En la década de los años 60 del siglo pasado, Valera vivió una de sus mejores épocas con las ocurrencias de sus personajes populares… Se destacaban los recios peleadores callejeros que hicieron historia por sus inolvidables trifulcas que dejaron huella. Efrén, era excelente mecánico, le acompañaba un largo bigote, nunca perdía un encontronazo de boxeo de calle por su pegada fulminante… En las fiestas patronales de Escuque sobresalía como el “mejor torero callejero”, jamás un toro lo embistió, su secreto: Se juntaba en el cuerpo manteca de tigre por lo que el toro le tenía “terror”.
En una oportunidad, a una familia valerana se le murió un apreciado familiar en la gran Caracas, para traer los restos mortales del fallecido hasta nuestra ciudad, los costos que cobraban las empresas funerarias eran sumamente elevados, buscaron los servicios del “Loco Efrén” para que les trajera “el muertito” a Valera en su potente Chevrolet, que dejaba “botado” al más veloz Ferrari.
Con “el loco Efrén” acordaron el pago por el servicio de transporte… En Caracas al “muerto valerano” lo vistieron bien elegante para su “viaje al más allá”, lo acomodaron en el asiento de atrás del vehículo con dos familiares para que en las curvas no se fuera a caer y despertara de su “eterno sueño”. Cuando se acercaban a una alcabala de la Guardia Nacional, “El loco Efrén”, exclamaba: “agarren ese muerto y háganse los dormidos para que los funcionarios crean que están echando “un camarón”, un “sabroso sueño”.
A paso de vencedores llegaron a Valera sin contratiempo ninguno. Un familiar del difunto le dice a Efrén, “Ay, que pena con usted, pero no hemos terminado de reunir el dinero acordado, así que nos va a esperar unos días para cancelar la deuda contraída”… Efrén, con la mayor calma del mundo les expresa: “Tranquilo y sin nervios. Me voy con el muerto hasta la avenida 3, abajito del hotel Imperial, allí me tomaré unas cervecitas para que se me “componga el cuerpo”, los espero hasta que reúnan el dinero que falta”… La familia se puso las pilas, buscaron aquí y allá, hasta que lograron reunir los bolivarianos. Le llegaron a Efrén con el dinero y este les trajo el “muertito” hasta la casa de velación.
“Burro chiquito”
Se la pasaba por los lados del “Punto de Mérida” (Av. 4 con calle 6), vía El Milagro. Donde “ponía el ojo ponía la piedra”. Tenía una puntería única para dar en el blanco… Los valeranos lo respetaban más por miedo, que por otra cosa. Podía lanzar una piedra a 200 metros de distancia, un verdadero récord Guinnes… Si a “Burro chiquito” lo hubiera “descubierto” algún directivo de las Grandes Ligas, lo más seguro es que se convirtiera en un jugador famoso a nivel mundial por el potente brazo que le acompañaba y con el que hacía verdaderas proezas que ningún valerano podía lograr.
“El Loco Abelardo”
A pesar que tenía uno que otro “cable pelado en su cabeza” andaba de lo más bonito por esas calles de Dios. Sobresalía su impecable flux de casimir del bueno (generoso regalo de un ricachón), un enorme garrote de vero por si las moscas, y su voz de “General sin estrellas”, lo convirtieron en uno de los personajes más populares de aquella Valera de hace 60 años.
Los domingos, cuando Abelardo llegaba a misa en la iglesia San Pedro, comenzaba el “corre-corre” de los feligreses, algunos se llevaban la mano a la boca para disimular la risa de “oreja a oreja”. Se paseaba por toda la iglesia con un enorme perro al que había vestido como todo un caballero, y unos enormes lentes negros que causaban una mañana de jolgorio en el recinto sagrado… Abelardo y su perro guardián escuchaban la misa con el mayor respeto. La feligresía gozaba un “bolón” con las ocurrencias de este personaje que un día llegó desde las frías tierras de La Quebrada y aquí se quedó por el afecto, generosidad y cariño con el que lo trataban los valeranos.
* Cronista Popular
Fuente consultada: Freddy Guillén. “La Valera de antier”.