Consultorio para el Alma | Sabemos qué es Malo o Bueno | Por: José Rojas

 

Jose Rojas

Joserojastrejo68@gmail.com

«Cuando los gentiles que no tienen la ley hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos, aunque no tengan la ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la Ley escrita en sus corazones, dando testimonio de su conciencia y acusándolos o defendiéndolos  en sus razonamientos.»  (Romanos 2:14-15)

La versión King James de este pasaje (versículo 15  lo traduce): «los cuales muestran el efecto de la ley escrita en sus corazones, su conciencia también lo atestigua, y sus pensamientos como medio, acusándolo o excusando el uno al otro.» Pablo está diciendo, Dios imprimió Su ley en la conciencia de cada hombre, mujer y niño – en cada tribu, sociedad y civilización a lo largo del tiempo. Justamente porque a ellos no les fueron dadas las tablas de la ley o grabadas en concreto en las paredes del juzgado local, no tienen excusa.

En  el  pasaje de hoy leemos, «…escrita en sus corazones, su conciencia también lo atestigua, y sus pensamientos como medio…» El medio en términos matemáticos se define como: «un valor que está entre otros dos valores». En otras palabras, la ley de Dios está en nuestra conciencia y entre lo que la sociedad dice que deberíamos hacer y lo que nuestra naturaleza pecaminosa desea hacer – sabemos qué es lo correcto a hacer porque Dios ha escrito su ley en nuestros corazones.

Yo miraba un programa de televisión el otro día con mi  nieta de de 13 años, cuando el actor principal hizo algo inmoral y aún fue recompensado. Hice una pausa al programa y le pregunté lo que ella pensó sobre lo que acababa de suceder.  Contestó «Zack mintió.» Yo dije, «pero el consiguió lo que quiso, ¿verdad?» Ella me miró con desaprobación y dijo, «Vamos Abuelo tú no puedes mentir tan solo para conseguir lo que quieres». «¿Por qué no?», le dije. «Porque está mal. Todo el mundo sabe eso – hasta los bebés.»  Pat, probablemente tiene la razón – hasta los bebés nacen con la ley de Dios impresa en sus corazones.

La próxima vez que usted sea encarado con un dilema ético, haga pausa por un momento y mire la ley de Dios sobre la que Pablo instruye que está impresa en nuestros corazones. En mi experiencia, la respuesta se torna clara como un cristal. Puede no gustarme lo que Él dice pero sé que esta es la verdad. El camino de Dios siempre es una senda a una razón moral más alta. ¿Qué le dice Dios a usted ahora mismo? ¿Obedecerá usted?

 

Fuente: Liga del Testamento

 

 

 

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