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Estética de la sensualidad en Desde la Venganza de Josefa Zambrano Espinosa | Por: Alexis del Carmen Rojas P.

por Redacción Web
08/03/2026
Reading Time: 7 mins read
Muestra de afecto entre Josefa Zambrano Espinoza y Miriam Zambrano Urdaneta de Urosa y Lourdes dubuc de Isea
 al ser parte del histórico acto.

Muestra de afecto entre Josefa Zambrano Espinoza y Miriam Zambrano Urdaneta de Urosa y Lourdes dubuc de Isea al ser parte del histórico acto.

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Alexis del Carmen Rojas P.

 

¿Qué ve la pareja, en el espacio de un parpadeo? La identidad de la aparición, la verdad del cuerpo y del no-cuerpo, la visión de la presencia que se disuelve en un esplendor: vivacidad pura, latido del tiempo.

 Octavio Paz

Con su magistral arte de narrar Josefa Zambrano Espinosa, tras un silencio de cinco largos años de la publicación de su tercer libro de cuentos Malaventuras (1995), nos sorprende con el relato inédito Desde la venganza[1], una historia íntima “magníficamente contada” al decir de Rafael Rattia. El nuevo cuento intitulado Desde la venganza traduce «From revenge», título de una fotografía de la renombrada alemana Ellen von Unwerth, imagen de dos sugestivas figuras femeninas que no solo ilustra el relato, sino constituye el atrayente lenguaje corporal y símbolo de la sensualidad.

Un extraordinario relato de ambientación fastuosa y dominante tesitura estética. Una escritura en la que diría Barthes “el placer del texto es eso: el valor llevado al rango suntuoso de significante”[2]; es decir, a la expansión del lenguaje. Evidentemente la asociación de imágenes que permea el hilo narrativo, ya  no nos remite a la magia y misterio de su páramo natal, a la memoria de algo familiar, al encantamiento del mundo infantil, o a los infortunios en la confusa vida citadina de Caracas; por el contrario, nos transporta al mundo cosmopolita, a la modernidad y  esplendor de la ciudad de Nueva York. Escenario narrativo lleno de riqueza artística, de imágenes glamorosas, de belleza y armonía, que protagoniza el encuentro  e inusitada sensualidad entre Isabel, “la bella niña” de 20 años, estudiante de Arte y diseño en Parsons, y Caresse, la elegante mujer de 40 años, “la mejor amiga desde la infancia” de su madre Astrid, “madrina y casi tía” de la joven; todas pertenecientes a la alta sociedad caraqueña. Historia en la que Isa y Caresse dan lugar a la libre revelación de sensaciones, sostenida en inflexiones expresivas portadoras de aristocracia,  seducción y éxtasis.

Son personajes  que forman el imaginario de la escritora bajo el poder seductor de la imagen, en la configuración de un estilo libre, sin merodeos, con un tono emocional “in crescendo” que detona el poder de  lo sensorial. Y sin la pretensión de hacer un análisis psicoanalítico, el cuento exhibe un hecho catártico, una liberación del deseo amoroso lésbico; ese estado del  “erotismo de los amores prohibidos, disfrutados sin miramientos…”, uno de los aspectos centrales en la poesía del alejandrino Kavafis[3], que excedía los límites de la moralidad convencional que hoy dista del pensamiento moderno. Y que, con asombrosa naturalidad, la bella Isabel, cual Afrodita, desencadena:

De pronto se vio con la cara entre las manos de Isa –la niña–, quien le decía: «Siempre me has fascinado». Aturdida trató de apartarla. Isa, haciendo caso omiso a las palabras y los gestos, comenzó a besarle (…) Ella, como si estuviera en el mar en medio del vaivén del oleaje, se dejó llevar (…) Isa le presionó la cabeza contra su pecho desnudo, y le dijo: «Siempre he soñado con este momento. Cuando te veía al lado de mamá, tan bella, tan elegante, tan segura de ti misma. Con tu fusta, tus botas, tus pantalones de montar y hablando en francés. Siempre quise tenerte así y, sobre todo esta noche cuando pronunciabas la palabra jazz, alargando la a y las z entre los dientes. Sentí que todas las mariposas revolotearon en mi vientre, y todo solo gracias a tu voz» Relámpagos se apoderaban de sus cuerpos…

En la voz narrativa resuenan imágenes íntimas del erotismo que, para sorpresa del lector, finalmente rompen la premisa lógica preeminente de la experiencia adulta sobre la joven, al dejar ver una conciliación de los opuestos que da lugar al descubrimiento de la plenitud del sentir, a la verdadera fusión o comunión con  la otra. Instante pleno de la sexualidad realizada en la que, desde el sentido de Octavio Paz en su obra La llama doble, “Nos perdemos como personas y nos recobramos como sensaciones (…) No hay forma ni presencia: hay la ola que nos mece, la cabalgata por las llanuras de la noche (…) un instante después, la substancia se desvanece, el cuerpo vuelve a ser cuerpo y reaparece la presencia”[4]. Experiencia  erótica  turbada por las sensaciones propiciadas en el  entorno, creadora de un espacio íntimo de libertad, abierto a  “la atracción pasional” de sus personajes femeninos.

