Despertar bajo el sonido de los disparos: la vida en la ‘línea naranja’ de Israel en Gaza

El barrio de Shujaiya, al este de la ciudad de Gaza. EFE/Ahmad Awad

 

Gaza/Jerusalén, 3 jun (EFE).- Al este de la ciudad de Gaza, en el barrio de Shujaiya, unos 500 habitantes dan el día por terminado al atardecer y despiertan por la mañana por el ruido de los disparos de las tropas israelíes. Viven a escasos metros del área militarizada de Israel, en una suerte de zona de amortiguación bajo su control conocida como ‘línea naranja’.

«Nos despertamos todos los días con el sonido de los bombardeos y de los disparos», dice a EFE Ibrahim Hamid, de 39 años y vecino del barrio, reducido ahora a un enjambre de tiendas de campaña o alojamientos improvisados en los huecos entre los escombros. A unos 300 metros se vislumbra un tanque con una bandera israelí.

Shujaiya, uno de los barrios más antiguos y mayores de la Franja de Gaza, era hogar antes de la ofensiva israelí de unas 200.000 personas (en un territorio de 2,1 millones de habitantes). Hoy, ante el avance israelí, apenas 500 vecinos malviven a la sombra de las tropas en su sector oriental.

Se han visto absorbidos por la línea naranja, el perímetro establecido por el Ejército israelí en el que los organismos humanitarios también han de coordinar sus movimientos con Israel, pese a que el área queda exenta de su control según lo estipulado en el acuerdo de tregua.

En la práctica, funciona como una zona de amortiguación que suma unos 500 metros de profundidad (en Shujaiya) al área militarizada israelí, limitada por la marca a partir de la cual continúan apostadas las tropas israelíes: la línea amarilla.

«Todos los días sufrimos con la caída de fragmentos de proyectiles. Hay fuego diario. Las tiendas de campaña son alcanzadas constantemente, están destrozadas y ya estaban muy deterioradas desde antes», explica otro vecino, Abu Shair (55 años), «por eso ya no sabemos si la zona se ha vuelto verde, amarilla, roja o qué está pasando. No sentimos que la guerra haya terminado».

Lo que queda en pie de los edificios está salpicado por marcas de metralla y las calles (ahora caminos de polvo) están repletas de basura.

De día, los vecinos se desplazan hasta la carretera de Salah al Din (el punto más alejado, en la línea naranja, de las tropas). Allí, unos niños charlan a la sombra de un edificio derruido y un grupo de hombres juega a las cartas con una baraja casi ilegible por el uso.

De noche volverán a acercarse a la zona militarizada, algunos a escasos metros, para dormir.

Tanto Hamid como Abu Sheir han intentado abandonar el perímetro ‘naranja’ y dirigirse hacia el oeste, al área fuera del control israelí donde se hacina la mayoría de la población. Ambos han tenido la misma experiencia: no hay lugares con capacidad de acogerlos, ni siquiera la calle.

El barrio de Shujaiya, al este de la ciudad de Gaza. EFE/Ahmad Awad

Área de riesgo

«La vida es muy difícil aquí, entre los bombardeos, los disparos de las milicias, los helicópteros…», explica Hamid.

Las milicias a las que hace alusión son los grupos palestinos a los que Israel arma en Gaza para hacer frente a Hamás, que se mueven con la connivencia israelí en su área militarizada.

En las últimas semanas, estas milicias también han invadido sectores de la línea naranja en Deir al Balah (centro) o Jan Yunis (sur) llamando a la población a desplazarse ante el inminente avance de las tropas.

Fuentes del COGAT, el brazo militar israelí que gestiona los territorios ocupados, aseguraron a EFE que las fronteras de la línea naranja no son fijas, sino variables y ajustadas a las necesidades del Ejército.

Desde que comenzó la tregua el pasado octubre, el Ejército israelí ha abatido a tiros a cientos de personas acusándolas de cruzar o aproximarse a la línea amarilla. Muchas, dentro del perímetro naranja, lo que hoy lleva a los vecinos a evitar aglomerarse en la calle, ante la posibilidad de ser atacados.

El barrio de Shujaiya, al este de la ciudad de Gaza. EFE/Ahmad Awad

Abandonados

En el sector oriental de Shujaiya, los vecinos han tenido que manipular una cañería de la empresa israelí de aguas, Mekorot, y crear un sistema de mangueras con el que poder tener acceso a agua potable, ya que ir a por ella a estaciones de carga les pone a tiro de las tropas.

En abril, el Ejército abatió a tiros a dos palestinos que trabajaban para UNICEF cuando trataban de recargar un camión de agua en la estación de Al Mansoura (ciudad de Gaza), localizada en la línea naranja.

Tampoco las ambulancias, que tienen que coordinarse con las fuerzas armadas israelíes, pueden acceder a la zona, dice otra vecina, Nevin Al Hattab (46 años).

Explica cómo una vez vuelve a adentrarse en la línea naranja desde Salah Al Din al atardecer, la vida cerca de los soldados se detiene hasta el amanecer: «Nadie sale, no hay nada».

«Es realmente asfixiante», sentencia.

 

 

 

 

 

 

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