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Cuando al trujillano Domingo Briceño “El Negro», se le ocurrió libertar a Maracaibo | Por: Oswaldo Manrique

por Oswaldo Manrique
08/02/2026
Reading Time: 12 mins read
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Por Oswaldo Manrique.

 

En su cómoda, fresca y castiza vivienda en el norte de Caracas del siglo XIX, sentado en un mueble de cuero, y conversando en sus días de otoño, con Zoila Llamosas Tovar, su segunda esposa, el destacado médico y escritor, le dio por recordar algunos de los acontecimientos y hechos ingratos para su padre y sus parientes, de los que decía, que <<sobre ellos pesaba algún enojo de los Dioses>> (Dávila, 292).  Él lo llamaba «el estigma de los Briceño».

–  Zoila, mi papá  desde 1810, se comprometió con la causa patriota, y fijate con buenas propiedades y negocios en Trujillo, porque era nativo de Mendoza,  inició en Maracaibo el movimiento independentista.

–  Pero José, al suegro lo apresaron los godos, y tuvo que pasar largo y penoso encierro en la Isla de San Carlos,  y se lo llevaron con grillos a Puerto Rico. ¡No jile, así tampoco! Le agregó doña Zoila.

–  En aquel tiempo no le paraban a la adversidad, al escapar de la cárcel de Puerto Rico, <<vuelve al servicio de la patria, y es factor decisivo en el pronunciamiento de Maracaibo por la independencia, aquel 28 de enero de 1821>> (Briceño Perozo, 125). La esposa resignada y solidaria dijo:

– Debemos reconocer que, sí, Don Domingo, era muy terco, no dobló el lomo, ni ante el mismísimo Bolívar. 

– Así es, por eso <<se le ha llamado al Libertador de Maracaibo>> (Briceño Perozo, 125, Rosales, 159).

 

Desde que sustituyó al Dr José María Vargas, su maestro, en la Cátedra de Anatomía de la Universidad, en 1853 hasta 1882, José de Briceño Carmona, acostumbrado a sus horas del recuerdo, le repetía a doña Zoila, su balance del cumplimiento del compromiso con el linaje de los Briceño. Ella pacientemente lo escucha.

*

El anciano José de Briceño Carmona, Maracaibero, sonreía a veces en sus soliloquios, recordando sus acciones militares:

–   ¡Y como alférez, carajo! Dirigiéndose con una ligera y cómplice sonrisa a su amantísima esposa: 

– Mi padre orgulloso en 1821, triste y feliz, ya había liberado a Maracaibo, mediante un golpe de timón en la gobernación monarquista, lo que fue motivo de ruptura del Tratado de Trujillo, cuando se enteró que fuí <<el abanderado del batallón Tiradores en la propia y definitiva batalla de Carabobo>>, se le hinchó el pecho. (Briceño, 125). Ella para demostrarle interés en su repetida conversación, le dijo: 

– Claro Negro, toda tu familia se enteró, solo faltó Antonio Nicolás, que tuvo que verte desde el cielo.  Él con la sinceridad característica, le agregó:

– Aunque fue el general Páez, quien me <<confirió el grado de Coronel>> ¿te acuerdas?

– Si, ya bien viejos los dos. Le precisó doña Zoila, dándole una sarcástica palmada en la pierna.

El Dr. José de Briceño Carmona,  fue gobernador de Caracas, y se le recuerda más fácilmente porque estableció como tiempo de recreación y salud popular la fiesta de Carnaval, y las rumbas allí, no se olvidan.  En medio de la conversación conyugal, interrumpió una de las señoras domésticas y le informa:

– Don José, ahí en la entrada lo busca un tal Briceño, no dijo de dónde viene ni quién lo manda. El anciano médico le contestó con su celebre frase:

– <<Que entre, que si no es mi deudo es mi esclavo>> (Dávila, 292). Doña Zoila, lo vio con cara de estupefacción.

 

La monarquista Provincia de Maracaibo y el asentamiento conspirativo del “Negro” Briceño.

La cerrada y monarquista Provincia de Maracaibo, fue impenetrable para el movimiento independentista republicano, salvo una excepción, la conspiración de 1812, cuyo más notable cabecilla fue el trujillano Domingo Briceño y Briceño, llamado «El Negro», por el color de su piel, y en el campo político: «El Socialista», por sus ideas radicales y de avanzada. Nació el año 1780,  en la Hacienda “La Concepción”, en Mendoza del Valle de Bomboy, de la provincia de Trujillo, Venezuela.

