El Loco Abelardo y la Valera de Antier |  Por: Alfredo Matheus

 

 

Por: Alfredo Matheus / Cronista Popular

No se sabe, si tenía “un cable pelado en la cabeza” o se la daba de “Locadio”…Abelardo se acompañaba de un enorme garrote de vero, a las 7 de la mañana, en aquella Valera de hace 50 años atrás, ya  estaba recorriendo las calles. Llegaba al negocio de  Sixto Pineda, uno de los comerciantes de mayor fortuna en la ciudad y le manifestaba con voz de general cinco estrellas: “Bueno, don Sixto, no sé cómo vamos a hacer para que me cancele la deuda que usted tiene conmigo, pero ya está bueno de tanta esperadera”. El comerciante sacaba de la caja registradora un bolívar  y se los entregaba. Abelardo, daba dos  fuertes garrotazos al piso y recordaba: “Vamos bien, Don Sixto, pero ya sabe; me queda debiendo 999 mil bolívares, mañana  volveré a pasar”…

“El Loco Abelardo” era muy querido por los valeranos. Los domingos, llegaba a misa en la iglesia San Pedro con un enorme perro al que había vestido desde el rabo hasta la cabeza con ropa de hombre,  llamaba la atención; unos enormes lentes negros que amarraba a  la cara del animal. Los feligreses que iban entrando a la misa dominical con el padre  Juárez, reían a carcajada suelta, mientras se hacían la señal de la santa cruz…El padre Juárez que tenía fama de ser sumamente serio, de carácter muy fuerte, y más delicado que un quesillo de piña, el único que le sacaba una sonrisa; era, Abelardo y el perro de lentes negros…

En una ocasión, a Abelardo,  lo consiguió en la calle, el famoso “Valvulina” que andaba con un amigo echándose las cervecitas. Manejaba   un carro que no tenía  el asiento de atrás, le dijeron a Abelardo que si quería viajar a Caracas,(eran mentiras)  se entusiasmó y se montó en el vehículo. Viajaron por la carretera vieja de Motatán que era puros huecos, en cada  cráter,  Abelardo se daba  fuertes golpes porque no había de dónde agarrarse, al llegar a la bomba de gasolina en Motatán, el famoso personaje se bajó del vehículo y le dijo a Valvulina: “Gracias muchachos, pero yo me quedo en este pueblo, aquí hay un bojote muy grande de comerciantes que me deben mucho, mucho dinero, y se marchó a pasó acelerado,  recordando tantos golpes que se llevó por estar de colero…”

“El Bagre Molina”

Reconocido ganadero de la Valera de la década de los años 60 en el siglo pasado. Era un parroquiano bonachón, bien parecido,  apasionado de la música mexicana, no se pelaba una película de Pedro Infante, siempre iba impecablemente vestido como los charros, un día cualquiera; los jóvenes valeranos comenzaron a imitarlo y a vestir a lo mariachi…

Un día se echó tremenda enamorada de una llamativa muchacha valerana, a los meses salió embarazada, la mamá de la muchachona no lo podía ver ni en pintura. Una  mañana “El Bagre” visitó a la familia en la Plata 2, la señora  le manifestó que a  su casa no entraba, el amigo Molina le dijo: “Ese nieto suyo es mi hijo, y yo quisiera ponerle una casa que tengo a nombre de su hija, usted sabe que el mundo da muchas vueltas”. La señora se fue en elogios: “Pues, pase adelante, y no se vaya sin almorzar,  espere que voy a llamar a mi hija,  ya le traigo café”…

 

Fuente. “La Valera de Antier”. Grupo de historia Local: “Pepino González”

 

 


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