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EL DERROCAMIENTO DE MADURO Y EL TUTELADO “RENACER” PETROLERO | Por: Rafael Quiroz Serrano

por Redacción Web
02/02/2026
Reading Time: 13 mins read
Rafael Quiroz Serrano

Rafael Quiroz Serrano

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Rafael Quiroz Serrano*

 

El 3 de enero de este año marcó un hito en la historia contemporánea de Venezuela: el derrocamiento del presidente (ilegitimo de origen) Nicolás Maduro, un evento que no solo alteró el panorama político interno, sino que también reverberó en las esferas geopolíticas globales. Este suceso ha abierto las puertas a una transición tutelada por Estados Unidos (EE.UU.), con un enfoque primordial en la reactivación de la industria petrolera.

En este contexto, los anuncios del presidente Donald Trump sobre políticas energéticas han cobrado un protagonismo central, posicionando a Venezuela como un tablero clave en la disputa por el control de recursos estratégicos y la estrategia estadounidense de dominación energética, inscrita en la aplicación de la política exterior de áreas geográficas de influencia (Doctrina Monroe).

A continuación, se hacen esfuerzos para ordenar los elementos clave de este nuevo capítulo, se esbozan escenarios económicos y políticos plausibles, y se analizan los obstáculos que podría enfrentar la administración Trump en su ambicioso plan de recuperación rápida del sector petrolero venezolano.

 

EL DERROCAMIENTO DE MADURO Y SU SIGNIFICADO GEOPOLÍTICO

El colapso del régimen madurista el 3 de enero se produjo en medio de una crisis económica aguda, amenazas de hiperinflación, salarios deprimidos y un aislamiento internacional creciente del gobierno venezolano. La intervención militar efectiva, y altamente eficiente por parte de EE.UU., puso fin a más de dos décadas de chavismo, caracterizado por una incompetencia e incapacidad manifiesta a toda prueba, y violación a los derechos humanos en todas sus expresiones. Este evento no es meramente un asunto doméstico; representa un giro en las alianzas globales. Venezuela, poseedora de una de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, ha sido un aliado estratégico para potencias como China, Rusia y Cuba, que han disfrutado de ventajas notables y precios preferenciales en el acceso a su crudo, y a diversos minerales, a cambio de apoyo político y financiero.

Los anuncios de Trump, realizados en las semanas siguientes al derrocamiento de Maduro, buscan revertir esta dinámica. El presidente estadounidense ha enfatizado la necesidad de reactivar la industria petrolera venezolana bajo un «tutelaje claro» que priorice los intereses de empresas estadounidenses. Esto implica desplazar a los beneficiarios previos –China, Rusia y Cuba– y fomentar inversiones de capital privado de EE.UU. para reconstruir la infraestructura energética deteriorada. El objetivo es preparar el terreno para un auge en la producción a mediano y largo plazo, convirtiendo a Venezuela en un proveedor confiable de petróleo para el mercado norteamericano y reduciendo la dependencia de fuentes inestables en Oriente Medio.

 

LA RESPUESTA CORPORATIVA Y LA NECESIDAD DE REFORMAS LEGALES

Sin embargo, la respuesta inicial de gigantes petroleros desde la misma Casa Blanca, al llamado del presidente Trump, como ExxonMobil y ConocoPhillips ha sido dubitativa. Ambas compañías, que sufrieron expropiaciones y modificaciones contractuales durante el gobierno de Hugo Chávez, particularmente con la reforma de la Ley de Hidrocarburos en 2006, cuando se aumentó la participación mayoritaria de PDVSA en empresas mixtas. Las “majors”, por ello, citan riesgos persistentes de incautación e inestabilidad jurídica como trabas para brindarle respaldo a los anuncios de Trump.

Sin duda que existe reticencia de las empresas estadounidenses grandes dispuestas a invertir inmensos capitales o llamadas a invertir como son Exxon y Conoco. Están esperando a que se defina más claramente la cuestión jurídica, para no arriesgar una inversión que podría verse truncada por un cambio político interno adverso o un giro contrario en el propio gobierno estadounidense que, por ejemplo, signifique una derrota política del partido Republicano, y que lleve a cuestionar la continuidad de los actuales planes de Trump con respecto a Venezuela. Bien sabemos que de la fortaleza política de Trump va a depender lo que vaya a pasar en Venezuela.

