Ernesto Rodríguez (ernestorodri49@gmail.com)
El gran escritor francés Émile Zola (1840-1902), entre sus muchas obras publicó en 1877: ‘La Taberna’, en la cual describe la degeneración de una familia de obreros por el alcoholismo en París. En la obra el obrero Coupeau y su esposa Gervasia Macquart llegan a morir por delirium tremens.
Émile Zola fue muy criticado. Le acusaron de “hurgar en las llagas sociales”, “pintar a los obreros como degenerados”, etc., etc., Pero en realidad Zola tenía una sana intención moralizante al escribir su novela. Ya en los apuntes sobre ‘La Taberna’ antes de publicarla, Zola señalaba: “La novela debe ser esto: Mostrar el pueblo medio y explicar de tal manera las costumbres obreras, puesto que en París la borrachera, la dispersión de la familia, la conformidad con todas las vergüenzas y miserias, vienen de las condiciones mismas de la existencia obrera, de los trabajos duros, de las promiscuidades, etc. En una palabra, un cuadro muy exacto de la vida del pueblo, con su mugre, su vida explotada, su lenguaje grosero (…) No embellecer ni denigrar al obrero. Una realidad absolutamente exacta. Al final, la moral se abre paso por sí misma…” (1).
Posteriormente, Zola señaló en una carta que se publicó en ‘Le Bien Public’ el 13 de febrero de 1877: “Estoy seguro de haber hecho una obra útil (…) Si quisieran obligarme a sacar conclusiones, diría que toda ‘La Taberna’ podría resumirse en esta frase: Cerrad los lugares de vicio y abrid escuelas. El alcoholismo está devorando al pueblo (…) Tendría que agregar: Sanead los suburbios y aumentad los salarios…” (2).
El autor francés Alexandre Zévaés (1873-1953), en su biografía de Zola, refiere que en los años en que éste último escribió ‘La Taberna’, la jornada de trabajo era muy larga, a veces de 13 y 14 horas. La clase obrera no gozaba de ninguna protección y los salarios eran bajísimos, por lo cual proliferaban las tabernas y el alcoholismo. Zévaés dice: “Las largas y agotadoras jornadas de 14 horas obligaban al obrero a buscar en el alcohol un estimulante artificial” (3). Zévaés agrega que a medida que los obreros conquistaron mejores condiciones de vida, disminuyó el alcoholismo.
En nuestro país no conozco estadísticas sobre alcoholismo.
Por otro lado, el eminente filósofo británico Julian Baggini (nac. 1968) en una obra que publicó el año 2009 hace referencia al conocido dicho “In Vino Veritas” (el Vino dice la verdad). Eso lo dijo el autor latino Plinio el Viejo (23-79) en su obra enciclopédica ‘Historia Naturalis’ (4).
Tradicionalmente ese proverbio ha sido interpretado de la siguiente manera: Una persona embriagada se atreve a decir y hacer cosas que no haría.sin unos tragos encima. Por ejemplo un hombre puede declarar en estado de embriaguez a una mujer que está enamorado de ella.
Pero por otra parte, la ingesta de alcohol tiene otros efectos adicionales. Bajo su influencia el funcionamiento de la corteza cerebral es afectado mientras el sistema límbico del cerebro asume un mayor control del comportamiento. Eso significa que las emociones asumen una preponderancia sobre el razonamiento, y las reacciones más instintivas como responder agresivamente ante cualquier provocación, o el deseo sexual, predominan en el comportamiento. En efecto, Baggini refiere en su obra que en la Gran Bretaña, entre 60 % y 70 % de los asesinatos y un 33 % de los delitos son cometidos bajo efecto del alcohol (5). Eso por supuesto es una faceta muy negativa del consumo de bebidas alcohólicas. Pero también es bien conocido que muchos hombres y mujeres disfrutan más sus relaciones sexuales con unos pocos tragos encima.
Quizás una manera de neutralizar los efectos perniciosos del alcoholismo en una población es divulgar mucho los efectos beneficiosos del ejercicio físico, porque está comprobado que neutraliza la depresión y propicia una sensación de autocontrol y bienestar mental. Es decir, se puede beber de manera moderada combinando el consumo de bebidas alcohólicas con el ejercicio físico. Se trataría de propiciar algo así como una ‘cultura alcohólica’ de consumir con autocontrol.
Para concluir, con la cuestión del consumo de bebidas alcohólicas, igual que con muchas otras actividades en la vida, siempre debemos recordar la máxima de los antiguos griegos que estaba inscrita en el Templo de Apolo en Delfos: “Medén agan” (nada en exceso).
NOTAS: (1) Pag. 53 en A. Zévaés. ‘Emilio Zola’. Biografías Gandesa (1952). Edición original francesa: 1945. (2) Pag. 66 Ibidem (3) Pag. 67 Ibidem (4) Sección XIV,28,141 de su Enciclopedia. Cita tomada de Pag. 263 en ‘The Anchor Book of Latin Quotations With English Translations’. Compiled by Norbert Guterman. Anchor Books (1966). New York (5) Pag. 173 en Julian Baggini (2009) ‘Should You Judge This Book by Its Cover’. Granta Publications.
