
“Siempre dibuja una sonrisa en tu rostro; no sabes a quién le puedes cambiar el día con ella”, eran las sabias palabras de mi tía Eloísa cada vez que salíamos a su caminata diaria.
Eloísa Torres, artista ingenua y popular, fue mi primera inspiración para hacer la diferencia en la vida de las personas.
Ella nos decía: “Los buenos modales no son solo para vernos bien, también son una señal de respeto hacia los demás; todos merecen ser respetados”. Podría escribir páginas enteras sobre sus enseñanzas, pero lo que realmente deseo transmitir es que, en algún momento de la vida, todos hemos tenido a alguien que nos ha inspirado a caminar una milla extra.
En mi caso, tuve muchas inspiraciones, pero en casa, mi tía Eloísa y mi madre marcaron profundamente mi vida con su ejemplo. Para empezar, tía Eloísa tomó bajo sus alas a mi madre, Carmen de Torres. No solo le enseñó a crear sus obras de arte y a ganar premios, sino también a creer en ella misma como persona y como profesional.
Mi madre fue incansable, siempre aprendiendo y creciendo en todas las áreas de su vida. Con sus acciones me enseñó a ser independiente y a aspirar a lo poco común. Cuando yo estaba en octavo grado, ella comenzó a estudiar séptimo grado en la escuela nocturna. Nunca se detuvo: continuó con postgrados, maestrías y un profundo deseo de hacer la diferencia en su comunidad. Ese propósito fue su gasolina para seguir adelante.
Me siento profundamente bendecida de haber tenido estos dos grandes ejemplos en mi vida. Al mismo tiempo, representa un reto y un compromiso estar a la altura de su legado, porque no fue solo arte lo que compartieron, ni las docenas de condecoraciones y reconocimientos que recibieron, sino las vidas que tocaron con esa sonrisa siempre presente en sus labios.
Estoy segura de que tú, que lees estas líneas, también has sido vista y sostenida por alguna mujer que creyó en ti. Presta atención a esa voz que te recuerda que el miedo solo existe en tu mente, que tienes una semilla de grandeza en tu corazón, que eres única e irrepetible, y que el mundo está esperando tu luz.
De Elia Torres de DiMicheli
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