Por: Juan Carlos Barreto Balza*
*Cronista del Municipio Escuque
En el ancestral Escuque, luego del férreo proceso de conquista, transcurridos 50 años, desde 1560 hasta 1610, fueron los años de inicio para el adoctrinamiento y la catequesis en la religión traída por los españoles, le correspondió la responsabilidad a varias congregaciones religiosas, entre ellas Los Agustinos, Mercedarios, Jesuitas, Dominicos, entre otros; el objetivo era convertir en la religión católica a los naturales, sin embargo faltaba algo, una imagen a la cual venerar, que se erigiera en centro de la religión católica en el poblado y que a su vez sustituyera en forma definitiva las deidades a las cuales les rendían culto nuestros aborígenes.
Por tal razón la pequeña imagen de un hermoso niño traída por la familia Guánchez y Cerrada ocasionó un gran impacto entre los pocos habitantes de aquel Escuque que se iniciaba en su vida colonial.
La imagen del niño, obra de un tallista sevillano, impactó a los habitantes del pueblo indo – hispano, quienes implorando a la familia española propietaria de la esfinge les permitiera un contacto más cercano con tan hermosa pieza, comienzan a buscar un sitio especial donde venerarlo; la leve sonrisa de la imagen cautivó de inmediato a los habitantes del pequeño pueblo, a tal punto que al marcharse la familia Guánchez y Cerrada, palpando el amor prodigado a su niño, y en un gesto de extremo desprendimiento, deciden dejarlo y continuar su camino, quedando así para siempre sembrado en el pueblo y en el corazón de infinidad de generaciones el eterno patrón de Escuque.
La fama del Santo Niño fue corriendo de boca en boca, a Escuque comenzaban a llegar personas de todas partes de la región a conocer la milagrosa imagen, la cual inicialmente albergaron en un espacio techado de palmas y acondicionado para cumplir las funciones de capilla, esto ocurrió para el año de 1622, convirtiéndose pues en el primer sitio de veneración pública para el niño propiedad ya de los escuqueños.
Con el tiempo la devoción al Niño Jesús se iba acrecentando, se le atribuían infinidad de milagros y favores en beneficio de sus devotos, era un amor que se arraigaba en lo más profundo de los habitantes, precisamente en un momento en el cual el adoctrinamiento y la catequesis alcanzaban un momento importante en la formación religiosa de la escasa población aborigen.
Según la distribución doctrinal realizada por el Obispo Fray Antonio de Alcega precisamente para el año de 1610, año en que llega la imagen del Niño Jesús, éste le asigna al pueblo de Escuque una población aproximada de 200 aborígenes.
El pequeño espacio construido al principio se fue haciendo insuficiente, por lo tanto era necesaria la construcción de otra capilla más amplia para dedicarla al Santo Niño, por tal razón, para 1630 se tienen noticias de otra capilla, también techada de palmas y construida sobre horcones y paredes de barro cocido, convirtiéndose este en el segundo sitio de veneración para la sagrada imagen. Esta capilla daría paso para el año 1650 al primer templo dedicado al Dulce Nombre de Jesús.
Todo el pueblo trabajó durante muchos años, el sudor aborigen se confundió con el sudor español, poco a poco se fueron levantando los sólidos muros y los fuertes maderos del que sería el primer templo, ubicado en la calle real del poblado, hoy calle Padre Juárez con calle Niño Jesús, frente a la plaza mayor, en el corazón de aquel Escuque colonial.
Para la fecha en que van culminando los trabajos de este recinto religioso dedicado al Niño Jesús de Escuque, la población aborigen ya se había venido a menos, el Alférez Don Diego Jacinto Valera y Messa, Alcalde Ordinario de la Ciudad de Trujillo de Nuestra Señora de la Paz, censó el 15 de noviembre de 1687 los aborígenes pertenecientes apenas a dos encomiendas, “a saber: la primera del Capitán Don Lorenzo de Villoria y la segunda de Juan Pérez de Espinoza, las dos arrojaron un total de 57 almas, distribuidas de la siguiente manera: 16 indios útiles y de trabajo, 18 indias de más edad de 14 años y menos de sesenta, 14 muchachos y 9 muchachas”. (1)
El cura doctrinario para la fecha de la visita del Alférez Don Diego Jacinto Valera y Messa a la población del Dulce Nombre de Jesús de Escuque era el licenciado Diego Pérez Betancourt.