 

EN MANOS DE CHEVRON

En el caso del devenir de la producción petrolera en Venezuela su recuperación va a ser lenta y descansará en los planes de Chevron, ya que en los casos de Eni y Repsol, estas empresas están más orientadas a la producción de gas natural, y su principal interés es cobrarse la deuda que tienen con PDVSA, habida cuenta que no ha sido honrada desde marzo de 2025. Es decir, Chevron tiene una agenda más clara.

Persiste la duda, aun en el caso de Chevron, si se puede contar con grandes inversiones, tal como espera Trump que pase. Esperar un compromiso importante de inversión en el caso de las empresas mixtas asociadas a capital chino o ruso es una interrogante, debido a la pérdida del musculo político de Rusia y China en Venezuela, luego del derrocamiento de Maduro. Repetimos, entonces que cualquier prospecto de incremento rápido de la producción petrolera venezolana va a depender de Chevron. Hay que recordar que el único mejorador operativo actualmente es Petropiar, donde participa Chevron. Asimismo, Chevron ha venido subiendo lentamente la producción en Petroboscan y la Faja del Orinoco, y en menor dimensión en Petro-independencia y Petro-independiente.

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LA PRODUCCIÓN PETROLERA VENEZOLANA

En un escenario optimista la producción petrolera en Venezuela puede subir 300.000 barriles diarios hasta finales de 2027. En el muy corto plazo Chevron ha anunciado que podría subir la producción en 50% con respecto a los 220.000 barriles diarios (B/d) de la actualidad, lo que implicaría solo un incremento de 110.000 B/d. Chevron es la empresa que garantiza más continuidad por su relación de cercanía al chavismo y su interés en trabajar con otro gobierno que se constituya, producto de un viraje político importante.

Lamentablemente, hay que descartar la posibilidad de contar con PDVSA en los planes de recuperación rápida de la producción petrolera, debido al estado calamitoso de esta empresa. Por ello, se está poniendo tanto énfasis en la recuperación y reconstrucción de su infraestructura, tanto petrolera como del sistema eléctrico, para poder operar la industria petrolera nacional (IPN). Solo así se podrían materializar los planes de aumento sostenido de la producción petrolera. Ahora, surge la pregunta de quién va a hacer este trabajo de mejora de la infraestructura, quién va a financiarlo?

Pareciera que los fondos van a salir de las propias ventas del petróleo venezolano, que ahora es controlado por el gobierno estadounidense. También se espera que las empresas interesadas lo hagan, más aún cuando los fondos son administrados por EE.UU. Esto pareciera estar encaminado por las nuevas licencias que debe aprobar la OFAC para las empresas que actualmente laboran en Venezuela, y con unas condiciones más favorables en cuanto a manejo de los recursos producidos en su explotación.

Igualmente, se espera un pronto regreso de las empresas gigantes prestadoras de servicios como Baker and Hughes, Halliburton y Schlumberger. En el caso de las gigantes comercializadoras de petróleo como Vitor y Trafigura, ya recibieron sus licencias, y la misma Chevron está vendiendo crudo no producido por ella en EE.UU. Por su parte, Eni y Repsol ya han solicitado licencias a la OFAC para operar con más amplitud en Venezuela.

Sin embargo, la posible recuperación de la producción petrolera venezolana será lenta y dificultosa, y no tan rápida y significativa como algunos dicen o quieren hacer creer. Hay quienes han afirmado que en 2 o 3 años Venezuela pudiera estar produciendo hasta 5 millones de barriles diarios (MMB/d); ni siquiera a 1.5 MMB/d para diciembre de este mismo año (2026). Producir petróleo no es tan fácil como producir papa, patilla y champiñones, es una labor titánica que requiere de maquinaria pesada, cierto protocolo industrial y adentrarse al subsuelo (con un taladro) a una profundidad de 6.800 metros, que es la profundidad promedio del pozo petrolero venezolano. Y hay quienes haciendo uso de su exaltación verbal, llegan casi a declarar, por estos días, una especie de “renacimiento” petrolero en Venezuela, al afirmar: “Es el momento que se dispare de manera exponencial la producción de petróleo en Venezuela” (J. Rodríguez); definitivamente la ignorancia como la insensatez son atrevidas.

