Cientos de sobrevivientes de los terremotos afrontan amputaciones y una larga rehabilitación

La pérdida de una extremidad se ha convertido en una de las secuelas más devastadoras de los sismos del 24 de junio. Se calcula que cerca de 40% de ellos son niños que se enfrentan a una larga recuperación

ONG y diferentes personalidades se han unido para atender a los amputados por los terremotos en Venezuela | Foto Tairy Gamboa/ El Nacional

 

Hasta el 9 de julio, el balance por los terremotos en Venezuela registraba 3.685 personas fallecidas y 16.740 heridas que han recibido atención médica. Entre estas últimas se encuentra un grupo de pacientes que, debido a las graves lesiones por aplastamiento sufridas bajo los escombros, requirió amputaciones para preservar la vida. Se trata de una realidad que permanece parcialmente opacada por la magnitud de la emergencia humanitaria, pero que representa el inicio de un proceso de rehabilitación física, emocional y social que puede prolongarse durante años.

El atleta venezolano amputado Gabriel Cardier, quien ha seguido de cerca la atención médica a los sobrevivientes y mantiene contacto con equipos que trabajan en la emergencia, aseguró que entre 100 y 200 personas habrían sufrido amputaciones como consecuencia de los terremotos y aproximadamente 40% de estos pacientes serían niños. Estas son las cifras que actualmente manejan los equipos médicos que atienden la emergencia en Venezuela.

“Como amputado, sé que perder una extremidad es solo el comienzo de un largo proceso. Tener acceso a una prótesis, a terapia y a un apoyo emocional puede marcar la diferencia”, expresó el deportista a través de sus redes sociales.

Muchos de los sobrevivientes a los terremotos en Venezuela necesitaron amputaciones para poder salvar sus vidas | Foto Tairy Gamboa/El Nacional

Los rostros que sobrevivieron a la tragedia

Detrás de cada una de las cifras hay historias de supervivencia marcadas por pérdidas irreparables. Entre los casos que más han conmovido al país se encuentra el de Yuli, una niña de 7 años de edad que sobrevivió al colapso de su vivienda en La Guaira durante los terremotos del 24 de junio. La pequeña perdió a sus padres y a tres de sus hermanos bajo los escombros. Además, las lesiones por aplastamiento obligaron a los médicos a amputarle una pierna para salvarle la vida.

Ahora permanece bajo el cuidado de familiares que también resultaron afectados por la tragedia y que intentan reconstruir un hogar adaptado a sus nuevas necesidades de movilidad.

Mientras inicia el largo proceso de rehabilitación, la música se ha convertido en uno de sus principales refugios emocionales. Sus allegados cuentan que pasa buena parte del día cantando canciones del dúo Ha*Ash, sus artistas favoritas, una actividad que le permite distraerse del dolor físico y emocional.

Su historia también movilizó a organizaciones civiles e influencers, que promovieron campañas de recaudación para financiar su recuperación, tratamientos médicos, alimentación y futuras prótesis. Gracias a donaciones particulares, la niña ya recibió una silla de ruedas y muletas para iniciar su proceso de movilidad.

Otro de los casos que ha generado una amplia respuesta dentro y fuera del país es el de Andrés Mieles, de 11 años de edad. El niño perdió a varios integrantes de su familia durante los terremotos y sufrió la amputación de una de sus piernas como consecuencia de las graves lesiones que padeció.
Su historia trascendió las fronteras venezolanas después de que el futbolista Cristiano Ronaldo conociera su caso y le enviara un mensaje de apoyo. En un gesto que rápidamente se hizo viral en redes sociales, el delantero portugués expresó su admiración por la fortaleza del niño y lo invitó a asistir a uno de sus partidos una vez concluya su recuperación, con el propósito de cumplir uno de sus mayores sueños.

“¿Mi bracito va a crecer otra vez?”

La historia de Lía León, también de 7 años de edad, resume la crudeza con la que la tragedia golpeó a decenas de familias venezolanas. La niña permaneció 12 horas atrapada bajo los restos de su vivienda hasta ser localizada por los equipos de rescate.

Durante el colapso perdió a su madre y a una hermana menor. Su padre sobrevivió y desde entonces permanece junto a ella acompañando cada etapa de su recuperación.

Los médicos debieron practicarle tres cirugías para estabilizar su estado de salud antes de tomar una de las decisiones más difíciles: amputarle el brazo derecho debido a los daños irreversibles ocasionados por el aplastamiento.

