo alquiló el caballo más veloz y cabalgó día y noche sin parar hasta la lejana ciudad desierta de Samarkand. Mientras tanto, la Muerte se encontró con el Maestro Sufí de ese discípulo y le preguntó: “¿Y dónde está su discípulo?”. El Maestro Sufí le respondió: Yo supongo que está en su casa aquí en Bagdad, donde debe estar estudiando. La Muerte le respondió: «Pero hay algo que es sorprendente, porque él está en mi lista y yo tengo que llevármelo mañana, pero en la lista dice que no me lo voy a llevar aquí en Bagdad sino en Samarkand” (1)…¡El discípulo trató de eludir su destino escapándose a un lugar muy lejano pero no pudo eludirlo!.

En las antiguas tragedias griegas también hay casos de fatalismo. Por ejemplo, en la tragedia ‘Edipo Rey’ del gran dramaturgo griego Sófocles (Aprox. 496-406 A. de C.) el Rey Layo de Tebas es informado de que su propio hijo le matará y se casará con su esposa  Yocasta, madre de ese hijo. Entonces, cuando Layo y Yocasta tienen un hijo llamado Edipo, el Rey Layo trata de evadir ese destino tan terrible y deja abandonado al bebé en una colina. Pero Edipo es salvado por un pastor y crece en Corinto creyendo que es hijo del Rey de Corinto. Sin embargo, Edipo se entera de algunos rumores sobre su destino y consulta al Oráculo de Delfos que se lo confirma: Edipo matará a su padre y se casará con su madre. Entonces Edipo se escapa de Corinto para no matar al Rey de Corinto creyendo que es su padre. Pero en una encrucijada de tres caminos se encuentra con Layo y hay una pelea y lo mata. Luego se casa con Yocasta sin saber que es su verdadera madre. Los intentos de eludir su destino no le sirvieron para nada.

El ‘fatalismo’ es la doctrina de que las acciones humanas no tienen influencia sobre el desenvolvimiento de los acontecimientos. Un ejemplo adicional lo tenemos en la Primera Guerra Mundial en la cual había soldados que no se ponían su casco y razonaban de la siguiente manera: “Una bala puede estar destinada para mí o puede ser que no esté destinada para mí. En el caso de que esté destinada para mí, no sirve para nada tomar precauciones porque de todas formas esa bala me matará. Si esa bala no está destinada para mí, entonces no hace falta tomar precauciones porque esa bala no me va a matar. Se considere como se considere, no tiene sentido tomar precauciones”. Pero como muy bien señala el eminente filósofo británico Simon Blackburn (nac. 1944) ese dilema ignora la posibilidad muy probable de que tomar precauciones incide en que la bala esté destinada para ese soldado o no esté destinada (2). Un ‘sofisma’ es una argumentación falaz, engañosa. En efecto, Simon Blackburn en su obra: ‘Pensar’ (1999) analiza el fatalismo y lo que denomina el ‘Sofisma del Indolente’ que más o menos es lo siguiente: “El futuro será lo que será. Sus sucesos ya están en el útero del tiempo. Por lo tanto no hagas nada” (3). No obstante, la concepción fatalista es equivocada porque tomar precauciones puede cambiar lo que suceda. El simple hecho de que un soldado se ponga su casco puede impedir que la bala lo mate.

Curiosamente, la concepción fatalista ayuda a algunas personas para sobrellevar una desgracia. Recuerdo hace años en Caracas una mujer joven obesa que falleció en una operación de liposucción. Ella era diabética y tenía la glicemia elevada y evidentemente fue un caso de mala praxis médica, pero el padre de esa mujer no procedió contra esa clínica y me dijo: “Profe: todos tenemos escrito el año, el mes, el día, la hora y el minuto en que nos vamos a morir y no podemos hacer nada para cambiar eso”. Por razones obvias yo no quise polemizar con él, porque ese fatalismo le consolaba. Pero toda persona debería comprender que el fatalismo es equivocado.

En el caso del Covid se unen varios factores que crean un caldo de cultivo para las concepciones fatalistas. Cuando una enfermedad es bien conocida desde un punto de vista científico, entonces es más difícil que se divulguen ese tipo de concepciones. Pero el Covid es una epidemia relativamente reciente, el coronavirus no ha sido bien estudiado, y las vacunas se han fabricado apresuradamente y la verdad es que todavía no se sabe bien cuál es su eficacia, ni cuánto tiempo dura la inmunización que proporcionan, ni las posibles secuelas de salud que puedan ocasionar en un futuro. Entonces todas esas lagunas de información propician la especulación. En consecuencia, muchas personas se dedican en las redes sociales a inventar disparates y fantasías, y el resultado es una gran desinformación. Por eso, solamente a medida que avance el conocimiento científico sobre el Covid, el coronavirus y las vacunas, disminuirán las equivocadas concepciones fatalistas. NOTAS: (1) Pags. 110-111 en Simon Blackburn (1999) ‘Think. A Compelling Introduction to Philosophy’. Oxford Univ. Press (2) Pag. 137 en Simon Blackburn (1994) ‘The Oxford Dictionary of Philosophy’. Oxford Univ. Press (3) Pag. 112 en Simon Blacburn (1999) ‘Think’ Op. Cit.

ernestorodri49@gmail.com

 

 

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