Se graduó en la Universidad de Caracas, en Derecho en el año 1803. Graduado, <<Domingo salió rumbo a Maracaibo donde fundó hogar junto a la maracaibera doña Ramona Carmona>>. A la muerte de su padre el abogado realista Antonio Nicolás Briceño en Mendoza, regresa a hacerse cargo de la Hacienda Santo Domingo, cerca de valera, que le tocó en la herencia, la que pierde posteriormente por causa de la independencia.

Según uno de sus biógrafos,  <<era de carácter violento. Tuvo altercados hasta con el mismo Bolívar, por sus ideas socialistas>> (Isilio Antonio Rosales. Valores Heroicos. Página 159. Trujillo.1988); para la época en que se discuten los principios republicanos y democráticos defendidos por “El Negro”, y los contrarios por Bolívar.

 

El «Negro» Domingo Briceño, desde el Valle de Bomboy a Libertador de Maracaibo. 

 

Atrevido y valiente operador político, demostró en la clandestinidad, perseverancia y solidez en sus convicciones radicales; para 1812, la idea revolucionaria <<germinaba entre la sombra. Juntabanse allí, dentro de la sacristía, los numerosos afiliados. Bajo la máscara de una hermandad religiosa, la «Escuela de Cristo», engañaban la suspicaz vigilancia de las autoridades españolas>> (Dr. Marcial Hernández. Discurso del 29 de enero de 1921. Momentos Solemnes del Zulia en el siglo XX. Discursos Históricos. Pág. 42. Fundación Zuliana para la Cultura. Caracas. 1995); Pedro Porras el gobernador de Maracaibo, dormía tranquilamente mientras los planes y acciones de esta hermandad surgían y se desarrollaban en la oscuridad de la noche.

En el plan acordado por los conspiradores, << la tentativa o ejecución se fijó para el 26 de marzo, Jueves Santo, a la hora de las estaciones en las iglesias. El plan consistía en prender al gobernador, alzar el grito de independencia en el cuartel de artillería con la tropa seducida; combatir el cuartel de pardos, si no seguía buenamente la revolución; y someter al batallón de blancos, bisoño y escaso en número>> (Hernández, 42). Domingo era partidario resuelto del movimiento independentista y del golpe de palacio y cuartel, contaba con un particular grupo de correaje, entre las que estaba una amazona del Valle de Bomboy: su sobrina Narcisana Briceño de La Torre.

Agregó este ilustre exponente de la zulianidad, que, <<La conjura no pasó de conato a tentativa. La denunció a Porras uno de los últimos afiliados: Servando García. …No contento Servando con abandonar la causa y delatar a los comprometidos, marchó al frente de una tropa de catalanes para ejecutar las prisiones>> (Hernández, 43). Los falsos y alevosos, quebrantando la lealtad.

La mayoría de los que acompañaron al “Negro” Briceño, estaban decididos a liberar a Maracaibo, pese a que,  <<Conspirar en aquel tiempo era como adelantar un pie hacia el carro del triunfo, y el otro hacia el patíbulo>> (Hernández, Pág. 44), el riesgo de los independencistas.

Al referirse al socialista y más notable conspirador en Maracaibo, señala el Dr Hernández que, cierto escritor lo retrató, física y moralmente así <<Domingo Briceño el Negro, teólogo, abogado, literato>> (Hernández ,44), se debe agregar que también era apasionado, vertical y radical en sus posturas políticas, digno hermano del prócer y mártir coronel Antonio Nicolás Briceño, degollado en 1813.

En su disertación conmemorativa, el destacado historiador zuliano Dr. Marcial Hernández, concluyó: <<por el mérito de servicios ulteriores, Domingo Briceño y Juan Evangelista González fueron agentes de eficacia en 1821 para la incorporación de Maracaibo al movimiento de independencia>> (Hernández, 44).

En otro discurso memorable, el que dio el doctor Vinicio Nava Uribarrí, en 1921, en el acto Centenario del Pronunciamiento de la Provincia de Maracaibo en favor de la Adhesión a la República de Colombia,   refirió lo siguiente:   <<En 1811 se organizó un plan conspirativo mediante reuniones secretas efectuadas en las casas de las familias Carmona, González y Delgado que fue denunciado ante las autoridades por fray José Antonio Dávila>> (Vinicio Nava Uribarrí. En: Momentos Solemnes del Zulia en el siglo XX. Discursos Históricos. Página 46. Fundación Zuliana de la Cultura. Caracas. 1995); esta familia Carmona es la de  Ramona Carmona, esposa del «Negro» Domingo Briceño, y la González, es la familia de Juan Evangelista González, el compañero y destacado conspirador que acompañó a Briceño en este complot o sedición. (Nava, 46).

