En los cuatrocientos y un años de la bella población de Tostós

 

Los llamados conquistadores llegaron a estas tierras altas de Los Andes unos cincuenta años después de su desembarco, ya habían arrancado el oro y las perlas de las tierras de las costas y de las aguas, ya habían aplicado sus leyes de muerte entre la población de las islas y ahora venían sobre las montañas de los Cuicas, sus ansiedades por los metales preciosos eran más grandes que su codicia y todas sus acciones estaban encuadrada en la búsqueda de riquezas fáciles para su rey y para su cuenta propia; podemos ponernos de pie en una de estas montañas que rodean este hermoso valle del Boconó y el Burate e imaginar lo que vieron los primeros españoles que llegaron, la naturaleza pura en completo equilibrio con sus numerosos habitantes.

Dicen que el agrupamiento de sus moradas lo llamaban: “Merosa”, y esa palabra suena bonita, huele a flor y a miel; también podemos hacer prácticas mentales para pensar en la visión del indígena ante la presencia del hombre blanco con sus barbas, sus caballos enormes, sus perros y su cruz; fue un encuentro desigual en el que la tranquilidad del Cuica cayó prisionera de las ganancias sin control del recién llegado; las fuerzas de la codicia establecidas alrededor de la monarquía indicó la ruta de la dominación.

El primero en aparecer bajo estos cielos fue Don Diego Ruiz de Vallejo al frente de una pequeña expedición, venían desde El Tocuyo, eran finales del año 1548, deseaban ganar territorio para el rey y gentes para que trabajara por ellos para sostener la monarquía, pero lo principal de aquellas primeras avanzadas era la exploración para encontrar el oro milagroso que ya para entonces curaba todos los males de sus exagerados egos.

Con la catequesis de las poblaciones indígenas vinieron los llamados repartimientos y más tarde se estableció el sistema de explotación de las encomiendas con el que los españoles se comprometían a proteger a grupos de personas que con su trabajo pagaran los tributos a la corona y a cambio se les enseñaría la doctrina cristiana. Posterior de las encomiendas surgieron los pueblos de indios alrededor de una capilla hasta que se dictó una ley en la que se obligaba el agrupamiento de las poblaciones para darle las condiciones necesarias por parte de un cura doctrinero y tener control del número y del trabajo de los individuos y de sus familias.

Dice el Doctor Amílcar Fonseca en su libro: “Orígenes trujillanos”, que para el 14 de mayo de 1821 componíase la tribu Tostós de la nación Cuica de las parcialidades que gobernaban los caciques: Tostós, Tiranda y Tomón que vivían en una gran mesa contigua al fuerte grande a orillas de la quebrada “Jubero” entre la sierra que bajan de los altos de “Joco” hasta los confines de Mérida, existían entonces más de 700 almas con el cura a la cabeza que componían esta tribu, casi todos mansos industriosos y nada levantiscos, mudaronse de aquellas para estas tierras llevando consigo los ganados, herramientas y escoltados por los encomenderos armados de arcabuz, lanzas y flechas. El investigador de los archivos Padre Nectario María dice que fue en el año 1621 cuando el gobernador Francisco de la Hoz visitó la jurisdicción de Trujillo y atendiendo las ordenanzas reales dispuso que los indios de las doctrinas diseminadas en las encomiendas fueran agrupados en un solo pueblo que vino a ser el asiento fijo de cura doctrinero. Los de la cuarta doctrina fueron reconcentrados en el río Burate y formaron la doctrina de San José de Tostós en la encomienda que había sido de Francisco de Labastida.
Desde entonces llevamos la cuenta de la existencia de este pueblo hermoso y su parroquia, paraje de la cordillera de gentes cultas y laboriosas, entregadas a las prácticas fecundas del estudio, de las ciencias y de las actividades agrícolas.

Cabe recordar también que Tostós se menciona en los tiempos de la independencia por su participación decidida en favor de la liberación y tenemos una carta del Libertador para el Coronel Cruz Carrillo gobernador de la provincia trujillana firmada en Niquitao el 11 de marzo de 1821 en los días previos a la campaña de Carabobo donde le dice: “proceda usted a organizar y armar las milicias de esta provincia haciendo que se discipline, que se instruya en la carga y en los fuegos con las armas, hoy he entregado 40 fusiles al Comandante del pueblo de Tostós”. Entonces sabemos que con orgullo agricultores de estas serranías, que vecinos de estos pueblos se prepararon y asistieron a la campaña de Carabobo con la columna de guerreros que salieron de Trujillo con el entonces Coronel Cruz Carrillo.

Boconó 14 de mayo de 2022
Ing. Ubaldo García

 

 

 

 

 

 

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