El amor permanece, el dolor que se comparte | Por: Oswaldo Gómez

Fotografías Luis Huz

 

Oswaldo Gómez

Fotografías Luis Huz

 

Hoy se cumple un mes desde que nos tocó despedirte, mamá. Ha sido un tiempo de silencio y de aprender a caminar con tu ausencia. En este camino, hemos comprendido una gran verdad: el duelo es simplemente amor que se quedó sin a dónde ir. Todo este dolor que hoy sentimos no es más que el reflejo de la inmensidad de tu paso por nuestras vidas; un amor que ya no puede entregarse en un abrazo, pero que se refugia con fuerza en nuestra memoria.

Fuiste, en toda la extensión de la palabra, una madre amorosa. Tu vida fue un testimonio de entrega absoluta, siendo siempre esa mujer hogareña que convertía nuestra casa en un refugio seguro. Pero tu corazón era demasiado grande para quedarse encerrado: fuiste también la mamá de nuestros hermanos de corazón, extendiendo tu cuidado, tu plato de comida y tu palabra oportuna al que lo necesitara. Tu naturaleza solidaria no conocía fronteras.

Fotografías Luis Huz

Quienes te rodeamos admiramos siempre tu mente y tus manos:

Fuiste una mujer culta y sabia, una verdadera maestra de pueblo que enseñaba con el ejemplo diario, la paciencia y los valores.

Tuviste el alma de una artesana, capaz de transformar lo simple en algo hermoso, tejiendo lazos de unión en la familia.

Fuiste esa abuela tierna que arrulló a sus nietos con una dulzura inmensa que se queda grabada en sus vidas para siempre.

Hacia el final, nos diste la lección más grande de todas. Tu espíritu fuerte jamás se doblegó; tu cuerpo no te pudo sostener más, pero tenías demasiada voluntad. Luchaste con la dignidad de las grandes almas, demostrándonos que la fuerza interior trasciende por completo la fragilidad física.

Hoy recordamos que cuando alguien muere, la relación no muere con él. El vínculo contigo no ha terminado, simplemente ha cambiado de forma. Seguimos relacionándonos contigo a través de tus gestos heredados, de las conversaciones internas que mantenemos en la mente y de los recuerdos compartidos. Sanar no significa olvidarte; significa aprender a vivir con tu ausencia sin que el dolor gobierne nuestra vida.

El duelo es un territorio complejo que cada quien cruza de manera distinta, y en este proceso entendemos que el duelo necesita ser visto para poder sanar. No buscamos frases hechas ni consejos rápidos que pretendan «arreglar» nuestra tristeza; lo que nuestro corazón necesita es que este dolor sea recibido, respetado y compartido por quienes nos aman, para que el peso de tu partida se cargue entre varios.

Mamá, hoy tu cuerpo no está, pero tu luz y tu legado siguen intactos. Te extrañamos cada día, pero te honramos transformando la herida en amor permanente y viviendo con la fuerza que nos plantaste en el pecho.

Vuela alto, nuestra eterna maestra.

Tus hijos.

 

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