Nava Uribarrí ratifica en su discurso que <<El 1° de marzo de 1812, la Junta Patriótica de Maracaibo denominada «Escuela de Cristo», empieza a poner en práctica un movimiento independentista pero fracasa en los preliminares por traición de Servando García>> (Nava, 47), pero lo más importante: el germen revolucionario había inoculado.

En efecto, este nuevo complot y ejecución surtió sus efectos, una <<Revolución que venían preparando entre otros, Domingo Briceño, Juan Evangelista González y su propio hermano Juan Evangelista Delgado quienes ya habían tenido conversaciones múltiples con emisarios del general Rafael Urdaneta>> (Nava, 57). El denominado por algunos historiadores el post golpe o salto de talanquera.

Como parte del plan, el patriota Juan Evangelista González, es quien suscribe y lanza un manifiesto independentista a nombre de los pueblos de la Cuenca lacustre, desde Gibraltar, en 1820. Seguidamente, se da el de Maracaibo. El pronunciamiento es el siguiente «El M. I. A. de esta ciudad de Maracaibo, a 28 de enero de 1821, reunido en Cabildo Abierto en la Sala Consistorial… cuando se haya convencida esta corporación del anonadamiento y degradación política en que el gobierno de España mantiene a los pueblos de América que restan bajo su ominosa dominación solo por el sistema opresivo de los mandatarios…debe en su consecuencia declarar como declara al pueblo de Maracaibo, libre e independiente del gobierno español>> (Nava , 57).

Había estructurado con su hermana Narcisana, dedicada a la lucha por la independencia, un correaje que le facilitaba hacer los contactos en forma rápida, velada y sin sospecha con los hermanos Delgado, los curas Antúnes y del Pulgar, o con los hermanos Vales, o los empingorotados Diego de Melo y Pinto, con los Baralt, Almarza, Aguiar, la mayoría vigilados, desde la intentona de 1812.

Estaba de gobernador militar de aquella plaza el maracaibero Francisco Delgado, de modo que todo estaba dispuesto para su intento. El licenciado Briceño y José María Delgado, hermano del gobernador, salieron ocultamente y se entendieron con Urdaneta,  <<todo quedó dispuesto y el 28 de enero del 21 se dio el grito de independencia>>, habían quebrantado el Armisticio. Delgado el gobernador realista se pasó a las fuerzas patriotas, <<Briceño como instigador de todo, cumplía con su deber, pues era un simple particular y había sufrido larga prisión por pretender la independencia de Maracaibo>> (Dávila, 278); Narcisana conspiradora, no se podía perder estar ahí, en el preciso hecho del grito de independencia de Maracaibo, tomó sus pistoletas y se las puso en el cinto.

Briceño, acompañando a Delgado, asumió el cargo de Intendente y  Gobernador político interinamente, pero aquel renunció ante Urdaneta. Bolívar se alegró de esta renuncia, guardando viejos rencores, <<la inquina de Bolívar contra el hermano de Antonio Nicolás, a quien no había aun perdonado ni el litigio que le ganó en los tribunales de Caracas, ni la emulación en la empresa de libertar a Venezuela>> (Dávila, 279), algunos historiadores pretenden, calificarlo como un  escueto complot, cuando desde 1810, “El Negro” ha sido el cabecilla de la conjura, para ocultar, y no disipar si Nicolás, le compitió el liderazgo en esa misma coyuntura histórica.

 

Su hijo Pepe, el Cura Manuel y el estigma de los Briceño.

Corría el año de 1884, cuando el mismo Pepe se encuentra con su primo el presbítero doctor Manuel Antonio Briceño, eran esos días de julio caluroso en la ciudad de Caracas y se le habría escuchado esta conversación:

– Primo en días pasados te envié una carta rechazando aquella solicitud para inspeccionar los hospitales por aquello del <quietismo… compañero inseparable del sepulcro>>, ya tengo 77 años encima. El Cura, hombre accesible y atento, le ripostó una sola palabra:

– Comprendo.Dijo el levita sobándose la sotana. 

– Además, no me iban a dar ese cargo, recuerda que a mi padre <<el Libertador de Maracaibo, al que mantuvieron los españoles en el castillo de San Carlos con una barra de grillos durante 7 años>>, solo tuvo de recompensa un cargo administrativo aquí en Caracas (Dávila, 364-365). Agregó Pepe Briceño.

