Por José Luis Colmenares Carías
En un mundo donde la incertidumbre es la única constante, la capacidad de tomar decisiones efectivas es una habilidad crucial. Este artículo explora cómo el caos se manifiesta en nuestras decisiones cotidianas y ofrece estrategias para navegar la complejidad económica, especialmente en el contexto venezolano. A través de metáforas y conceptos técnicos, descubriremos cómo enfrentar los desafíos y hallar un camino hacia la estabilidad.
La incertidumbre en nuestras decisiones
Suelen decir que decidir es cuestión de azar, pero hay una diferencia que hemos aprendido “a punta de golpes”: no es lo mismo lanzar dados esperando un número, que intentar mantener el equilibrio en una tormenta que nos cambia el rumbo, o enfrentarse a un movimiento telúrico que nos arranca el suelo y nos obliga a redescubrir quiénes somos mientras todo se derrumba.
Desde los años 80, Venezuela ha sido una escuela de incertidumbre. Aquí el caos no es una línea recta; tres estados conviven en nuestra dinámica diaria. Comprender en qué «frecuencia» está el problema es esencial para no perder los estribos y tomar el control.
Los tres escenarios del caos
- El escenario de los Dados: Cuando el riesgo es calculable: Hay momentos en los que el desorden todavía permite hacer cuentas. Aunque no sabemos el resultado exacto, conocemos las reglas del tablero. Es lo que sucede cuando calculas cuánto inventario comprar previendo una festividad. Aquí aprendimos que la improvisación es el enemigo. Si el sistema te da «dados», usa la estadística, mira el pasado y saca tus cuentas. Decidir bien aquí es ser riguroso con los datos; no lances los dados a ciegas si puedes contar las caras.
Pensemos, por ejemplo, en el comerciante que analiza sus ventas de los últimos tres años para decidir cuánta mercancía escolar comprar para la próxima temporada. Aunque existe un riesgo, cuenta con un historial de datos que le permite calcular una probabilidad razonable de éxito, convirtiendo la incertidumbre en una cifra manejable.
Este es un ejemplo de movimiento determinista, donde, aunque el futuro no se puede predecir con exactitud, las leyes del sistema permiten anticipar comportamientos a partir de condiciones iniciales.
- El escenario de la Tormenta: La incertidumbre dinámica: A veces, el viento empieza a soplar y el resultado ya no depende solo de tu jugada, sino de una red de variables: un cambio económico, un rumor o una nueva regla de juego. Aquí aprendimos que la rigidez nos quiebra. Si estás en una tormenta, de nada sirve aferrarse al plan que hiciste el domingo. Tomar decisiones asertivas implica ser ágil. Como un navegante, aprendes a usar la brújula para ajustar el rumbo cada hora. El éxito no es llegar exactamente a donde dijiste, sino alcanzar un puerto seguro adaptándote al oleaje.
En este escenario podemos imaginar a quien maneja un presupuesto en bolívares para una reparación crítica, pero se encuentra con precios que fluctúan diariamente según el mercado cambiario y la inflación. Aquí la calculadora se queda corta; se requiere la rapidez para ejecutar la compra de inmediato o la flexibilidad creativa para buscar proveedores alternativos en tiempo real antes de que el valor se diluya.
Esta situación refleja el concepto de caos estocástico, donde el comportamiento caótico es influenciado por ruido, lo que complica la predictibilidad y la interpretación de las dinámicas.
- Las Tinieblas y el Terremoto: El colapso de las certezas: Finalmente, hay momentos en los que el sistema simplemente se rompe. Es el caos no determinista: eventos sin precedentes que apagan las luces y nos quitan el apoyo. Este movimiento fractura la economía y nuestra estabilidad interior, generándonos esa sensación de «pérdida de piso». En este nivel, la lógica técnica no alcanza; la prioridad es la supervivencia del propósito. No decides para maximizar ganancias, sino para minimizar el arrepentimiento, eligiendo la opción que proteja tu integridad por encima de cualquier apuesta arriesgada.
El escenario lo podemos vivir cuando ocurre un quiebre institucional o un cambio radical en las reglas de juego, como el impacto de este pasado 3 de enero 2026. En ese instante, no hay estadísticas que valgan. La decisión deja de ser financiera para volverse existencial: se trata de proteger el patrimonio familiar y la salud física y emocional, priorizando la coherencia de vida por encima de cualquier ganancia monetaria.
Este fenómeno se asemeja al caos no determinista, donde perturbaciones aleatorias influyen en el comportamiento del sistema, generando complejidad y una falta de predictibilidad en el futuro.
La autonomía en la complejidad
La autonomía financiera y emocional en Venezuela no se logra esperando la calma, sino aceptando que somos arquitectos en una tierra que vibra. Ser dueño de tus decisiones hoy exige sabiduría para saber cuándo usar la calculadora, cuándo la brújula y cuándo confiar en tu instinto de supervivencia. El mapa se redibuja mientras caminas; asegúrate de sostener tú el lápiz.
Reflexión final
¿Qué decisiones tomas hoy que reflejan tu capacidad para navegar esta complejidad? La clave no es evitar el caos, sino distinguir en cuál estamos para actuar con confianza.
El desarrollo de competencias para navegar el caos no reside en buscar una estabilidad inexistente, sino en articular una visión funcional con la agudeza de la intuición y la flexibilidad creativa. Se trata de ejecutar decisiones asertivas mientras el sistema se redefine; porque en esta transición incierta, la verdadera autonomía pertenece a quien integra el rigor del análisis con una gestión consciente de sus emociones, manteniendo la agilidad para pivotar y la integridad para sostener su propósito en medio de las tinieblas.
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