En el ejercicio del periodismo, la presión por publicar suele ganarle el pulso a la pausa necesaria para reflexionar. Sin embargo, como bien enseñaba Gabriel García Márquez y sostienen las orientaciones de su Fundación, el periodismo no es una carrera de velocidad, sino de pertinencia y ética. Hoy, más que nunca, el mayor servicio que un periodista puede hacer a su audiencia es filtrar la paja del trigo y reconocer cuando un hecho, por más ruidoso que sea, carece de valor periodístico.
El ruido no es trascendencia
La Fundación Gabo enfatiza que el periodismo debe servir al interés público, no a la curiosidad del público. Una declaración estridente, un rumor en redes sociales o un altercado aislado sin consecuencias sociales pueden generar clics, pero no son noticia. Si el hecho no altera la vida de la comunidad, no aporta contexto o no revela una verdad oculta, estamos ante un espectáculo, no ante una información.
La trampa de las “declaraciones de oficina”
Es común ver notas de prensa que solo contienen elogios mutuos entre funcionarios o anuncios de reuniones que no concluyen en nada concreto. Siguiendo la ética de la Fundación, el periodismo debe alejarse de la propaganda. Cuando un evento es meramente protocolario y no ofrece un impacto real en la ciudadanía —como una solución a un problema o un cambio de política—, el periodista debe tener la valentía de no convertirlo en titular. La noticia está en el resultado, no en el saludo.
El sesgo de la inmediatez vs. la verificación
El maestro Javier Darío Restrepo, pilar del Consultorio Ético de la Fundación Gabo, sostenía que la verdad no se improvisa. Un dato sin verificar, por muy impactante que parezca, no es noticia; es un riesgo reputacional. Publicar algo “porque todos lo están diciendo” es renunciar a la esencia del oficio. La “no noticia” suele disfrazarse de urgencia para evitar que el periodista haga las tres preguntas básicas: ¿Es verdad? ¿A quién beneficia? ¿Qué contexto le falta?
Lo privado no es público
A menudo, la frontera entre la vida privada de los personajes y su relevancia pública se desdibuja. Las orientaciones de la Fundación son claras: si un hecho pertenece a la esfera íntima y no tiene una incidencia directa en el desempeño de una función pública o en el bienestar común, no debe ser noticia. La morbosidad es el enemigo número uno de la calidad informativa.
La ausencia de “por qué”
Si un hecho no permite responder al “por qué” o al “para qué”, probablemente sea un suceso huérfano de valor. La noticia requiere una estructura que ayude a la sociedad a comprender su entorno. Si lo que tenemos entre manos es un dato aislado que no conecta con la realidad del país o la región, es simplemente un dato, no una historia periodística.
Identificar una “no noticia” es un acto de respeto hacia el lector. En un mundo saturado de contenido, el periodista que decide no publicar lo irrelevante está protegiendo el bien más preciado del oficio: la credibilidad. Como decía Gabo, “en el periodismo, un solo dato falso deforma toda la historia”. Del mismo modo, una sola noticia irrelevante deforma la misión de servicio de un medio de comunicación.
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