Tras superar la fase más crítica y despertar en el hospital, Lía sorprendió al personal sanitario con una pregunta que muchos describieron como uno de los momentos más conmovedores vividos durante la emergencia.

“¿Mi bracito va a crecer otra vez?”, preguntó.

Su padre ha explicado que la niña continúa adaptándose a la nueva realidad mientras recibe apoyo de familiares y de personas que han colaborado con donaciones para financiar tratamientos médicos, atención psicológica y futuras prótesis. Su alta hospitalaria fue celebrada como un pequeño triunfo en medio de la tragedia.

 

“Dios me dio la oportunidad de nacer nuevamente”

La historia de Camila Arellano, de 17 años de edad, también se convirtió en un símbolo de resistencia. La joven permaneció tres días atrapada bajo los escombros del edificio donde vivía junto a su madre y su hermano mayor, ambos fallecidos durante el colapso.

En un testimonio difundido posteriormente en redes sociales, recordó que las primeras horas atrapada fueron de mucha angustia. Pasado un tiempo, comenzó a escuchar la voz de una vecina aprisionada entre los escombros y ambas decidieron gritar juntas cada vez que percibían la presencia de rescatistas.

Finalmente fue localizada por su padre y por integrantes de los cuerpos de rescate, quienes lograron extraerla con vida después de un complejo operativo.

Las lesiones sufridas en una de sus piernas obligaron posteriormente a los médicos a amputarla por encima de la rodilla para evitar complicaciones mayores.

Pese al profundo dolor por la pérdida de su madre y su hermano, Camila ha decidido compartir públicamente su experiencia con la esperanza de transmitir fortaleza a otras personas que atraviesan una situación similar.

“Dios me dio la oportunidad de nacer nuevamente”, expresó al comenzar el relato de su historia.

 

¿Por qué muchos sobrevivientes de los terremotos en Venezuela requieren amputaciones?

No todas las personas rescatadas de entre los escombros presentan heridas visibles de gravedad. Sin embargo, permanecer durante horas bajo estructuras colapsadas puede provocar lesiones internas tan severas que, en algunos casos, obligan a los médicos a amputar una extremidad para salvar la vida del paciente.

La principal causa es el denominado síndrome por aplastamiento, una condición frecuente en grandes terremotos y otros desastres naturales. Cuando una pierna o un brazo permanece comprimido durante varias horas por el peso de los escombros, los músculos dejan de recibir suficiente sangre y oxígeno. Esa falta de circulación provoca la muerte progresiva de los tejidos. Al mismo tiempo, las células musculares lesionadas liberan grandes cantidades de sustancias tóxicas al organismo.

Una vez que esa persona finalmente es rescatada y se restablece la circulación, esas sustancias pasan al torrente sanguíneo y pueden ocasionar complicaciones potencialmente mortales, entre ellas insuficiencia renal aguda, alteraciones del ritmo cardíaco y falla multiorgánica. Por esa razón, muchos pacientes requieren atención médica inmediata, diálisis de emergencia e intervenciones quirúrgicas complejas.

Los especialistas advierten que los niños constituyen una población especialmente vulnerable. Además de las lesiones por aplastamiento, muchos presentan fracturas múltiples, daños en tejidos blandos y complicaciones renales derivadas de la compresión prolongada, por lo que algunos requieren diálisis durante los primeros días posteriores al rescate.

Un cirujano encargado de coordinar la atención de los niños en el Hospital Pérez Carreño explicó, durante un reporte audiovisual del medio internacional Imagen Noticias, que cerca de un centenar de niños de entre 8 y 15 años de edad ingresó durante los primeros días tras los terremotos con lesiones de alta complejidad. Confirmó que alrededor de 40% de esos pacientes requirió amputaciones de brazos o piernas tras permanecer horas atrapados bajo estructuras colapsadas.

Explicó además que algunos pacientes llegaron con lesiones tan graves que debieron ingresar varias veces a quirófano debido a infecciones derivadas del prolongado tiempo que permanecieron atrapados bajo los escombros.

El síndrome por aplastamiento suele derivar en una amputación | Foto Tairy Gamboa/El Nacional

La recuperación no termina en el quirófano

La recuperación de una persona amputada no termina con la cirugía. El proceso suele dividirse en varias etapas que involucran a un equipo multidisciplinario integrado por traumatólogos, cirujanos, fisiatras, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, psicólogos, trabajadores sociales y especialistas en prótesis.

