César Pérez Vivas
El pasado domingo 25 de octubre, la nación venezolana se desbordó en una inmensa ola de emoción, alegría y esperanza. Tras siete intentos obstinados por parte de los usurpadores del poder para impedir su ingreso al territorio por vía aérea, María Corina Machado logró cruzar la frontera y presentarse ante su pueblo desde la emblemática Basílica de la Divina Pastora, en Santa Rosa, a las puertas de Barquisimeto. Este regreso no es un hecho fortuito: representa el triunfo definitivo de su perseverancia y un hito en la larga lucha por la democracia que libramos los ciudadanos.
A Machado le corresponde hoy la inmensa tarea de encauzar un profundo deseo de cambio que anida de forma inequívoca en el corazón de los venezolanos.
Agobiada y obstinada ante la sistemática destrucción provocada por el denominado «socialismo del siglo XXI», la inmensa mayoría de nuestros compatriotas clama por una transformación estructural. Este anhelo no es nuevo: se expresó con contundencia en las primarias del 22 de octubre de 2023 y se ratificó de manera masiva el 28 de julio de 2024, cuando derrotamos en las urnas al dictador Nicolás Maduro y elegimos como presidente de la República a Edmundo González Urrutia.
La conducta inescrupulosa de la cúpula roja, desesperada ante la debacle, la llevó a desconocer la voluntad popular. Maduro prefirió robarse la elección antes que entregar el poder como corresponde a un líder democrático. Sin embargo, hoy, cuando María Corina vuelve a caminar libremente por las calles de Venezuela, el ánimo social se eleva. La ciudadanía reconoce en ella a una conductora de carácter inquebrantable, con la mirada puesta firmemente en el objetivo.
Frente a las vacilaciones de ciertos sectores de nuestra sociedad que pretenden justificar la prolongación de un interinato estéril, la determinación de los líderes democráticos encabezados por Machado es clara: urge dar estricto cumplimiento al artículo 234 de la Constitución. En Venezuela existe una vacante absoluta de la presidencia de la República; es un hecho político y jurídico innegable. El mandato constitucional es taxativo: ante una vacante absoluta, deben convocarse elecciones presidenciales en un lapso de 30 días.
Los usurpadores instalados en el Palacio de Miraflores —sin que un solo voto legítimo sostenga su permanencia— pretenden atrincherarse allí hasta el término de un periodo ficticio iniciado el 10 de enero de 2025. Esta flagrante violación nos convoca a una intensa ofensiva política para que el mundo entero asimile el tamaño del fraude y la burla a la esperanza nacional.
El escenario geopolítico global exige, además, astucia y firmeza. Si bien es cierto que Estados Unidos ha planteado un esquema de tres etapas (estabilización, recuperación económica y transición mediante elecciones libres), no podemos perder de vista que existen poderosos intereses económicos gravitando en torno a Washington. Algunos actores pretenden ganar tiempo en complicidad implícita con la usurpación, buscando desarrollar proyectos comerciales que serían inviables bajo una República de leyes y seguridad jurídica real.
Por ello, el país deposita su confianza en el talento, el coraje y la honestidad con la que María Corina Machado lidera este proceso. La ruta no será sencilla. El régimen agotará todos los recursos para manipular a la opinión pública internacional y al poder estadounidense con el fin de dilatar el desenlace e intentar encajonarnos en un nuevo proceso fraudulento.
Debemos rechazar categóricamente las maniobras orientadas a alargar el sufrimiento del país o a desviar la atención hacia comicios de otra índole. La prioridad absoluta de la nación es la elección presidencial. Venezuela está plenamente preparada para medirse electoralmente: somos un país unificado socialmente en torno al cambio y carecemos de divisiones religiosas o raciales. Un proceso electoral transparente puede implementarse perfectamente en un lapso de cuatro a cinco meses. Esta es la exigencia perentoria que debemos plantear tanto a la dictadura como a la delegación opositora en las mesas de negociación y al propio gobierno de los Estados Unidos.
A partir de esta semana, el tablero político ha cambiado de forma irreversible. Se ha despertado el león dormido de una ciudadanía dispuesta a luchar hasta desplazar a la dictadura y restablecer el orden democrático. Unidos todos los sectores bajo la conducción de María Corina Machado, la movilización popular será imparable. La lucha se pone más interesante, el pueblo marchará con más fuerza y, finalmente, la democracia vencerá.
Caracas, 26 de Octubre del 2026
