Por: Francisco González Cruz
Cuidar el lugar forma parte sustantiva de la estrategia para sobrevivir con dignidad. Ese espacio íntimo que incluye el hogar y el territorio cercano, con la familia y los vecinos, constituye el primer factor del vivir y el convivir en un ambiente de bienestar, que comienza con el buen uso de las palabras y la calidad de las conversaciones, sigue con los buenos hábitos del orden y la limpieza, el cuidado del agua, del aire, los animales y las plantas, el control de los ruidos molestos y la cordialidad en las relaciones.
Todo comienza en el hogar, que está conformado por la familia que convive en una vivienda y que comparten el inmueble, los muebles, los recursos, las comidas, las conversaciones e incluso los problemas, las alegrías y los sueños. Pueden integrar el hogar otras personas no familiares pero que comparten la morada. El cuidado del hogar es la base de todo y todos sus integrantes tienen la responsabilidad de practicarlo.
Así se conforma una cultura que se extiende al lugar, que es el espacio donde la está la vivienda junto a otras, y comparten sus espacios públicos de encuentro como plazas y parques, de circulación como calles, caminos y senderos, y los espacios privados como cafeterías, panaderías y los bares – restaurantes donde se reúnen los parroquianos a degustar unas bebidas y unos platillos con los sabores tradicionales. También el paisaje, la artesanía, los lugares de culto y todo esa compleja red de elementos que conforman la vida local.
El cuidado del planeta se inicia allí, en la casa y el vecindario. Incluye todo el ámbito social, traducido en las relaciones internas y con comunidades vecinas, las tradiciones, la gastronomía, la música y los bailes, la literatura y todas esas referencias que se definen como identidad.
Muy importante es el cuidado de la economía local, que incluye todo lo que se produce, distribuye y consume allí donde la gente vive y convive, prefiriendo todo aquello que proviene de allí o de sus cercanías, de tal manera que se proteja el trabajo, la salud de la gente y los recursos existentes. La idea es contar localmente con una economía sana para personas sanas en un ambienta saludable.
La alternativa de encontrar en el hogar y en el lugar las posibilidades del bienestar, de libertad y de convivencia cobran partidarios, siguiendo las ideas del filósofo español Miguel Delibes de organizar la vida comunitaria sobre bases más humanas, modestas y solidarias, contrarias al progreso devastador y especulativo.
O de la norteamericana Margareth Wheatley que propone la creación de espacios o islas de cordura donde se promueva la convivencia, las conexiones virtuosas, la decencia y para que sean verdaderos refugios para el espíritu humano.
O del filósofo surcoreano Byung-Chul Han con su propuesta de crear «bastiones de libertad» que consisten en hogares y lugares donde se viven valores espirituales tales como el bienestar interior, la conexión con los demás y con la naturaleza, la gratitud, la honestidad, la bondad, la armonía. El hogar (él insiste mucho en el hogar) y el lugar son refugios contra la codicia y la maldad, y una fuente para la libertad.
No tenemos mayor incidencia en la posibilidad de mejorar el mundo, en cambio tenemos todas las posibilidades de perfeccionar el hogar y el lugar. Así se comienza aquí y ahora.