 

LA FAJA DEL ORINOCO (FO)

Un punto que no se puede perder de vista y que significa un baño de realismo sobre las perspectivas ciertas de recuperación de la producción, es poner los pies en la tierra sobre el optimismo exacerbado que pueda haber respecto a la Faja del Orinoco (FO). En efecto, existe una enorme cantidad de recursos de hidrocarburos en esa zona (sin ser el mayor reservorio del mundo, como se afirma repetidamente sin consistencia alguna) pero es un petróleo extra-pesado de muy baja calidad (menor a 9.9 grados API), contentivo de mucho azufre y minerales, que requiere no solamente una inmensa inversión para ponerla a producir a una gran escala, sino que deben recuperarse los mejoradores ubicados en Jose para poder aumentar el grado del crudo y hacerlo atractivo como producto de exportación, amén de una creciente cantidad de diluentes para su transporte desde su lugar de producción.

El crudo de la FO tiene un costo de producción que oscila entre 27 y 35 dólares el barril y su factor de recobro es solo del 20%. La FO ya no es tan atractiva, bondadosa y ventajosa como lo era antes, por allá, en la última década del siglo pasado (años ’90). Con respecto a este mito, son muchas las verdades que deliberadamente se ocultan detrás de esta fábula, pero este tema lo dejaremos para una próxima oportunidad.

Los campos maduros, llamados también marginales, de Oriente y Occidente que producen crudos de mejor calidad, y que oscilan alrededor de los 20.000 pozos, pudieran ofrecer una respuesta productiva más rápida y menos costosa, sin acarrear el uso de diluentes. Asimismo, el parque refinador debe ponerse en pie, ya que solo trabaja con una capacidad real de 20% de toda su capacidad instalada (1.3 MMB/d); esto, sin embargo, no se ha mencionado particularmente en los planes de Trump, y su puesta a punto no puede depender de una empresa como PDVSA cuyo estado es cada vez más frágil.

 

LA REFORMA DE LA LEY DE HH

Para superar estos temores, se hizo imperativo una reforma profunda en la legislación de hidrocarburos venezolana. Esta tuvo que incluir garantías fiscales y jurídicas que protejan las inversiones, como cláusulas de arbitraje internacional, exenciones tributarias temporales y un ajuste al precio de liquidación (Regalías), para atraer capital estadounidense y mitigar el «riesgo país» que ha ahuyentado a inversores en los últimos 26 años. Los capitales petroleros internacionales suelen ser apáticos a concurrir a países donde no se les brinde comodidad y blindaje a sus inversiones, por lo que si Venezuela no les ofrece tales garantías, no valdrán llamados, ruegos, estímulos ni emociones que se les pretenda dar desde la Casa Blanca en Washington.

En una fase inicial, el impulso a la recuperación provendrá de empresas ya presentes en el terreno venezolano, como Chevron (estadounidense), Eni (italiana) y Repsol (española), junto con algunas solo prestadoras de servicios petroleros internacionales. Estas entidades, con operaciones limitadas durante el régimen madurista debido a sanciones, están posicionadas para -de inmediato- acelerar la producción en forma moderada. Simultáneamente el gobierno de EE.UU., a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), planea modificar licencias existentes para permitir una expansión operativa; sin embargo, tal expansión no será tan de inmediato ni a gran escala como mucha gente piensa y pontifica. El petróleo es la materia prima -hoy por hoy- más importante para el mundo desarrollado; y sin petróleo no hay crecimiento ni desarrollo económicos posibles.

La nueva reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos plantea, en términos macro, un nuevo marco jurídico que regula la explotación, producción y comercialización de los hidrocarburos en territorio nacional. Se trata de definir las pautas o reglas que regirán las normas mediante las cuales el capital petrolero internacional, representado a través de las empresas transnacionales, hará las inversiones correspondientes en la industria petrolera nacional. Reglas, términos, conceptos y categorías claras que garanticen transparencia y seguridad jurídica a todos los capitales extranjeros necesarios, y un paraguas de protección a las pocas compañías que hasta ahora en su “buena fe” operan bajo la Ley Constitucional de Inversión Extranjera Productiva y la Ley Antibloqueo.

Es decir, lo que se pretendió es elaborar una especie de nueva Apertura Petrolera (una tercera) con mejores atractivos, que permitan seducir a ingentes capitales internacionales. La enmienda representa como reforma una auto-limitación voluntaria del poder del Estado para recuperar la confianza del mercado de los hidrocarburos, moderándose a través de mecanismos que limiten la discrecionalidad estatal, en casos tales como el arbitraje independiente, los precios de liquidación (Regalías), la seguridad jurídica y la transparencia contractual. Es importante añadir que una excelente enmienda a la Ley Orgánica de Hidrocarburos es insuficiente si la misma no va acompañada, simultáneamente, con una transición democrática que garantice, fehacientemente, la tan anhelada estabilidad política exigida por el capital petrolero internacional.

