Esta semana, Venezuela vibra entre el ímpetu del Día de la Juventud y la calidez del Día de la Amistad y el Amor. Estamos a las puertas del Carnaval, pero antes de las máscaras, es vital mirar la estructura que realmente sostiene nuestras decisiones y nuestros negocios: los vínculos.
Para ello, partiremos de la obra de Rafael Echeverría, La empresa emergente, en la que plantea una tesis transformadora: la confianza no es un simple valor romántico, sino el fundamento clave para innovar en tiempos de incertidumbre. En este febrero de 2026, donde la volatilidad económica es el clima constante, articular la confianza con la resiliencia y la toma de decisiones es una estrategia de supervivencia financiera para la fuerza joven que sigue apostando por nuestro país.
Más allá del miedo: De la obediencia a la confianza
Es común pensar que ser joven significa no tener miedo, pero eso sería ignorar nuestra naturaleza humana. El miedo es una emoción legítima que nos protege; el problema surge cuando se convierte en la base de un sistema de gestión. Echeverría explica que el modelo tradicional dividió el mundo entre el trabajo manual y el intelectual, usando el «mando y control» para asegurar la obediencia.
Sin embargo, en el emprendimiento moderno, la productividad ya no depende de la repetición, sino de lo que Echeverría llama el «trabajo creativo». Aquí, el autor distingue entre quienes gestionan la contingencia y quienes se dedican a la innovación. En ambos casos, el poder de la palabra es el motor. El «miedo por diseño» es devastador porque paraliza la inteligencia emocional y creativa. Frente a este control asfixiante, la confianza aparece como el gran liberador: donde hay confianza, el miedo como mecanismo de control se minimiza.
Confianza, Dinero y Amor: Decisiones con Sentido
En las dinámicas económicas actuales, los emprendedores corren el riesgo de ver el dinero como algo frío. Pero en esencia, el dinero es un contrato de confianza. Cada transacción funciona porque todos confiamos en que ese valor será aceptado por otros. Cuando la confianza se quiebra, la economía se detiene y nuestra toma de decisiones se vuelve errática, guiada por el susto y no por la estrategia.
Necesitamos una metanoia (cambio de mentalidad): decidir desde la confianza no implica ser ingenuos ante la inflación, sino estar seguros de nuestra capacidad para evaluar riesgos sin que el pánico nos quite el volante. Es utilizar nuestras habilidades y recursos, tanto técnicos como emocionales, como un mapa para navegar la tormenta, protegiendo tanto nuestro patrimonio como los afectos que nos impulsan.
El caso de Daniela: Resiliencia ante el quiebre
Recordemos a Daniela, la joven emprendedora merideña cuya historia de autoconocimiento hemos seguido. Recientemente, enfrentó un retraso crítico debido a la inestabilidad en los costos logísticos y la brecha cambiaria. Temía que sus aliados perdieran la fe en ella.
Daniela no se escondió; gestionó su vulnerabilidad. Llamó a sus socios, explicó la situación técnica con transparencia y renegoció. Ella demostró que ser resiliente no es aguantar golpes en silencio, sino tener la valentía de hablar con la verdad para salvar el vínculo.
¿Cómo recuperar la confianza?
La confianza es un juicio que se puede restaurar si entendemos sus tres pilares:
- Sinceridad: Coherencia entre lo que digo y lo que pienso.
- Competencia: La capacidad técnica para cumplir las promesas.
- Confiabilidad: Hacerse cargo de los compromisos a través del tiempo.
No es el fallo lo que destruye un negocio, sino el silencio ante el fallo. Cuando la confianza se rompe en cualquiera de sus tres distinciones, recuperarla exige más que solo resultados: requiere diseñar conversaciones de alta escucha donde se valide el impacto del quiebre en el otro. Reparar el vínculo implica presentar planes de acción concretos (competencia), pero sobre todo, establecer acuerdos claros y cumplirlos (confiabilidad) para que la palabra recupere su valor. Sin una escucha profunda de las inquietudes del aliado o cliente, cualquier plan de acción será visto como una simple excusa técnica.
Resiliencia: El arte de hacerse cargo
En un mundo complejo, la resiliencia no es solo resistencia pasiva; es la capacidad de adaptarse y recuperarse emocionalmente ante las crisis económicas, manteniendo la claridad necesaria para honrar nuestra palabra a pesar de los imprevistos. No se trata solo de «volver al estado anterior», sino de emerger con nuevas distinciones.
El emprendedor resiliente es aquel que utiliza la crisis como un laboratorio de aprendizaje, transformando cada obstáculo en una oportunidad para renegociar compromisos y fortalecer sus vínculos. Al final, la resiliencia es el puente emocional que permite que la competencia técnica siga operativa incluso cuando el entorno parece desmoronarse.
Construir desde la confianza es la decisión financiera más rentable que podemos tomar. Al celebrar la juventud y el amor, invito a los emprendedores a reflexionar: en ese país que quieres construir, ¿cuánta de tu inversión diaria está dedicada a fortalecer la confianza en tus relaciones? Al final del día, la palabra que se cumple y la mente que se transforma son los únicos activos que ninguna inflación podrá devaluar.
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