Epitafio y sus 100 Amantes Valeranas  | Por: Alfredo Matheus

 

Alfredo Matheus / Cronista Popular


 

Epitafio, fue uno de los grandes maestros de alfarería que conoció nuestra comarca. Las mujeres lo adoraban.  Parecía  un actor de cine, de allí  la peleadera de las mujeres en cualquier esquina  defendiendo  los amores con Epitafio. Fue un valerano sumamente generoso. El día de su entierro, Valera quedo en  soledad, la ciudad se reunió en la iglesia San Juan Bautista para despedir al  alfarero de alma generosa que era todo un José Gregorio Hernández, haciendo favores…

Su entierro sirvió para reunir a las centenares de amantes y novias que se desvelaban por el alfarero. La lloradera era asombrosa, llamó la atención del señor cura quien aprovecho para tirarse un sermón  sobre la fidelidad entre las parejas, nada de estar por ahí echando  canitas al aire, porque el matrimonio es “hasta que la muerte los separe”.

 

Famosos Mata Cochinos

 

70 años atrás hicieron historia dando “palo cochinero”, Isaías Hernández, Pedro Pabón y el Cojo Araujo. La carne se vendía de casa en casa, los chicharrones calientes “volaban”, la manteca la regalaban; hoy es oro puro ante lo cancerígeno del aceite de comer.

 

La Esquina del Hambre

 

Quedaba en la calle 10 con av. 11, entrada del Cinelandia. A las 4 de la tarde se iniciaba la fiesta de las  hallacas de caraotas, era una comelona colectiva, la gente terminaba chupándose los dedos…8 hallacas por un bolívar era muestra de la opulencia en que vivía aquella Venezuela pujante…Allí mismo encontrábamos a Pedro, el padre de las arepas mata perro. Preparaba un pan relleno con  carne y mortadela antes que llegaran las hamburguesas gringas…El comerciante Felipe Segovia deleitaba a la clientela con un  maduro  relleno con queso, toda una delicia…Bartolo, que no se reía con nadie,  llevaba al paladar de los parroquianos una  chicha más sabrosa que Rosita.

 

Los zaperocos del padre Juárez

 

Era uno de los curas más cultos de aquella Valera de antier. Jamás se perdía una noche cultural en el ateneo. Si la actividad era programada para las 7 y 30 de la noche y a las 8: pm, no había comenzado, el sacerdote de la parroquia San Pedro formaba  tremenda protesta él solito.  Alzaba su voz de enojo y exigía más respeto al público, invitaba  a los presentes a aplaudir lo más fuerte que pudieran; en minutos se levantaba el telón y se daba  inicio al espectáculo cultural.

 

La prostituta Doble Cena

 

Vendía amores pasajeros. Jamás enfermo a un cliente, los días lunes estaba al pie del cañón en los oficinas de Sanidad haciéndose sus respectivos chequeos médicos, siempre pasaba la prueba; estaba sana, sanita, libre de cualquier enfermedad venérea…Si en la plaza Bolívar  un valerano conseguía a otro con cara de mucha “caligueva” le manifestaba: “Epa, compadre,  vaya pa donde “Doble cena” para que le quite esa tontera”.

Fue una prostituta más popular que cualquier alcalde. Los sábados  ofrecía sus servicios se sexo desbocado  a los soldados del Batallón Rivas Dávila, en su  casa de atención al público ubicada en el sector Coco Frio, sector Jiménez, vía a Trujillo. Se acostaba con 30  reclutas y quedaba como si no hubiera  quebrado un plato. Tarareaba la canción de moda; “con la pollera colora” acompañada de su grito guerrero, “Qué venga el que sigue”, “Que venga el que sigue”…

 

Valerano Chivato…

 

Era aquel que le acompañaba  en casa un gran piano y un automóvil, se decía que tenía buen dinero. Las mujeres  los perseguían para enamorarlos, casarse y salir de tanta peladera. La mayoría de “los chivatos” eran  contabilistas, abogados o comerciantes a quienes  les acompañaba buenos  biyuyos.

 

 


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