Para el momento de la Visita Pastoral del Obispo de Caracas y Venezuela Monseñor Mariano Martí, se estaba reconstruyendo la obra, pero dejemos que sea el propio Martí, ese misionero caminante al cual debe Venezuela la mejor descripción que se haya hecho del último tercio del siglo XVIII, quien nos profundice en los detalles del templo del Santo Niño de Escuque.
“El día quince de abril de mil setecientos setenta y siete, salió su Señoría Illma, del antecedente pueblo de Betijoque, y habiendo andado seis Leguas llegó a este de Escuque, e inmediatamente procedió a la visita de su Iglesia Parroquial con las Ceremonias acostumbradas; vio y reconoció la Fábrica, Altares, Imágenes, Vasos Sagrados, Ornamentos, y demás bienes y de todo se formó Inventario que Original está extendido al folio 38 del Libro 4 de Inventarios”. (2)
Es precisamente el Obispo Mariano Martí, quien nos da noticias en cuanto a la fecha en que fue creada la Parroquia Eclesiástica del Dulce Nombre de Jesús de Escuque, pues afirma el año de 1720 tomando en consideración la data del libro más antiguo conseguido en sus archivos. Arribando para este 2025 a 305 años de su erección canónica.
“Este pueblo es de Vecinos Españoles, y de otras Castas; y aunque también hay algunos tributarios (que son muy pocos) y se les da Doctrina a semejanza de sus propias Poblaciones, en esta de Escuque son dichos Vecinos españoles los principales habitadores, El año de mil setecientos y veinte en que se supone establecida ya la Iglesia de este pueblo pusieron en ella los expresados Curas de Truxillo, un Presbytero Secular que en calidad de Teniente de ellos, administrase los sacramentos a estos vecinos, según se refiere en las partidas de casamientos y entierros extendidas en el libro más antiguo, que comenzó el expresado año de veinte.”. (3)
Al igual en gran detalle nos deja aspectos relacionados al recinto religioso.
“La Iglesia Parroquial está dedicada al Dulce Nombre de Jesús: Su fábrica se estaba construyendo de nuevo al tiempo de la Visita, y entonces estaban ya concluidas las Paredes que forman el Cañón Principal todas de mampostería, y techada ya la Capilla mayor, y más de la mitad de dicho Cañón, todo de Tablas cubierto de Texas; asimismo estaban ya casi enrasadas dos Capillas colaterales, de las que estaba una destinada para Baptisterio; y a cada lado de la Capilla mayor hay dos aposentos ambos aplicados para sacristía; y toda la expresada fábrica es de bastante Capacidad, y fortaleza; Los Altares son dos, á saber, el mayor, y otro dedicado al Santísimo Niño Jesús”. (4)
De igual forma dejó constancia expresa el Obispo Mariano Martí de su preocupación por la demora en la construcción de la Iglesia y una clara referencia a lo que fue el primer cementerio de la población de Escuque.
“Otro en que se mandó, por lo tocante a la Jurisdicción Eclesiástica, que el Mayordomo interino de Fábrica sin pérdida de tiempo dispusiese la conclusión de la Fábrica de dicha Iglesia Parroquial, y que contiguo a ella se construyese un Cementerio para que en él se sepultasen todos aquellos difuntos a quienes se hiciese el Entierro de Limosna, a fin de que se conserve con todo aseo, el Pavimento de la Iglesia, el cual debía enladrillarse: Y se exhortó a todos los Vecinos de este Pueblo a fin de que con sus limosnas, o trabajo personal concurriesen a la expresada obra, y concedió su Señoría Illma. Quarenta días de indulgencia a los que así lo practicasen. (5)
El sitio exacto donde estuvo ubicado este primer cementerio de Escuque, fue donde hoy se encuentra la gruta en honor a la Virgen de Lourdes al lado del actual Santuario Diocesano del Dulce Nombre de Jesús, desde allí partía y se prolongaba hasta el fondo de la iglesia, hoy parte de la sacristía en el actual Santuario.
El Obispo Mariano Martí en su grandiosa empresa, se dio a la tarea de escribir los testimonios de su labor y los resultados de ésta. A saber dichos libros son: Relación y Testimonio Integro de la Visita; el Libro Personal; el Compendio de la Santa Pastoral Visita; el Inventario y las Providencias.
