José Rojas
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“Habiendo llegado a Cesárea, subió para saludar a la iglesia y luego descendió a Antioquía.” (Hechos 18:22)
Un día en un breve paseo con mi hermano menor, paseamos en observación ciudadana y el se queda mirando los grandes edificios de esta ciudad, en un profundo pensamiento contemplativo, Le pregunte en qué estaba pensando, y el me dijo, “hermano sabias que hay dos tipos de personas en el mundo, hay personas que les gustan las sabores y personas a las que les gusta el chocolate”.
Mas allá de las diferencias obvias de las papilas gustativas, continuo describiendo y comparando en detalle las características de personalidad de la gente a las que les gustan los sabores versus las que prefieren el chocolate desde su punto de vista, esto constituyo una agradable y amena discusión.
En nuestro pasaje de hoy, Pablo llegó a Cesárea y subió a saludar a la Iglesia en Jerusalén, pero poco tiempo después descendió hacia Antioquia. Creo, por los escritos en los Hechos, así como también en otras partes del Nuevo Testamento, que debe haber habido una cierta cantidad de, lo que yo considero un conflicto sano, y de diferencia de opiniones sobre varios puntos y enfoques de la nueva fe Cristiana, que hacían que fuera incómodo para Pablo quedarse mucho tiempo en Jerusalén. Por un lado, tenemos a Santiago y a Pedro expresando sus ideas que la fe sin los trabajos está muerta, y que siempre tenemos que estar sobrios y alerta. Luego está Pablo, haciendo hincapié en que nos perfeccionamos en Cristo y que el trabajo ya ha sido terminado.
Ambos están en lo correcto, ningunos de ellos deja de tener razón, y como señaló mi hermano menor, hace unos años, algunos son gente a quienes les gustan los sabores y otros sólo prefieren el chocolate. Estas diferencias son muy fáciles de aceptar, siempre y cuando no pretendamos o forcemos a todos, a que les guste lo que nos gusta a nosotros, o que vean las cosas de la manera que nosotros las vemos.
Si no tenemos cuidado, es fácil quedarnos tan atrapados en una idea acerca de nuestra fe que no sólo excluimos otros enfoques sino que, verdaderamente, comenzamos a pensar que todos los demás están equivocados. ¿Te identificas con, o te ves a ti mismo en, esa afirmación? ¿Alguien te ha mostrado otro punto de vista que parece estar en conflicto con tus creencias? ¿Podría ser que ambos están en lo correcto? Algunos de nosotros nos gusta ser mas estructurados y absolutos (las personas de chocolate – la fe sin trabajo está muerta); otros prefieren más opciones y menos reglamentos (gente de sabores — el trabajo ya ha sido hecho). ¿Cuál eres tú? ¿Puedes ver cómo otros pueden tener razón también? Es sólo una cuestión de gustos.
Fuente: Liga del Testamento
