El tejido del alma (IV): La solidaridad y las tres caras de una misma moneda | Por: José Luis Colmenares Carías

 

En las últimas semanas hemos recorrido los hilos invisibles que sostienen nuestra psique cuando las circunstancias externas vacilan: desde la necesidad de sostenerse cuando el suelo se mueve (I) y la búsqueda de calma en la intemperie (II), hasta el debate entre el amparo y la sombra del pícaro (III). Hoy, el camino nos invita a profundizar en una veta que conecta directamente el bolsillo con el alma: la compleja relación entre la solidaridad y el dinero cuando la incertidumbre golpea a nuestra puerta.

Mirar la solidaridad no es un simple ejercicio de contabilidad social o filantropía corporativa; es una oportunidad para examinar las dimensiones de la consciencia. Lo que a simple vista parece un acto lineal de ayuda, en realidad se despliega como una paradoja tridimensional: tres caras de una misma moneda que transita entre lo público, lo privado y lo íntimo.

En una primera instancia, cuando el suelo se estremece, la mirada colectiva suele volverse hacia el dinero público esperando el amparo institucional del Estado. Sin embargo, en nuestro contexto de crisis, es imposible no toparse con la pérdida de capacidad institucional y el peso muerto de una burocracia que a menudo entorpece el flujo del auxilio y el socorro.

Es allí donde el amparo corre el riesgo de mutar en «la tiranía de la ayuda«. Cuando la asistencia se prolonga indefinidamente sin promover capacidades reales —como bien señala Amartya Sen—, se fija al individuo en el rol de víctima permanente. La solidaridad se degenera así en un asistencialismo clientelar que perpetúa la dependencia, en lugar de abrir caminos hacia la autonomía, como proponía Luis Razeto desde la economía solidaria.

Frente a ese vacío de respuesta estatal, la mirada se traslada inevitablemente al sector productivo. Es allí donde el dinero privado del tejido empresarial está llamado a ir mucho más allá de una filantropía cosmética. Desde una perspectiva sistémica, ninguna empresa puede ser sostenible en un entorno social roto donde la incertidumbre disuelve la confianza básica. Cuando la comunidad se desmorona, la viabilidad económica se vuelve un espejismo; por ello, el dinero con consciencia actúa como una amalgama que estabiliza el entorno, transformando la emergencia en una plataforma de aprendizaje colectivo.

Pero es al adentrarnos en el plano individual donde la acción solidaria despliega sus dinámicas más potentes. Es el reino del dinero íntimo, ese territorio donde lo económico se funde indisolublemente con lo emocional.

En este espacio, Áxel Capriles nos advierte sobre las trampas del complejo del dinero: una tensión sutil donde alguien demanda ser auxiliado y el otro necesita ayudar para ser reconocido. Sin embargo, cuando la emergencia aprieta, la realidad suele desbordar las trampas del ego. Existe una fuerza arrolladora que se activa orgánicamente en la intemperie: una inmensa red de solidaridad ciudadana que, dentro y fuera de nuestras fronteras, se moviliza con un profundo tono emocional.

En ese tejido ciudadano es donde el arquetipo de Hermes —dios de los caminos, los intercambios fluidos y las conexiones rápidas— se manifiesta en toda su luz. La diáspora y la comunidad local se transforman en mensajeros de amparo, movilizando recursos económicos y afectivos a través de canales indomables para la burocracia, recordándonos que las emociones asociadas a la gratitud, como explicaba Rafael López-Pedraza, son restauradoras del equilibrio del alma colectiva.

Comprender estas tres caras es una oportunidad para recordar que el dinero es, en última instancia, un conector con la realidad y con el otro. Para que nuestros actos solidarios construyan una cultura duradera, necesitamos protegerlos de la manipulación o del provecho propio que caracterizan a esa sombra del pícaro a la que nos hemos referido anteriormente.

Tras recorrer este mapa, la pregunta nos interpela en nuestra cotidianidad: Cuando nos conmovemos ante la necesidad del otro, ¿estamos buscando tender un puente hacia su autonomía o, de manera inconsciente, necesitamos su vulnerabilidad para validar nuestro propio lugar en el mundo?

En la próxima entrega nos aproximaremos a comprender cómo sostener la vida, el alma y el bolsillo cuando las estructuras externas vacilan, sea por crisis institucionales o por la volatilidad de un algoritmo en la nube: La ficción de los algoritmos: El hombre de a pie ante el gran balance global.

 

 

 

 

 

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