Por: Toribio Azuaje
“La descomposición de todo gobierno comienza por la decadencia de los principios sobre los cuales fue fundado”
Montesquieu
Finalmente, por razones meramente pedagógicas, opté por dividir en dos partes este ensayo que les presento hoy, así que, en esta primera entrega, me limitaré a definir los principios básicos de ciudadanía. Estos conceptos podemos encontrarnos fácilmente al registrar los archivos que hoy posee la humanidad enredados entre los medios tecnológicos que se han construido, más para gobernarnos que para informarnos.
Abordaremos primero el principio que corresponde a la DIGNIDAD HUMANA: este principio implica que cada persona tiene un valor intrínseco que debe ser respetado sin discriminación por origen, género, religión, opinión o condición social. Esto implica de manera explícita y tajante, rechazar cualquier forma de humillación, violencia o trato degradante hacia el prójimo.
Continuamos con el principio de IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN, el cuál supone, que todas las personas deben gozar de los mismos derechos y oportunidades ante la ley. Lo cual implica también, oponerse a privilegios injustificados y a prácticas que excluyan o marginen a ciertos grupos ante otros.
Así, fácilmente llegamos a un principio muy mentado y luchado, el principio de LIBERTAD, al cual hay que agregarle un apellido, para que sea nombrada como LIBERTAD RESPONSABLE. En este caso, la ciudadanía reconoce la libertad de pensamiento, expresión, conciencia, asociación y elección de vida. Pero aquí hay que hacer énfasis en que, esa libertad se ejerce sin dañar los derechos ajenos ni poner en riesgo la convivencia pacífica de la humanidad.
Seguimos avanzando hacia el principio de RESPETO A LA LEY Y AL ORDEN DEMOCRÁTICO. En este caso el ciudadano acepta las normas colectivas legítimas como marco de convivencia. Esto incluye cumplir leyes justas, aceptar los resultados de procesos democráticos y (en letra mayúscula) USAR VÍAS INSTITUCIONALES PARA RECLAMAR CAMBIOS.
Caemos luego, en el principio de RESPONSABILIDAD Y CUMPLIMIENTO DE DEBERES. En este caso, no solo se exigen derechos; también se asumen obligaciones frente a la comunidad. Ejemplo, pagar impuestos, cuidar los bienes públicos, informarse e informar antes de votar, y respetar las normas de convivencia.
Fácil y rápido arribamos a un principio muy manoseado y utilizado para otras interpretaciones. Se trata de la SOLIDARIDAD Y EL BIEN COMÚN. Aquí se reconoce que la vida en sociedad implica ayudarse mutuamente, especialmente a los más vulnerables. Este mundo universal nos orienta a tomar decisiones pensando no solo en el beneficio propio, sino en el impacto que ello trae sobre la comunidad donde habitamos.
Así, vamos arribando hasta definir el principio de PARTICIPACIÓN ACTIVA. En este caso, la ciudadanía no es solo un estatus legal, sino una práctica democrática: involucrarse en los asuntos públicos. Este principio comprende votar, participar en organizaciones, debatir con respeto, derecho a organizarse, exigir rendición de cuentas y tener derecho a proponer soluciones.
Hay un principio demasiado frágil y altamente vulnerado: JUSTICIA Y EQUIDAD. Para hacer funcional la convivencia humana, el ciudadano busca que las reglas sean justas y que los recursos y oportunidades se distribuyan de manera razonable. Esto implica no permitir ni ser indiferente ante la corrupción, no permitir el abuso de poder y la impunidad, y al mismo tiempo exigir las correcciones pertinentes.
Otro de los principios mas nombrados lo constituye el RESPETO POR LOS DERECHOS HUMANOS: En él se reconoce que ciertos derechos son universales, inalienables y, esto es muy importante, no dependen del gobierno de turno. Supone entonces, defender la vida, la libertad, la integridad física y moral, la libertad de conciencia, poder elegir y ser elegido, y el derecho a la propiedad legítima.
Rematamos con el principio que define el CUIDADO DEL ENTORNO (SOCIAL Y AMBIENTAL)
Quizás esto es lo más importante y lo más olvidado. No solo es vivir, habitar en un lugar determinado, la ciudadanía se ejerce también en relación con el ambiente y el tejido social donde convivimos. Implica entonces, cuidar el espacio público, el medio ambiente, el patrimonio cultural y las relaciones de convivencia.
Definidos estos principios, acatándolos y respetándolos, la ciudadanía no tendría porque vivir en este caos guerrerista que nos azota a todos y en todos los lugares. Pero, dolorosamente, la humanidad se ha construido sobre la base de la guerra y no de la paz. toribioazuaje@gmail.com
Un abrazo, desde este maltratado pedazo de la tierra.
TORIBIO AZUAJE
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