El Hotel Guadalupe de La Puerta y la fuerza de su primera piedra (1ª. Parte) | Por Oswaldo Manrique  

 

 

Por Oswaldo Manrique.  

 

Aquel día, cuando se destemplada la niebla en complicidad con el viento que se colaba por el abra de la sierra, y llegaba un significativo grupo de visitantes en sus vehículos, con operativo de seguridad y guardaespaldas, venían desde distintos lugares del Estado y del país, los botones y ayudantes ansiosos por ayudarlos, gente del pueblo con sus llamativas lochas en las mejillas y sus rojas orejas toteadas por el sol, cargaban las maletas y equipajes y los seguían para subir los escalones de piedra que daban al mirador, ocurrió un hecho anecdótico en el Hotel.

Al culminar de atender una de las mesas, a Pedro Méndez, a quien le decían “Sabú” por su parecido con ese actor de películas de los años 50 – 60, le sucedió algo que consideró importante en su vida. Pedro era buen conversador y lograba manejar distintos temas de los cuales podía dialogar con los hospedados o clientes. El destacado mesonero del Hotel, oriundo de Duaca, estado Lara, le contestó a “Bigote” su colega:

 

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Esa primera piedra que marcaría la evolución económica de un aislado pueblo andino, se afincó en un sitio que en la antigüedad, fue el ingreso occidental a Venezuela y lo llaman La Puerta, nombre que sería inexpresivo si no recordara perpetuamente, <<en el hechizo de su vegetación geórgica, en la dulzura de su clima, en la mansedumbre del aire, en la bondad de sus gentes, en la serena alegría de la atmósfera y la embelesada melancolía del paisaje, imágenes que apropiadamente se le asocian como las de ingreso, pórtico, apertura>>(Regulo Burelli. Puerta del Paraíso. Discurso del 9-8-1969), alguien lo llamó el refugio y estancia de los Dioses.

Con la construcción y apertura del Hotel Guadalupe, se da un nuevo tiempo en la evolución económica totalmente agrícola de La Puerta, una nueva opción y visión se le agrega a la bondad del clima y el paisaje de este valle, dando impulso al turismo y a la prestación de servicios en esta actividad, así como, al comercio y la artesanía.

Para el año de su apertura, era el hotel más lujoso del estado Trujillo y del occidente del país. Caracterizado además por su impresionante fachada, que lo ha convertido en uno de los iconos de la población de La Puerta.  Fue parcialmente financiado por las compañías petroleras, por considerarlo sus funcionarios norteamericanos ideal para vacacionar; a este proyecto se agregaron empresarios de los estados Trujillo y Zulia.  El «Hotel Guadalupe de La Puerta», como lo denominaron sus promotores en 1943, fue construido inspirándose en hoteles europeos. La edificación según arquitectos tiene acentos neobarrocos.

 

La fuerza de la primera piedra del Hotel Guadalupe

En el Hotel Guadalupe u Hotel Club Guadalupe como se le llegó a llamar, el empedrado conjuga con sus paredes, por ese color calizo que va abrillantando con el transcurrir del día. Por supuesto destacable entre el hermoso y fresco pinar, en que habían convertido el área urbana de La Puerta.

Su fachada era una suerte de paisaje y cuadro europeo de pretéritas historias. El constructor e ingeniero don Jacinto Tucci, tuvo el tino para lograr una composición perfecta, entre la piedra decorativa y el blanco de las fachadas. Las enormes letras que lo identificaban, sobre los grandes arcos y aleros curvos de las amplias entradas.

No era un advenedizo este ingeniero. En 1939, fue inaugurado el imponente edificio Ekmeiro, en la antigua calle Comercio de Maracaibo, diseñado por el ingeniero Tucci, igualmente en 1941, fue inaugurada otra de sus obras: el Cementerio Municipal Sagrado Corazón de Jesús de Maracaibo. Fue un destacado ingeniero el Dr. Jacinto Tucci, en el campo religioso fue contratado por el Pbro. Delfín Paz, para diseñar el proyecto estilo neo clásico del frontis de la Catedral de Cabimas, construyendo la torre izquierda y el frontispicio.

Cuando el visitante o turista subía la escalinata del Hotel, llegaba al mirador y volteaba a observar la panorámica del río, valle y páramo, quedaba imbuido de tranquilidad, clima y recarga de buenas energías. Impensable que algún visitante pasara sin hacer un buen comentario.

Las cómodas caminerías encementadas soportan los bancos de descanso para los visitantes, rodeados de pinos, algunos con formas y figuras creación de los jardineros, uno de ellos “Mano Chon”, el Boconés de liqui liqui.