Durante las primeras semanas se controla la cicatrización, se previenen infecciones y se prepara el muñón para una futura prótesis. Posteriormente comienza la rehabilitación física para recuperar fuerza, equilibrio y movilidad, mientras el paciente aprende nuevas estrategias para realizar actividades cotidianas.

Sin embargo, la recuperación emocional resulta igualmente determinante. Los profesionales en salud mental advierten que la pérdida de una extremidad implica un proceso de duelo comparable con cualquier otra pérdida significativa.

Durante las primeras etapas es fundamental permitir que el paciente exprese libremente emociones como tristeza, miedo, frustración o rabia, sin imponer expectativas de recuperación inmediata. Posteriormente comienza un proceso orientado a aceptar la nueva imagen corporal, reconstruir la autoestima y desarrollar herramientas que permitan recuperar la autonomía.

En muchos casos también debe abordarse el denominado síndrome del miembro fantasma, una condición en la que la persona continúa percibiendo sensaciones —e incluso dolor— en la extremidad amputada.

Los especialistas resaltan igualmente el papel que desempeñan las familias durante este proceso. El acompañamiento emocional resulta esencial, pero advierten sobre el riesgo de caer en dinámicas de sobreprotección que limiten la independencia de los pacientes, especialmente en niños y adolescentes.

En el caso de niños y adolescentes, el acompañamiento psicológico cobra aún mayor relevancia, ya que la amputación ocurre en una etapa de desarrollo físico y emocional. Los especialistas consideran esencial ofrecer espacios seguros para expresar el miedo, responder a sus preguntas con honestidad y facilitar un proceso de adaptación acorde a su edad.

Otra herramienta considerada clave consiste en conectar a los sobrevivientes con personas amputadas que hayan logrado desarrollar una vida plena, ya que estos referentes ayudan a reducir el temor hacia el futuro y ofrecen ejemplos concretos de adaptación.

Una red de apoyo para devolver movilidad y esperanza

Distintas iniciativas impulsadas por la sociedad civil comenzaron a organizar una respuesta para acompañar a los sobrevivientes de los terremotos en Venezuela que deberán afrontar una discapacidad permanente. Una de las más visibles es la campaña promovida por el atleta y conferencista Juan Pablo Dos Santos, quien perdió ambas piernas en un accidente de tránsito en 2019 y desde entonces ha dedicado parte de su trabajo a acompañar procesos de rehabilitación de personas amputadas.

Tras conocer el creciente número de sobrevivientes que requerirán prótesis, Dos Santos puso en marcha una iniciativa internacional orientada a facilitar el acceso a estos dispositivos y a brindar acompañamiento durante el proceso de recuperación.

“Hay muchas personas que están quedando amputadas. Niños que sufrieron aplastamientos y tuvieron que cortar sus piernas”, explicó en un mensaje difundido en redes sociales.

La estrategia contempla una red de colaboración internacional que consiste inicialmente en convocar a deportistas, líderes comunitarios, creadores de contenido y otras personas amputadas de distintos países para que impulsen campañas locales de recaudación y sensibilización sobre la situación venezolana.

Además, buscar adquirir componentes protésicos en mercados internacionales, donde los costos son considerablemente menores que en Venezuela, para que la Fundación Juan Pablo Dos Santos y la empresa Ortoprotécnica fabriquen, ensamblen y entreguen gratuitamente las prótesis a quienes más las necesiten.

“Mi meta es unir fuerzas con figuras públicas y personas influyentes que entiendan la realidad de vivir con una discapacidad. No buscamos donaciones de dinero directo a nosotros; buscamos aliados”, explicó el atleta al presentar el proyecto en redes sociales.

La iniciativa también incluye visitas a hospitales para acompañar a los pacientes recién amputados durante los primeros días posteriores a la cirugía, uno de los momentos emocionalmente más difíciles del proceso.

Como parte de esas actividades, Dos Santos ha entregado dispositivos electrónicos a niños hospitalizados con el objetivo de ofrecerles espacios de entretenimiento durante la recuperación y reducir, aunque sea parcialmente, el impacto emocional provocado por semanas de hospitalización y tratamientos médicos complejos.

“Perder una extremidad no define quién eres ni determina hasta dónde puedes llegar”, ha repetido en distintos encuentros con sobrevivientes, convencido de que el acompañamiento entre personas que han vivido experiencias similares puede convertirse en un elemento decisivo durante el proceso de rehabilitación.

 


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