En el caso muy particular del libro titulado “Compendio de la Santa Pastoral Visita”, el Obispo Martí hace también una importante descripción de la estructura del templo del Dulce Nombre de Jesús, al igual de las Rentas del Curato, las Rentas de la Iglesia, el Padrón de aborígenes en el pueblo, Censo de familias españolas, e informa también sobre el Cura y el mayordomo de la Iglesia, todo para el año de 1777.
“Esta Iglesia, cuyo titular es el Dulce Nombre de Jesús, cuya fábrica material es de mampostería, y de las cuarenta y cinco varas que tiene de largo, las treinta y cinco están cubiertas de teja sobre obra limpia de tablas y las diez varas restantes están sin techo y tiene de ancho nueve varas y tres cuartas sin el grueso de paredes. Tiene dicha iglesia tres puertas, la mayor y dos colaterales; y así mismo tiene dos aperturas con sus arcos de ladrillo para capilla y a los extremos de dicha iglesia hay dos Capillas casi enrasadas, las que tienen cinco varas en cuadrado; el frente de dicha Iglesia casi está concluido y es de ladrillo con algunas pilastras, que forman una buena fachada. El Presbiterio en su fábrica y techo es lo mismo que la referida Iglesia. Tiene de largo y ancho siete varas en cuadro hasta el arco toral que lo divide del cuerpo de la Iglesia; hay dos puertas colaterales que caen a la sacristía, estas en su fábrica son lo mismo que la referida Iglesia. Tienen de largo siete varas y tres y medio de ancho. Toda la referida obra se halla buena y fuerte por estar sobre buenos cimientos de piedra y mezcla; las paredes con sus gruesos enrasados. Hay en la dicha Iglesia los Altares siguientes: el Mayor, el del Niño Jesús, que está al lado de la Epístola. (6)
El Cura propio de esta Iglesia el Presbítero Don Nicolás José de Montilla y una alusión muy clara al Mayordomo de turno para el momento de su permanencia en Escuque (1777), el Presbítero Martín Juárez, el mismo que dos años antes (1775) donara al Niño Jesús para que sus feligreses construyeran sus casas de habitación, los terrenos donde hoy se erige el casco histórico de la población.
Es importante destacar también el censo realizado por el obispo Martí, el cual arrojó un total de 826 personas, de las cuales 59 eran aborígenes y 767 españoles, esta era la población en aquel Escuque de finales del siglo XVIII.
Hace mención a las limosnas que se recogen el día del Niño Jesús, lo que nos lleva a deducir que para la fecha, ya la venerable imagen tenía un día especial para su celebración.
Así mismo una especial referencia a la disposición del Obispo Martí, en cuanto a la elaboración de una pila para bautismos, la misma donde 88 años después, para el 30 de enero de 1865 nació a la cristiandad mediante el sacramento de iniciación cristiana, nuestro santo trujillano el Dr. José Gregorio Hernández Cisneros. Bautizado por el Pbro. Victoriano Briceño y apadrinado por Tomás Lobo y Perpetua Henríquez. Acontecimiento ocurrido en tierra escuqueña por la profunda devoción profesada a la imagen del Niño Jesús de Escuque por los padres del Dr. José Gregorio Hernández, Benigno Hernández Manzaneda y Josefa Antonia Cisneros Mansilla.
“y otro, en que teniéndose presente que los bautismos se hacían en esta iglesia con agua sin consagrar; se mandó al cura que interin se lograba pila de piedra, y se concluía la capilla destinada para baptisterio, formase una fuente baptismal con algún lebrillo de losa vidriada” (7)
Este templo colonial, donde nació la Parroquia Eclesiástica del Dulce Nombre de Jesús de Escuque para el año 1720, y donde recibió el bautismo nuestro hoy San José Gregorio Hernández Cisneros, fue demolido a partir de 1909, cuando por iniciativa de los sacerdotes Ovidio Eusebio Olivieri y en lo adelante Juan Maximiliano Escalante, al igual un grupo de representativas figuras de la comunidad, al frente Don Germán del Gallego reunidos en la Corporación Cívica de Fomento, optaron por sustituir esta edificación colonial por un templo de mayores contornos y más esplendidez; y así se alzó a partir del año 1910 rompiendo las nubes escuqueñas, al estilo greco romano la nueva y altiva casa para el Niño escuqueño.
NOTAS:
Castellanos Rafael Ramón. (1958). Relación de un Viaje por Tierras de los Cuicas. (Con Notas del Libro del Obispo Mariano Martí). Primera Edición. Caracas.
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