La crisis eléctrica que atraviesa el estado Mérida impacta de forma crítica la operatividad comercial y la calidad de vida de sus ciudadanos, racionamientos diarios, que se extienden entre cinco y seis horas y se repiten en ocasiones en un mismo día.
Las fallas del servicio ha dejado a pequeños emprendedores y trabajadores locales en una situación de constante incertidumbre económica y desgaste emocional, pues la interrupción paraliza por completo la jornada laboral.
La trabajadora de una lavandería local expuso la dificultad de cumplir con la clientela debido a los imprevistos cambios de horario, “es horrible, de verdad que no tenemos cara para darle la cara al cliente… porque a veces nos ha tocado quedarnos hasta las 9:00, 10:00 de la noche para cuando llegue la luz, que a veces llega a las 5:00 de la tarde. Se nos va 5 y 6 horas diarias la luz, es imposible el trabajo”, dijo.
Asimismo, confirmó una drástica caída en los ingresos del establecimiento, ya que cuando no hay luz los clientes que llevan ropa y otras prendas se marchan sin solicitar el servicio.
Panaderías en ruinas
José Cira, empleado de una panadería en la ciudad de Mérida, explicó que las fallas intermitentes truncan el proceso de producción y provocan pérdidas de materia prima, “nos está afectando mucho lo que es el corte de luz, porque no podemos llegar temprano porque se va la luz, salimos tarde, tenemos que esperar que llegue la luz para producir el pan» dijo.
Además, indicó que la falta de refrigeración de los productos ante las horas sin luz hace que la mercancía se pierda, «se nos daña que si las cosas que tenemos guardadas en la nevera”.
Detalló que insumos como el queso semiduro se deterioran por la falta de refrigeración adecuada, sumado a la imposibilidad de comercializar bebidas frías o conservar la masa a tiempo.
Más allá del daño económico y la interrupción de las cadenas de producción, los habitantes de la entidad andina manifiestan secuelas psicológicas derivadas del aislamiento y la paralización forzada.
Durante las prolongadas tandas sin suministro eléctrico, los ciudadanos reportan cuadros de estrés, ansiedad, ataques de pánico y episodios depresivos, una problemática que trasciende lo operativo para convertirse en una preocupación para la salud de los habitantes de la región andina
Por Jade Delgado
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