“El silencio es el ruido mas fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos”
Miles Davis
Algunas veces el silencio es la mejor respuesta. Seguramente haz notado que hay momentos en los que las palabras sobran, esto no es asunto de falta de palabras o vocabulario, sino que todo es asunto del exceso de ruido. Estos tiempos que vivimos hoy, son los momentos en que el eco sustituye al pensamiento y los decibeles parecen tener más valor que la verdad.
Entre tanto bullicio en abundante maldad, el silencio se transforma en un acto de resistencia, algo más o menos similar a una forma de pensar con el alma, antes que emitir una respuesta con la lengua.
Pero el silencio no siempre es un espacio vacío; en muchas ocasiones constituye una siembra. Quien adquiere la conducta de callar a tiempo, solo está plantando una semilla de comprensión y prosperidad que comienza a florecer cuando el ruido se desvanece. Por el contrario, las palabras lanzadas al calor de la fuerza de la euforia y la irracionalidad, se comporta como semillas arrojadas en el asfalto; podrían germinar en cualquier orificio encontrado, pero mueren antes de dar algún fruto.
Existen los silencios que te protegen, otros suelen curarte, y hay algunos que, simplemente expresan lo que ninguna palabra puede decir. Quien sabe escuchar, atesora un silencio que resulta hospitalario; acoge el dolor del prójimo sin hacerle una sola pregunta.
Evitar una confrontación estéril e inútil, no es cobardía, constituye un alto grado de sabiduría que se atreve a caminar descalza para no causar heridas a ninguno. Hoy en día, las dominantes redes sociales, las sofisticadas salas de café, o las calles, simulan escenarios donde todos parecen competir por tener la última palabra. Pero en estos momentos, la postura más racional es el silencio, retirarse un paso y dejar que sea el tiempo que tome la palabra. El tiempo habla por nosotros, en este caso el silencio no es ausencia sino que representa un espíritu elegante, sobrio y sabio.
Cuando se responde con silencio, suele ser interpretado como derrota, porque los ojos del mundo están imbuidos en el bullicio diario. Pero en realidad ese silencio voluntario representa una victoria íntima. Recuerda que la calma del rio no necesita rugir para llegar al mar, y la semilla crece en el silencio, mientras que el ruido del árbol aturde cuando cae, en la inmensidad de aquel espeso bosque.
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