El sector azucarero en terapia intensiva: entre el colapso eléctrico y la inestabilidad climática

La producción de caña de azúcar apenas cubre entre 15% y 16% de la demanda nacional, afectada por fallas eléctricas y volatilidad climática. Representantes gremiales exigen al Estado garantizar condiciones operativas mínimas para evitar el desabastecimiento

Rueda de Prensa en las instalaciones de la Sociedad Regional de Ganaderos de Occidente (Sorgo) en Carora. Foto: John Romero

 

La producción nacional de azúcar atraviesa un momento crítico que amenaza la seguridad agroalimentaria del país y golpea directamente la economía de regiones productoras. De acuerdo con datos discutidos este miércoles 3 de junio de 2026 durante una rueda de prensa realizada en las instalaciones de Sorgo, en Carora, la producción de la zona apenas logra cubrir entre 15% y 16% de la demanda nacional.

Durante las sesiones de análisis, José Ricardo Álvarez, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Cañicultores de Venezuela; Ricardo Álvarez, presidente de la Sociedad de Cañicultores del Municipio Torres; y el ingeniero Armando Suárez, representante del Central Pastora C. A., expusieron una visión compartida sobre la fragilidad del sector. Los ponentes coincieron en que la actual crisis de inestabilidad operativa está erosionando la confianza de los inversionistas.

La volatilidad del clima se ha consolidado como un factor determinante en la productividad. De acuerdo con lo expuesto en el encuentro, el año pasado las zonas productoras, específicamente en el estado Portuguesa, sufrieron los estragos de precipitaciones atípicas que alcanzaron 1.500 mm en poco tiempo. Este fenómeno derivó en la pérdida de 400.000 toneladas de caña, lo cual redujo la producción proyectada de 5 millones de toneladas a 4.600.000 toneladas.

Actualmente, el escenario presenta un nuevo reto: las zonas del campo enfrentan condiciones secas, lo que obliga a los productores a buscar un uso más eficiente del agua para asegurar el desarrollo del cultivo. Para los especialistas, la rentabilidad del sector se ve severamente limitada por la gestión del agua y la precariedad del sistema eléctrico, destacando la gravedad de los cortes de energía y señalando que las zonas productoras enfrentan ciclos de hasta cinco horas sin servicio eléctrico, lo que interrumpe los procesos fundamentales.

Estos problemas se pagan a través de altos costos operativos que incluyen la perforación y extracción de fuentes hídricas, el mantenimiento de sistemas de bombeo esenciales para el riego que requieren energía constante, y el impacto definitivo de las tarifas eléctricas junto con la inestabilidad del suministro en la operatividad del campo.

 

 

 

 

 

 

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