Lo imponente de su construcción resalta en medio del frescor de pinos, hubo un tiempo en que toda el área urbana y los alrededores de La Puerta y el Hotel, era un pinar. Así, la pequeña aldea de casas de techos de fajina y de los mismos páramos gariteros, combinó un deslumbrante paisaje natural revestido de neblina y del silbido del frío y el viento.

En el Hotel Guadalupe para esa época andaban caballos de paseo, un compromiso con la gente del pueblo, Alfonso Araujo, el señor Gil Combita y otros los alquilaban. El Hotel no era propietario de caballos, sin embargo, permitía que los que tenían, los alquilaran a los huéspedes y le dieran vueltas por todos los alrededores del hotel.

Pero para los habitantes de este pequeño pueblo campesino y para los visitantes que se alojaban allí, Tucci y su personal de arquitectos e ingenieros, albañiles, obreros, había logrado en aquel apartado lugar casi una hazaña. Llegó con su ingeniería, su proyecto, sus planos y equipos y la convirtió en símbolo de exuberancia y belleza, algo nuevo: un comodo y hermoso Hotel para aquellos y estos tiempos.

Como si los encantos naturales que ofrecía aquel hotel de serranía no fueran suficientemente atractivos, valía la pena presenciar la rutina, trato y hasta costumbres del personal que los atendía y el otro, que se encargaba de tener todo al día y presto para su uso, lo que también cautivaba al hospedado.

Personajes como Pedro Méndez, su jefe de mesoneros. Había llegado en 1965 al Hotel Guadalupe, tenía unos 30 años, vivía en Valera donde tuvo a su cargo la administración del Hotel San Cristóbal que quedaba al lado del Cine Libertad y tuvo el Bar Restaurant Roma, ahí en el centro, luego trabajó como mesonero en el Hotel Imperial y en el Motel Valera.

De sus comienzos en este ramo, recuerdan sus familiares que fue anecdótico. Joven, acostumbrado a ir al Hotel Hack, a conversar y echar cuentos, un amigo de nombre José Hidalgo que cuidaba carros frente al hotel, hablaba mucho con él y un día necesitaban un mesonero, le dijo:

En una ocasión, tuvo una discusión con un barman, Carlos Quintero “Tantico”, le reclamó algo que no le gustaba y al día siguiente en la mañana, iba llegando al hotel contento y lo esperaba Quintero, quien le dijo:

Mire Pedro…  Él, inmediatamente moviendo las dos manos como girasoles, le contestó:

– No, no, no, ahorita no me esté hablando porque estoy muy ocupado.

–  Pero tenemos que hablar.

–  Ahorita no me esté reclamando nada, estoy muy ocupado. Era una manera práctica de decirle o hacerle ver las cosas a los empleados. Lo acompañaban, ademas de “Bigote”, Julito Viloria cocinero, el maestro Angel Chef de cocina, Bernardino Lobo, Carlos Quintero y Oswaldo Gonzalez. El gerente era don Carlos jaegger, y jefe del taller mecanico un señor de apellido Malhan de origen aleman.

Otro personaje, fue Manuel “El Hachazo”, también mesonero, libraba los lunes, vivía en Santo Domingo, Valera, él de vivo se llevaba un pan de los que hacían en el hotel, pan muy sabroso, exclusivamente para el consumo de los visitantes y se metió ese día uno, en la bolsa de los interiores sucios y cuando llegó a la casa su esposa vio aquello de donde se lo estaba sacando y le dijo:

– ¡Ah muérgano!  Le arrebató el pan y lo botó a la basura.

 

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Como muchos otros hoteles importantes, desde su creación y en sus más de 80 años de historia, el Hotel ha acogido a famosos y conocidos huéspedes: políticos, artistas de cine y televisión, músicos, deportistas, intelectuales, miembros de la realeza y personajes famosos de distintos lugares del mundo. Algunos de sus primeros huéspedes fueron el poeta Andrés Eloy Blanco, presidentes de la República como Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, así como los presidentes de la República Argentina, general Juan Domingo Perón e Isabelita Perón, entre otros.

Aunque parezca simbólico, el acto institucional de 1943, de  colocación de la piedra fundacional en los cimientos y estructura de la edificacion del hotel, como inicio de su construcción, causó un significativo efecto con  incidencia en lo económico, lo social, en las tradiciones y costumbres de La Puerta, marcando un hito histórico para las próximas generaciones.

 

 


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