Centenario de José Miguel Monagas   

 

Cuando culmina la trayectoria vital de un ser humano, se muestra en dimensiones nítidas el resultado de sus esfuerzos, de sus desvelos, de sus luchas, de sus angustias, y esencialmente de sus sueños. La magnitud, utilidad y significación de la obra cumplida indicará si ostenta la entidad y jerarquía necesaria para ser considerada relevante, y consecuentemente, erigida en motivo de indagación, reflexión, estudio y difusión. A este exigente requerimiento ha sido sometida la creación intelectual de José Miguel Monagas (1921-1987) y se ha arribado a la previsible conclusión según la cual su densa obra amerita y reclama ser incorporada con todos los merecimientos al corpus del ideario pedagógico venezolano.

José Miguel Monagas, fue indudablemente un hombre de su tiempo. Dotado de una sensibilidad creadora excepcional y de una diáfana actitud de compresión de la realidad venezolana, asumió lugar de vanguardia en todos los desafíos que le planteó la militancia colectiva. Los escenarios en los cuales se desenvolvieron sus luchas y su quehacer fueron variados: la escuela, la prensa, la organización política, el frente gremial, la cátedra universitaria. En cada uno de ellos, exhibió testimonios reveladores de que interpretaba la misión del intelectual como un compromiso que desbordaba el puro ámbito de las ideas para transformarlas en un alegado virtual de la inteligencia en favor de la dignidad ciudadana de la colectividad nacional.

Fue un hombre de estudio permanente y sistemático, de trabajo incansable y comprometido, de lucha fervorosa, apasionada y noble, siempre por los más elevados ideales del pueblo y con la más transparente claridad en su visión de luchador social.

El género más cultivado en la obra de José Miguel Monagas es el artículo de opinión; la temática predilecta: el análisis y la crítica social;  el epicentro de sus desvelos: su honda preocupación por la transformación de Venezuela; y el quehacer humano y esfera del conocimiento estudiado con mayor sistematización, rigor y consagración: la educación.

Este complejo y fascinante tema, tuvo en el maestro uno de sus cultores más insignes, consecuentes y dedicados como lo evidencia la extensa y variada gama de páginas por él escritas.

Oriundo de Tumeremo, Estado Bolívar donde nació el 31 de julio de 1921, forma parte José Miguel Monagas de la generación de venezolanos a quienes les correspondió enfrentar el transcendental reto de actuar en un país que estaba saliendo de las tinieblas de la dictadura gomecista que, por lo demás, arrojaba como pesado lastre e indeseable herencia una nación sumida en el atraso, la ignorancia y la incultura, y que conocía los formidables progresos acaecidos en las primeras décadas del siglo veinte cuando ya habían transcurrido cerca de cuarenta años de esta centuria.

Realiza los estudios formales de educación primaria en la Escuela la Federal “Heres” de Ciudad Bolívar, entre 1931 y 1937, continuando luego los dos primeros de Educación secundaria en el Liceo “Peñalver” de la misma ciudad, de donde se separa en 1939 para inscribirse como alumno fundador de la Escuela Normal de Maestros de Cumaná, luego de haber obtenido una beca mediante concurso de oposición. Con su ingreso a esta institución de formación pedagógica se inicia una larga y fructífera vocación trastocada en pasión, que le aporta a Venezuela una inmensa y admirable obra en los campos de la acción y del pensamiento social y educativo.

En 1943, culmino exitosamente los estudios de Educación Normal con calificación promedio de diecinueve (19) puntos, razón por la cual fue eximido de presentar el examen integral de rigor para aspirar al título de Maestro de Educación Primaria Urbana. En esta etapa de su formación profesional, presencia el nacimiento de su devoción por un quehacer que luego devendría en uno de sus instrumentos esenciales de expresión y lucha: el periodismo. Es así como se inicia escribiendo artículos sobre educación en la revista Normas que se publica en la Escuela Normal de Cumaná.

Esta primera iniciativa, sería continuada con la fundación de un periódico de limitadas dimensiones, pero de elevados y constructivos propósitos que bautizó con el significativo nombre de Patria.

