Consagración al Santísimo Sacramento del Altar | Por: Pbro. Juan Castellanos

HISTORIA PARA NO HISTORIADORES. Alabado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. En momentos difíciles la fe tiende aumentar, en los cristianos con temor de Dios. Sea por siempre bendito y alabado.

 

Venezuela ha sido y será bendecida en el curso de los años, siendo ésta elevada y consagrada a Jesús Sacramentado. Es por eso que goza de un privilegio espiritual al ser consagrada con el nombre de la República del Santísimo Sacramento.

A finales del siglo XIX se otorga este título al ser Consagrada con el máximo nombre de: República del Santísimo Sacramento, habiendo un precedente espiritual por los fieles de la República. La Iglesia siempre ha tenido una vinculación directa con la nación y más en momentos cruciales llenos de dificultades; el 2 de julio de 1899 después de la difícil situación que debió afrontar la Iglesia durante la Independencia y la primera época republicana, y en vista de las nuevas perspectivas que se vislumbraban, surgió la iniciativa de consagrar la República al Santísimo Sacramento. La situación política no es menos que la de ahora, sin embargo la línea histórica se mantiene en el curso de los años.

En momentos difíciles la fe tiende aumentar, en los cristianos con temor de Dios, como también puede menguar en cristianos no practicantes apostando a una apostasía conservadora y embustera.

El culto a Jesús Sacramentado estaba teniendo entonces gran incremento, especialmente desde la fundación de la adoración perpetua en la Iglesia de Las Mercedes, en Caracas, en 1882. “El principal propulsor de la consagración oficial fue Juan Bautista Castro (1904-1915), capellán de la Santa Capilla, hombre ilustre por muchos títulos”, y dotado de espiritualidad profunda y convicciones sólidas e inquebrantables.

El presbítero Juan Bautista Castro más tarde se convierte en el 8º Arzobispo de Caracas, y para preparar este homenaje fue constituida una junta nacional, la cual solicitó del Episcopado, que consagrara a perpetuidad la República a Jesús  Sacramentado. La petición fue unánimemente acogida por los obispos, y el 2 de julio de 1899 el arzobispo de Caracas, Críspulo Uzcátegui, leyó el Acto de la Consagración.

Todos los 2 de julio, Venezuela celebra años de su consagración al Santísimo Sacramento, ya son 122 años.

Cabe destacar que el pasado 5 de julio de 2021 celebramos 210 años de la firma de la Acta de Independencia, y 122 años de la consagración.

Bueno saber que el Acta de la Independencia inicia con estas palabras: “En el nombre de Dios Todopoderoso…”, y además, el lugar escogido por los padres libertadores para la firma del Acta de la Independencia fue la Capilla del Seminario Tridentino Santa Rosa de Lima de Caracas, capilla que aún se conserva cerca de la Plaza Bolívar de Caracas.

En las circunstancias de confinamiento por la emergencia sanitaria, pongamos todo el entusiasmo de nuestra fe y el afecto de nuestro corazón, para celebrar este acontecimiento. Que, así como vamos a renovar cada 5 de julio la consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento…, “Jesús Sacramento mire con ojos de piedad a nuestra Patria y nos dé esperanza y fuerza para renovar nuestra independencia en cada rincón de nuestra Patria, además de darnos Su Gracia para renovar la FE en el corazón de cada venezolano donde se ve un detrimento fides-sapientia.

 

Un poco de historia

Una Junta Nacional liderada por el presbítero Juan Bautista Castro, fue la que promovió la Consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento.

Juan Bautista Castro, nacido en Caracas el 19 de octubre de 1846, fue ordenado sacerdote por el arzobispo Guevara y Lira cuando este iba camino al destierro por órdenes de Guzmán Blanco. En la pausa que el arzobispo pudo hacer en la ciudad de Barcelona (Venezuela) para pasar la Navidad, el 25 de diciembre de 1870 ordenó en aquella ciudad del oriente venezolano al joven Juan Bautista  Castro que tenía 24 años. Más tarde, en 1904, sería nombrado arzobispo de Caracas.