Se estima que, en un escenario optimista, esto podría incrementar la producción en alrededor de 400.000 B/d en los próximos dos años, partiendo de los niveles actuales deprimidos (alrededor de 850.000 B/d, frente a los 3.2 MMB/d de la era pre-chavista); es decir, la producción podría estar llegando a 1.3 MMB/d para finales de 2027. La recuperación de la producción petrolera será lenta, muy lenta, y no como ya algunos la anuncian a cuatro vientos a manera de un festival energético, o feria internacional del petróleo, que los lleva a declamar desde Miraflores poemas, o sublimes cánticos elevados al arco iris, cuando ya el día rinde su jornada: “Venezuela en materia de producción petrolera llegará a la par de Arabia Saudita y de EE.UU.” (D. Rodríguez). Hay un largo camino por delante, para recuperar la producción petrolera venezolana a sus niveles anteriores. Pero, hay que ser realistas, serios y responsables a la hora de hablar de reservas y producción de petróleo en Venezuela, para no hablar dislates, mitos, leyendas y fabulas, y de esta manera alimentar fantasiosas esperanzas y gloriosas expectativas en toda la población entera.       

Adicionalmente, una medida clave para facilitar esta recuperación es el control estadounidense sobre la comercialización del crudo producido y la administración de los ingresos generados por concepto de exportaciones de crudo. Estos fondos se destinarán a estabilizar financieramente al gobierno de transición, soportar la actividad petrolera y evitar desvíos hacia malos manejos, o aliados extranjeros, como lo ocurrido en los últimos 27 años. Este enfoque, no solo asegura retornos para los inversores, sino que también fortalece la legitimidad del nuevo régimen de transición, al vincular la prosperidad económica con la estabilidad política. Sin estabilidad política y económica no vendrán capitales petroleros internacionales a Venezuela.

 

ESCENARIOS ECONÓMICOS Y POLÍTICOS PARA VENEZUELA

 

Escenario Económico Optimista: Recuperación Acelerada y Dependencia Estratégica. En un panorama favorable, la inyección de capital estadounidense podría elevar la producción petrolera a 1.5 – 2 MMB/d en cinco años, generando ingresos anuales superiores a los 50.000 MMU$ (asumiendo precios del crudo en torno a 70-80 U$B). Esto impulsaría un crecimiento del PIB del 5-8% anual, permitiendo inversiones en infraestructura básica, salud y educación.

Sin embargo, esta recuperación vendría con una fuerte dependencia de EE.UU., potencialmente limitando la diversificación económica y exponiendo a Venezuela a fluctuaciones en la demanda energética global, especialmente con la transición hacia energías renovables, independientemente de lo lejano -muy lejano- que se pueda ver tal transición. A largo plazo, podría fomentar un «renacer» industrial, atrayendo inversiones en refinación y petroquímica, pero a costa de concesiones soberanas. Con este escenario, podría Venezuela estarse convirtiendo en una especie de “protectorado petrolero” de los EE.UU. y quedaría atada (además de monitoreada) en la definición de su política petrolera, así como también pondría en riesgo su permanencia en la OPEP, al no poder cumplir con los compromisos adquiridos con la Organización en lo que respecta a las cuotas de producción, principal arma geopolítica para regular la oferta global y así influir en la ecuación Oferta/Demanda en favor de los precios de realización, venta o mercado. Este factor (Oferta/Demanda) va a ser determinante en la definición de los ingresos petroleros por concepto de exportaciones de hidrocarburos.

 

Escenario Económico Pesimista: Estancamiento y volatilidad. Si la aplicación de las reformas legales se demoran, no son suficientes o enfrentan resistencia, la producción podría estancarse en niveles bajos, perpetuando la inestabilidad social y económica. La exclusión de China y Rusia podría desencadenar disputas por deudas pendientes (Venezuela debe miles de millones a estos países), complicando el acceso a mercados alternos y exacerbando la inestabilidad financiera; además de exponernos a demandas internacionales por incumplimiento de contratos estructurales. En este caso, el PIB podría contraerse un 2-3% adicional en 2026-2027, con riesgos de hiperinflación recurrente.