Ciertamente, Bolívar lo designó Administrador General de Tabacos en la Provincia de Caracas, algo que Briceño conceptuó como un pretexto de este,  para sacarlo del círculo político. Lo que valió para enfatizar más la animadversión que siempre existió entre la familia Briceño y Bolívar.

Animado por los recuerdos y conversaciones  familiares, de lo que Pepe los relataba de una manera fresca, le respondió:

– Claro que lo recuerdo, y todos en la familia lo comentamos. El ilustre profesor de medicina, convirtiendo el tema en una critica:

– Pero lo real es que todos sus compañeros de lucha <<llegaron fortunas a su familia mientras mi padre tú lo sabes, nacido opulento, fue enterrado por sus hijos, porque su fortuna la perdió en la guerra magna>> (ídem). El sacerdote atemperando la irritación en las palabras del primo, intentó calmarlo con:

– Pepe, a veces ese es el costo de la lucha, la incomprensión.

– Y para más colmo, los diputados <<le negaron una pobre pensión que solicitaba en su achacosa ancianidad>> (ídem).  Al reclamo de lo injusto, le reconoció:

– Lo sé primo, como para no olvidar. Pepe se levantó de la cómoda silla y le  manifestó:

– No es que se quiera cobrar los laureles, por lo de mi tío Antonio Nicolás “El Diablo” primer mártir de nuestra independencia. Son los servicios de Domingo Briceño a la Patria. A pocos metros, doña Zoila, dice:

– ¡Solo Paez, Solo Paez!

Al quedar desintegrada la Gran Colombia, y durante el primer gobierno del General José Antonio Páez, éste lo nombró Gobernador de Maracaibo. Regresó a Caracas en 1834, y a partir de esa fecha tuvo una dinámica y agitada vida política, muriendo de edad avanzada.

 

Sin embargo, a pesar de la confianza y el respeto que se tenían, le reveló lo siguiente:

–  Aparte Manuel, yo creo que eso es una estigma, <<una misteriosa e incomprensible estigma>> que tenemos los Briceño. 

– ¿Por qué dices eso Pepe? Respondió: 

– Fíjate que en recompensa le dieron un simple cargo como administrador en la provincia de Caracas, y hasta le negaron una pensión. Con algo de asombro, el sacerdote le dice:

– A mi me suena como a cierto, eso que dices, primo, porque cuando concluí mis estudios de teología por allá en 1843, y pedí al Rector mi grado, fui al único al que se lo negaron en la Facultad, y eso que yo ya era Presbítero (Índice documental Archivo Histórico ULA. Tulio febres cordero. 1915. En: Boletín Archivo Histórico. N° 5. 2001). Se acercó doña Zoila, con dos buenas jícaras de café y se las sirvió.

– Es que pesa toneladas de dignidad y méritos el Cristo de los Briceño, el que se ganó Don Sancho. Pero dispensa la guama, querido amigo y primo.

– Si, Pepe, tomemos café y conversemos de otras cosas.

El objeto de esta crónica, no es abordar el viejo debate de si Maracaibo participó o no en el proceso de independencia o si es más patriota que otras provincias, sino por lo siguiente: En una propuesta, de incorporar una nueva estrella a la bandera nacional, en representación del Zulia, por el tardío proceso de incorporación al movimiento independentista republicano, la participación estelar y el mérito del Negro Briceño, se obvió.

Olvido, que quizás se debe a eso que hemos comentado en otro lugar, como la profecía  del Dr. Fausto, que persigue a esta estirpe de los Briceño, con aquello de  <<auguro grandes desventuras y un trágico final>> (Herrera Luque, 124), fueron las palabras que dijo antes de que partiera Hutten y sus hombres, en su odisea por lo que seria Venezuela.  Uno de los principales guerreros españoles que acompañaron a Hutten en su empresa, el capitán Sancho Briceño, quien fue el primer alcalde de Coro, quien  tuvo vasto conocimiento del dramático periplo de Hutten en Venezuela y de la materialización de la profecía de Fausto, se asentó en Trujillo. El viejo cronista Juan de Castellanos, en el canto Segundo de su obra Elegías de Varones Ilustres de Indias, lo llamó <<joven de siniestro hado>>, o de fuerza y reacción irresistibles. Sancho, es séptimo abuelo del “Negro” Domingo Briceño y sus hermanos próceres, nacidos en el Valle de Bomboy, al igual que de los La Bastida. ¿Será que el hijo del “Negro” Domingo, se refería a la profecía del Dr. Fausto?

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