CINCO CERTEZAS Y UNA EXIGENCIA: EL TIEMPO APREMIA | Por: Francisco González Cruz

 

En medio de tanta incertidumbre, existen algunas claras certezas en este largo y azaroso proceso que vivimos los venezolanos.

La primera certeza es que, por primera vez en nuestra historia republicana, la enorme mayoría de los venezolanos estamos de acuerdo en la necesidad de la vigencia de  libertad, la democracia, la justicia y de un gobierno que genere confianza por la calidad moral y la preparación de sus gobernantes. Así mismo por un sistema de justicia honorable, eficaz y que tenga autonomía, y  un poder legislativo conformado por personas que verdaderamente representen al pueblo.

La segunda certeza es que la causa fundamental de todas las desgracias que estamos sufriendo desde hace años es eso que en general se puede llamar “socialismo del siglo XXI”. Este modelo incluye dictadura, violación de los derechos humanos, ruina económica, narcotráfico, presos políticos, torturados y asesinatos. A esto se suma la devastación ambiental, las crisis de salud y educación, colapso de los servicios públicos, la emigración forzada, degradación de la función pública y desprestigio de la fuerza armada nacional, entre muchas otras cosas del dominio público. No representa a los 7 jinetes de apocalipsis, sino a una gigantesca manada.

La tercera certeza es que la inmensa mayoría de los venezolanos anhela un cambio político profundo e inmediato, que devuelva la decencia y la experticia al ejercicio de los poderes públicos. Absolutamente todos los estudios y encuestas de opinión ratifican esta aspiración.

La cuarta certeza es que el pequeño cogollo gobernante, responsable de todas nuestras calamidades, se niega a abandonar el poder; recurrirá a cuanta trampa sea posible y mentirá hasta la saciedad para prolongar la agonía. Absolutamente nada en nuestro país justifica su presencia, salvo la búsqueda de su propia impunidad.

La quinta certeza es que el deseo de cambio lo encarnan María Corina Machado y Edmundo González Urrutia por una razón fundamental: se ganaron la confianza del pueblo al demostrar veracidad, autenticidad, valentía y un compromiso inquebrantable con la libertad, la democracia y los valores republicanos. Asimismo, en el caso de María Corina, el vínculo se consolidó tras recorrer durante años cada rincón del país, logrando que la ciudadanía la perciba como una figura cercana y confiable.

El manejo oficial de los recientes terremotos ratifica estas certezas: el poder es incapaz de actuar de forma correcta, oportuna y confiable. Bajo tales condiciones, la continuidad del régimen es insostenible al carecer de legitimidad tanto de origen como de desempeño.

Si instancias como la “Comisión Técnica Política” o la “Comisión Especial para el Diálogo, la Paz y la Reconciliación Nacional” se rigieran por estas verdades, su tarea sería sencilla; sin embargo, se enfrentan a un trasfondo de intereses complejos que apenas logramos vislumbrar.

Lo evidente es que, armados con estas cinco certezas, resulta inviable prolongar un sistema sostenido a duras penas por unas 50.000 personas frente a una nación de 28 millones de venezolanos. El tiempo apremia.

 

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