EL LIBRO Y SUS ILIMITADAS INVENCIONES* | Por: Libertad León González

 

 

 

 

Por: Libertad León González

 

proseguí, digo, a la estudiosa tarea

(que para mí era descanso en todos los ratos que sobraban a mi obligación)

de leer y más leer, de estudiar y más estudiar, sin más maestro que los mismos libros.

 

Sor Juana Inés de la Cruz

 

 

La certeza tantas veces difundida sobre el libro como el objeto tecnológico más importante que el hombre haya creado sigue siendo relevante al considerar su presencia en la historia de las culturas, en la preservación de las lenguas originarias y en la evolución del pensamiento. El libro resguarda mitos, creencias, devela misterios, difunde hallazgos científicos, recapitula los hechos históricos, sensibiliza, recrea la realidad, crea mundos posibles, amplía la imaginación. Cada libro permea en el lector una forma inédita de comprensión e interpretación. Su consumo aprehendido en el espíritu de quien lee, amplía su conocimiento, su capacidad comunicativa y reflexiva, iniciada en la escuela, en esos primeros intentos, muchas veces fallidos, en el uso de la paráfrasis y la inferencia.

Para la hermenéutica moderna la relación de la tríada autor-texto-lector se reduce a priorizar la díada, texto-lector en tanto que, el texto posee implícito al autor, como condición ineludible. En ese instrumento reflexivo y de evasión, se muestra un discurso ordenado, coherente, razonable, creativo e imaginativo, para transferir al lector un tesoro que será resguardado con tal celo, física y espiritualmente, por la trascendencia de su contenido, en el mundo interior del lector comprometido. Entendemos por lector comprometido todo lector que busca en el libro hallazgos meritorios para ampliar su pensamiento o recrearse en otras realidades o mundos posibles. La literatura, en especial, recrea las múltiples posibilidades de la otredad. Rafael Cadenas en su libro En torno al lenguaje (1985) valora la literatura al considerarla: “la depositaria de la lengua. [porque] Atesora todo el esplendor de que ella es capaz.”1 Víctor Bravo (2011) reconoce en el lector que nace con la literatura moderna: “el dialogo infinito con el texto, la incomprensión siempre inconclusa que no termina.”2 Al entrar en el mundo fascinante de la lectura no hay vuelta atrás. Los libros se convierten en objetos de tus anhelos intelectuales cuando logras identificarte con un texto que va agregándose a tu inventario personal como piezas de colección.

Cada lectura o relectura lleva a nuevos descubrimientos. El tiempo se encarga de que la experiencia sea inédita y significativa, en ese encuentro con el libro que también involucra el apego a determinados temas y autores. Tal como ocurre en quien ve una película una e infinidad de veces. El cinéfilo se parece al lector comprometido porque siempre vuelve al título más apreciado, como anhelo de nuevos encuentros, llamadas lecturas recurrentes. En el libro se suscita la comparecencia de dos actos absolutamente implícitos, la lectura y la escritura. Diálogo inconcluso lo denominaría Maurice Blanchot. De allí la importancia de crear en el estudiante, el hábito de la lectura en el fuego del hogar y en la escuela.

Podemos promover la lectura del libro en nuestros jóvenes, continuamente. Motivarlos a ser lectores activos, atentos, que encuentren en cada libro una oportunidad valiosa para cruzar el voluptuoso mar de la vida. La experiencia de la lectura es una grandiosa forma de liberación. Quien aprende a leer, así como quien aprende a hablar alcanza el gran hallazgo de la comunicación interpersonal, en presencia para quien habla, a distancia para quien lee. La lectura se convierte en herramienta para ejercer la autonomía de criterio; luego, el lector podrá expresarse con razonamientos válidos en tanto que pueda configurar una interpretación sustentada en argumentos que delinean su pensamiento crítico.

En los últimos tiempos, la presencia del libro digital no puede verse como desventaja ante el libro físico, ha de existir una sana convivencia entre ambos. Aun cuando hojear, oler, subrayar renglones, marcar un libro físico constituye una experiencia única, también podemos experimentar la magia de poseer las palabras de un autor cuando su hallazgo se produce a través de las descargas gratuitas en la red en formatos PDF. De cualquier modo, en ambas versiones la definición del vocablo libro nos ubica en la definición del Diccionario Etimológico de la lengua de Joan Corominas: “Libro: Tomado del latín líber-bri-id, primitivamente significó parte interior de la corteza de las plantas (que los romanos emplearon como papel), de dónde el tecnicismo botánico líber”.3 Pienso, entonces, en la savia nutricia de los árboles trasladados con benevolencia para el desarrollo intelectual y espiritual del hombre. Tal es la semblanza que Irene Vallejo recrea del vocablo desde sus orígenes en su libro, El infinito en un junco (2019): “Papiro, de piedra animal, de árboles, de luz. Hoy las páginas de nuestros libros se abren como paisajes nevados que nos invitan a seguir líneas paralelas de pequeñas huellas agrupadas en azarosos intervalos.4

Sea entonces el libro, a partir de esta etapa maravillosa de sus vidas, ojalá, una ilusión que nunca se esfume porque la alegría del encuentro siempre es inédita, gratificante, silenciosa y, al mismo tiempo, estremecedora como ocurre con los relatos de un escritor venezolano que fue apodado Señor de la Ternura y que se llamó Francisco Massiani (Caracas,1944- Caracas, 2019). Hoy se los presento como uno de mis autores preferidos porque los representa en sus letras adolescentes. Entonces he aquí algunos de sus versos:

 

 

PARA ESCRIBIR UN POEMA

 

Yo

saco mi colt

la hago danzar brillante en el cielo

y cuando encaja en mi

mano bandolera

disparo tres poemas

que serán tres palomas

que serán tres banderas

que serán tres sombreros

y tres conejos

y tres lunas

y veinticinco amores.5
(…)

 

*Texto presentado el día jueves, 23 de abril en la Biblioteca “Andrés Eloy Blanco” del Liceo Rafael Rangel, con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro y el Idioma en el marco del Proyecto Educativo interinstitucional: “ Mario Briceño-Iragorry en el corazón de los Rangelianos .”

 

 

Referencias

 

 

 


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