 

Escenario Político Optimista: Estabilidad tutelada y transición democrática. Bajo tutela estadounidense, el gobierno de transición podría consolidar instituciones democráticas, celebrando elecciones libres -en no menos de tres años- una vez que se estabilice políticamente el país y atrayendo apoyo internacional multilateral para la reconstrucción. El control de ingresos petroleros por EE.UU. podría minimizar la corrupción, fortaleciendo la legitimidad del nuevo liderazgo y canalizando democráticamente las aspiraciones de los partidos políticos, incluyendo al chavismo y la variopinta oposición política actual.

 

Escenario Político Pesimista: Fragmentación y conflictos internos. La percepción de «tutelaje» como intervencionismo podría avivar sentimientos nacionalistas, generando protestas o divisiones en la oposición. Aliados del antiguo régimen, respaldados por Rusia o Cuba, podrían fomentar sabotajes, prolongando y ahondando la inestabilidad del país.

 

OBSTÁCULOS PARA LA ADMINISTRACIÓN TRUMP EN LA TRANSICIÓN

A pesar de la ambición, el gobierno de Trump enfrenta múltiples barreras para lograr una reactivación veloz de la industria petrolera venezolana: resistencia legal e institucional interna. La reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos requirió aprobación de la Asamblea Nacional venezolana con problemas de legitimidad de origen. Además, litigios pendientes por expropiaciones pasadas (como los arbitrajes de Exxon y Conoco en la CIADI) podrían demorar acuerdos de fuertes inversiones.

Oposición Internacional: China y Rusia, con inversiones y deudas acumuladas en PDVSA, podrían bloquear accesos a mercados o imponer sanciones indirectas. Cuba, dependiente del petróleo venezolano subsidiado, podría alentar inestabilidad regional. Deterioro infraestructural y falta de mano de obra calificada: Años de subinversión han dejado refinerías, pozos y oleoductos en ruinas, requiriendo miles de millones en reparaciones inmediatas. La emigración masiva ha provocado una escasez de ingenieros y técnicos, potencialmente retrasando operaciones por 6-12 meses.

 

VOLATILIDAD DEL MERCADO PETROLERO

Precios bajos del crudo (debido a sobreoferta global o recesión) podrían desincentivar inversiones. Además, la agenda verde de otros actores internacionales podría presionar contra expansiones fósiles. En este sentido las empresas extranjeras podrían exigir una reducción del “government take” que sea competitivo al de su vecina Guyana, donde lidera Exxon la actividad de producción al lado de Chevron y empresas estatales chinas.

 

RIESGOS POLÍTICOS DOMÉSTICOS EN EE.UU.

La oposición demócrata en el Congreso estadounidense podría escudriñar el «tutelaje» como intervencionismo, limitando fondos o aprobaciones OFAC. Escándalos éticos en contratos con empresas estadounidenses también podrían surgir. Un revés político de Trump en las elecciones de mitad de período, que refuerce el liderazgo del partido Demócrata en ambas Cámaras deliberativas, podría debilitar los planes petroleros de Trump en Venezuela.

En resumen, el derrocamiento de Maduro el pasado 3E, representa una oportunidad histórica para Venezuela, pero su éxito depende de una navegación hábil entre intereses geopolíticos y realidades locales. La visión de Trump de un renacer petrolero bajo liderazgo estadounidense es audaz, pero los obstáculos subrayan la complejidad de transformar un colapso en prosperidad. Y todo esto, nos demuestra -una vez más- que, después de 120 años, el Estado venezolano sigue atado umbilicalmente al ingreso petrolero por concepto de exportaciones, debido a que aún no hemos remediado las patologías de la renta petrolera.

El temor a poder convertirnos en una especie de enclave petrolero, o en un “protectorado” energético de los EE.UU., nos reafirma -nuevamente- que cada día más dependemos del petróleo, que mes a mes todo sigue convirtiéndose en la benevolencia del petróleo, y cada año que pasa reafirmamos cuál vulnerables somos -con todas su perversidades- a los factores, variables, conflictos e intereses geopolíticos, que se entremezclan satánicamente en el mercado de los hidrocarburos. El futuro de Venezuela pende de un equilibrio delicado entre recuperación petrolera y soberanía política. He ahí el problema (“That’s the question”).

 

*Economista petrolero

Tags: PetróleoRafael Quiroz Serrano
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