Cuando Venezuela pudo salir de la dictadura y tiranía de Guzmán Blanco, la Junta Nacional liderada por el presbítero Juan Bautista Castro, después de haber hecho un buen trabajo, solicitó al Episcopado Nacional consagrar a perpetuidad la República de Venezuela al Santísimo Sacramento. Esta petición fue unánimemente acogida por los Obispos venezolanos, quienes la aprobaron y acordaron la celebración.

El domingo 2 de julio de 1899, tres días antes del 5 de julio, Día de la firma de la Independencia de Venezuela, fue el día central de la celebración de la Consagración. El arzobispo de Caracas, Mons. Críspulo Uzcátegui, presidió de modo solemne el Acto principal, y desde esa fecha Venezuela también es llamada LA REPÚBLICA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

A 122 años de su consagración sigue siendo la única nación consagrada con tal nombre. Quizás alguna vez nos hemos preguntado ¿a qué se debió esta Consagración? Más de uno se han hecho esta pregunta como también el canto del himno Nacional dentro de la Eucaristía en el momento que el sacerdote eleva el cáliz junto con la patena. Veamos los precedente que nos encamina a un conocimiento acerca de esta fecha memorable y religiosa por excelencia.

En 1882 el Padre Juan Bautista Castro estableció en Caracas la devoción de la adoración perpetua al Santísimo Sacramento, en la Iglesia de Las Mercedes.

Esta adoración se veía interrumpida por las múltiples actividades religiosas que allí se realizaban. La esposa del presidente Gral. Antonio Guzmán Blanco, que se llamaba Ana Teresa Ibarra, asistía  siempre a la oración; y fue ella quien le insistió a su esposo la necesidad que tenían de tener un lugar con más silencio para poder adorar al Santísimo Sacramento.

El Gral. Guzmán Blanco, para complacerla, mandó a construir unas réplicas de la Iglesia Santa Capilla, de París. La nueva Iglesia de Santa Capilla comenzó a construirse el 2 de febrero de 1883 y se culminó en seis meses. Al terminarla, se trasladó la adoración al Santísimo Sacramento y el Padre Juan Bautista Castro  fue nombrado capellán de Santa Capilla, donde de inmediato inició la adoración, de día y de noche, al Santísimo, y desarrolló una fuerte campaña de difusión con el significado de la Eucaristía.

Al mismo tiempo, el Padre Castro fundó las misiones de hombres, en la Iglesia San Francisco, como centros eucarísticos masculinos, relazando ahí otros grupos de oración nocturna y cofradías del Santísimo. Las primeras comuniones de los niños se empezaron a multiplicar, cada vez con mayor esplendor, devoción y fervor.

La Venezuela de 1888 a 1898 estuvo llena de violencia y se produjeron una serie de levantamientos armados. El Padre Castro tenía la firme convicción de que solo a través de la Eucaristía se podría lograr la paz en la sociedad y acabar con esas corrientes ideológicas anticlericales y ateas.

Así, sugirió la idea de consagrar a La República al Santísimo Sacramento. Se constituyó una junta para solicitarle al Episcopado Nacional y al Papa León XIII su autorización para consagrar a perpetuidad a Jesús Sacramentado.

Esta petición fue unánimemente acogida por los Obispos y por el Papa. El día 2 de julio de 1899 el Arzobispo de Caracas, en unión con todos los Obispos del país, hicieron repicar las campanas de cada Iglesia del país, mientras consagraban a Venezuela al Santísimo Sacramento, diciendo entre otras cosas: «¡Recíbenos, Salvador Nuestro y concédenos que venga a nosotros tu reino eucarístico. Levanta tu trono bien alto en nuestra República, a fin de que en ella te veas glorificado por singular manera y seas honra nuestra, de distinción inapreciable, el llamarnos la República de Venezuela del Santísimo Sacramento!».

La grandeza de este acontecimiento ocurrido en el ayer, es producto de la fe en Jesucristo y es necesario que los fieles laicos de esta generación puedan conocer y celebrar el encuentro con Jesús sacramentado.

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