La singularidad de esta escena narrativa, de gran fuerza y audacia expresiva, visibiliza el referente real de la diversidad sexual que caracteriza la época moderna; una temática  que la escritora representa con dominio estructural y sensibilidad artística, con asociaciones creativas deslumbrantes que ondea su imaginario. El mundo de la fantasía, como lo conceptualiza el psicoanalista Fernando Rísquez, “es un mundo de imágenes, y esa imagen le pertenece no sólo al individuo, sino también a la especie”[5]. Y la imaginación,  como proclama Blake en su segundo libro profético,  “no es un estado, es la propia existencia humana”[6]. De modo que la imaginación, parafraseando el argumento de Bachelard en la Poética del espacio, no falsea la experiencia íntima del ser, por el contrario la “completa”, le otorga intensidad.

La vitalidad subjetiva de este cuento tiene su antecedente en ¡Por ese sabor amargo!, uno de los relatos más representativos de su libro Malaventuras (1995). Un relato de fabulosa realización estética, que bajo el influjo del ámbito musical en una “Noche de ronda” concatena instancias narrativas de sugestiva seducción y exaltación pasional, representativas  de la iniciación lésbica experimentada por la narradora protagonista.

Este hecho narrativo, poco tratado en la cuentística venezolana, es magistralmente  resignificado en  Desde la venganza, donde Zambrano Espinosa con gran capacidad artística y elegancia literaria entrelaza elementos de elevada tonalidad sensorial. Obra en la que abre los umbrales del coloreado erotismo, expresada en la sugestiva admiración de la fotografía «From revenge» de Ellen Von Unwerth; las maravillosas melodías referidas en el relato “Woody Allen y su New Orleans Jazz Band en The Carlyle”, donde el ambiente y la música, destaca la autora “era un lugar solo para dioses” (p.30); la exuberante  descripción de espacios del arte como el MOMA, el museo The Frick Collection y  la Stanley-Wise Gallery;  el efecto del encantamiento de  la indumentaria[7] que luce Caresse en New York, como la que usa para la equitación en Caracas junto a su madre Astrid, suscitado en la ferviente evocación que hace Isa de ese tiempo. En síntesis, la orquestación de estos elementos de innegable prestancia, belleza y admiración mutua de la feminidad de sus actantes, delinean con dominante valor expresivo y estético el ámbito de la sensualidad y el éxtasis fundado en el maravilloso relato.

 En este sentido diría Innerarity  –en su interpretación a la tesis contemporánea de Jauss acerca de lo estético-: “Estéticamente no perseguimos otro fin que experimentar la plenitud de sentido de nuestras experiencias (…) Las presentaciones estéticas ofrecen explícitamente un saber implícito en el que se inscribe –o podría inscribirse- de manera habitual nuestra existencia…Estéticamente hacemos experiencias con experiencias”[8]. Y, Zambrano Espinosa, iluminada de su poder creativo,  intenciona sus densas experiencias en un seductor enunciado narrativo reconfigurado, en palabras de Barthes, por “los imaginarios del lenguaje”.

 

 

 

[1] Aparece en la Revista Cárcava, Arte, Literatura y Pensamiento,  Ciudad Guayana-Venezuela, Año I, Número 4, Octubre-Noviembre 2021, págs., 29-30.

[2] Roland, Barthes, El placer del texto, Buenos Aires- Argentina: Siglo veintiuno, 1974, p.83.

[3] Referido por Eusebi Ayensa, en el estudio  Kavafis: resurgimiento de un poeta oculto. 02-03-24, En: https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20240302/9530168/kavafis-ayensa.html

[4] Octavio, Paz, La llama doble, amor y erotismo, Colombia: Seix Barral, 1993, p.205.

[5] Fernando Rísquez,  Aproximación a la feminidad, Caracas, Monte Ávila Editores, 2007, p.220.

[6]  Referido por  Bachelard, en El aire y los sueños. Ensayo sobre la imaginación del movimiento, FCE, México, 1989, p. 1.

[7]  “Todo efecto suscitado o mantenido por las prendas que el sujeto viste en el encuentro amoroso o que usa con la intención de seducir al objeto amado”.  (Roland, Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso, traducción de Eduardo Molina, México: Siglo veintiuno editores, 1999, p. 160).

[8] Daniel Innerarity, en su  Introducción  La experiencia estética según Jauss,  en Hans Robert Jauss, Pequeña apología de la experiencia estética, Traductor, Barcelona-España: Paidós, 2002, p.p.15-16.

 

 

 

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