En el contexto actual de Venezuela, ejercer el periodismo ha dejado de ser una simple profesión para convertirse en un servicio público de resistencia. En una era donde el flujo de información es masivo pero la verificación es escasa, el buen periodismo actúa como el último filtro entre el ciudadano y el caos de la desinformación.
La importancia de una prensa responsable en el país reside en tres pilares fundamentales:
- El registro histórico frente al olvido
El periodista venezolano tiene la responsabilidad de documentar los hechos de forma técnica y rigurosa. En un entorno donde las narrativas oficiales suelen contrastar con las realidades locales, el buen periodismo sirve como un archivo vivo que impide que la historia de los ciudadanos sea borrada o distorsionada.
- El combate a la «Infodemia»
Con el auge de las redes sociales, los rumores suelen viajar más rápido que los datos contrastados. El buen periodismo no busca ser el primero en publicar, sino el que ofrece la información más veraz. En Venezuela, donde el acceso a fuentes oficiales es limitado, el rigor en la confirmación de datos es la única herramienta que garantiza la seguridad y la toma de decisiones informadas por parte de la población.
- La reconstrucción del tejido social
Informar sobre lo que sucede en las regiones —desde la escasez de servicios hasta los logros culturales— ayuda a mantener la conexión entre los ciudadanos. El periodismo ético da visibilidad a quienes no tienen voz y fiscaliza el uso de los recursos públicos, lo cual es vital para el fortalecimiento de cualquier sociedad que aspire a la transparencia.
El periodismo es noticia, pero también es contexto. Sin un análisis profundo y despojado de sesgos innecesarios, la noticia es solo un ruido. En Venezuela, ser periodista implica hoy mantener la mirada fija en el dato, el respeto por el afectado y el compromiso innegociable con la verdad.
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