Ciudad de Panamá, 27 feb (EFE).- Más de 2.000 personas han entrado este mes a Panamá por la frontera con Costa Rica en un creciente flujo migratorio inverso, hacia el Sur, tras ver frustrada su intención de ingresar a Estados Unidos, al tiempo que sigue cayendo el número de estos que insisten en ir hacia el Norte, informó este jueves el presidente panameño, José Raúl Mulino.
Durante su conferencia de prensa semanal, el jefe de Estado señaló que se espera que este febrero cierre con «410 migrantes más o menos», en su mayoría venezolanos, llegando a Panamá en ruta hacia el Norte tras cruzar la peligrosa selva del Darién, la frontera natural con Colombia por la que hasta hace pocos meses transitaban miles de personas al día.
La cifra de febrero, al compararla con los «2.229 inmigrantes» que llegaron al país en ruta hacia el Norte en enero pasado, supone una reducción «muy grande y positiva», que contrasta con el flujo migratorio inverso, «que va en ascenso», expresó Mulino.
El creciente flujo inverso
Precisó que este mes han llegado a Panamá con destino al Sur 1.588 adultos, de estos 819 mujeres, y más de medio millar de menores de edad.
«Estamos muy compenetrados en colaborar, sobre todo con nuestro otro vecino que es Costa Rica, que ahora le toca la puerta de entrada de todo este cúmulo de personas que tenemos nosotros que ayudar a ingresar a Panamá con respecto a sus derechos humanos, etc. (…) han entrado 2.200 personas», dijo Mulino.
Estos migrantes, en su gran mayoría venezolanos, proceden de México, según ha relatado algunos de ellos a EFE, con la intención de llegar a través de la costa del Caribe a Colombia y de allí a su país o un tercer destino, y evitar adentrarse nuevamente en la selva, que es la única vía terrestre que comunica al istmo centroamericano con el Sur del continente.
Esfuerzos de coordinación con Colombia
En este contexto, este jueves muy temprano zarparon desde un puerto de la provincia de Colón, aledaña a la capital, tres barcos gestionados por las autoridades panameñas con 180 migrantes con destino a la frontera con Colombia, en lo que aparentemente es una nueva ruta oficial para agilizar de forma segura el flujo migratorio en el viaje de retorno a Sudamérica.
El uso por parte de las autoridades de migración de Panamá de estas grandes embarcaciones de madera y cubiertas, capacitadas para cubrir largas distancias, es aparentemente un nuevo método para tratar de controlar el flujo de retorno hacia el sur de una manera más segura, después de que el viernes pasado naufragó una lancha en la que viajaban 21 personas, de ellas 19 migrantes de Venezuela y Colombia, muriendo una niña venezolana de 8 años.
«Estamos haciendo esfuerzos muy concretos con el Gobierno de Colombia para que nos permitan llevar a Cúcuta a los ciudadanos venezolanos, solo venezolanos, que son la mayoría (…) y que les permitan la entrada a Venezuela», dijo Mulino en ese sentido.
Se gestiona el regreso de migrantes enviados por EE.UU.
Mulino aseguró además que «ha ido disminuyendo favorablemente» el número de migrantes irregulares extracontinentales que permanecen en el país luego de que fueran enviados por Estados Unidos en el marco de un acuerdo bilateral.
De las 299 personas que llegaron en vuelos procedentes de Estados Unidos, «113 ya se fueron de Panamá, 16 viajan hoy, 58 están en proceso de compra de boletos de avión y 112 todavía (están en el albergue temporal) en San Vicente, en Darién, atravesando el proceso de documentación, porque vinieron muchos de ellos sin ningún tipo de documento de viaje», precisó el gobernante.
«No hay establecido ningún vuelo adicional» con migrantes extracontinentales procedentes de EE.UU. hacia Panamá, que acordó ser un país «puente» para la repatriación de estos, sostuvo Mulino.
Reiteró que en la gestión de repatriación de estos migrantes intervienen organismos como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), «que tienen una misión que cumplir y la están cumpliendo».
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