José Rojas
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“Entonces Pablo, mirando fijamente al Concilio, dijo: –Hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy”. (Hechos 23:1)
El Diccionario Easton de la Biblia define “consciencia” como:
“aquella facultad de la mente, o sentido innato del bien y el mal, mediante el cual juzgamos la naturaleza moral de la conducta humana. Es común a todo ser humano”.
A lo largo de sus escrituras en el Nuevo Testamento, Pablo utiliza la palabra ”consciencia” al menos 28 veces, me imagino que eso significa que describe algo que le es familiar y siente muy importante. Sin embargo, durante los últimos años el hombre moderno ha abandonado el término casi por completo.
Recuerda el último programa de televisión, de noticias, artículo de revista, libro que hayas leído (no Cristiano) o película que hayas visto. ¿Utiliza alguien la palabra “consciencia” como la razón para tomar alguna decisión? La respuesta generalmente es ‘no’. El gobierno, Hollywood, el sistema judicial, los grandes negocios, la educación superior, todos quieren definir lo bueno y lo malo para nosotros, no “nuestra facultad mental, sensación innata, común a todos los hombres”. ¿Cuándo comenzamos a dejar de confiar en nosotros para tomar las decisiones adecuadas? ¿Cómo es que malo y bueno se convirtieron en algo tan confuso?
Juan el Apóstol nos da una explicación en Juan 4:4-5, “Hijitos, vosotros sois de Dios y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan de las cosas del mundo y el mundo los oye.” Si alguna vez te sientes como Pablo en nuestro pasaje de hoy, sintiéndote sólo con tu “consciencia limpia” contra el mundo entero, alégrate, porque la persona que tú eres es más grande que la que es el mundo.
¿Algunas veces te sientes en desventaja? ¿Te parece que todos a tu alrededor aceptan como verdadero el punto de vista del mundo? ¿Te sorprende? Incluso en los días del Apóstol Juan, los Cristianos debían enfrentar problemas similares. El ejemplo de Pablo es seguir tu propia consciencia y las instrucciones de Juan eran aceptar nuestra victoria final (“Tú eres de Dios y los has superado”). De la lección de hoy, ¿qué necesitas aplicar en tu propia vida? ¿Has comenzado a permitir que la opinión de la mayoría prevalezca sobre tus creencias? ¿Has dejado de lado la verdad absoluta del Evangelio?…
Fuente: Liga del Testamento
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