En ese mismo año de 1943, comienza su ejercicio profesional como maestro en Maracaibo en la Escuela “Udon Pérez” en donde se le asigna la responsabilidad de atender el quinto grado y de ejercer, al propio tiempo, la dirección del plantel. En esta primera experiencia orienta sus esfuerzos hacia la remoción de los esquemas educativos antiguos y ya inactualizados, y su reemplazo por una concepción de la educación que tuviese como soporte conceptual los postulados de la escuela nueva, los cuales, y es oportuno indicarlo, definía en los siguientes términos:

“El conjunto de los principios, métodos y técnicas de la Escuela Moderna que estaban abriéndose paso después de la primera guerra mundial, que pedía una nueva orientación del mundo y de la corrientes universales. Se hacía énfasis en la educación regida por el método científico, antes se educaba en base a dogmas. Se cambio la memorización por la práctica, y en fin de toda aquella concepción de que “la letra con sangre entra”. Nosotros éramos partidarios de la educación impartida con amor y en ese sentido le dimos un vuelco a ese principio afirmado que la letra entra con amor”.¹

En estos pasos iníciales dentro del ámbito de la educación, se enciende otra de las pasiones que albergó su inquieto espíritu: la lucha gremial. Ello le condujo a incorporarse en los primeros días de actividad docente en Maracaibo a la seccional de la Federación Venezolana de Maestros, en donde le aguardaría un futuro promisorio, pues llegó a ocupar todos los eslabones a los que puede aspirar un dirigente gremial, siendo el más relevante la presidencia de esa organización.

En su tránsito por el estado Zulia continuó cultivando su vocación por el periodismo. En esta oportunidad la canaliza a través de la elaboración de artículos sobre temas de interés para la comunidad que difunde en las páginas del diario Panorama.

Su presencia en la escuela “Udon Pérez” concluye en el año 1944 y se traslada a Caracas, en donde ingresa al Grupo  Escolar “República de Bolivia” con el rol de Maestro-Secretario. En la capital de la república continúa compartiendo el ejercicio de la docencia con la acción gremial y la vocación periodística. En este nuevo escenario es el diario “El País” el que  acoge sus columnas publicadas en una página denominada “La escuela en el país” la cual firma con el seudónimo “Jomimo” que significa justamente José Miguel Monagas.

El año 1945, tuvo especial significación en la vida del maestro en razón de que en esta etapa exterioriza con fuerza y decisión su inclinación por la lucha política activa y militante, la cual encauza a través del partido Acción Democrática, en cuyas filas ya había ingresado en los días de la Escuela Normal de Cumaná. El recenso en esta agrupación política tiene lugar el 13 de septiembre de 1945 en el Teatro Olimpia, en donde fue presentado por quien luego se convertiría en su guía espiritual, mentor político y modelo arquetípico de conducta: Luís Beltrán Prieto Figueroa, quien se hizo acompañar por otro dirigente político y maestro de méritos sobresalientes: J. M. Siso Martínez.

El cambio de gobierno acaecido en 1945, le abre a José Miguel Monagas nuevos horizontes de desarrollo profesional al ser designado por el Ministro de Educación, Director de Unidades Móviles de Alfabetización. En esta posición se mantiene hasta el año siguiente cuando se le ofrece un nuevo destino, esta vez, el de jefe de Personal de la Comisión Técnica de Educación, en donde permanece hasta 1947. La circunstancia de estar sumergido integralmente en labores administrativas dentro del Ministerio de Educación, no debilita su atracción por la lucha gremial: ello explica que en el mismo año 1947 sea exaltado a la condición de miembro del Comité Directivo Nacional de la Federación Venezolana de Maestros. En los días finales de ese año contrae matrimonio en Mérida con Dulce María Uzcátegui Quintero de cuya unión nacieron ocho hijos.

En 1948, prosigue su acelerado proceso de acumulación de experiencias profesionales en escenarios variados. En esta ocasión, el desafío es regentar la Dirección de la Escuela Normal de San Cristóbal y dictar las cátedras de Pedagogía y Didáctica. El año siguiente es convertido en Supervisor General de Alfabetización del Distrito Federal, cargo que ejerce pocos meses, para luego desplazarse al sector privado en donde es contratado por la empresa Mene Grande Oil Company de Puerto la Cruz a objeto de dirigir la Escuela Privada “Guaraguao”, posición que ocupó hasta 1950 conjuntamente con la de presidir la Seccional Anzoátegui de la Federación Venezolana de Maestros.

Esta desvinculación intempestiva de la educación pública estuvo influida decisivamente por la atmósfera de hostigamiento y persecución política que desató la dictadura militar instaurada en 1948.

El año 1951, marca un hito en la vida del maestro por cuanto es el momento de decidir la región en la cual habría de establecer su tienda definitivamente, como bien él lo decía. Mérida fue el lugar escogido. Esta elección resultó beneficiosa para ambas partes en razón de que la ciudad cordillerana le ofreció institución universitaria y hospitalidad para que ensanchara su formación profesional y él le entregó desde ese instante hasta sus últimos días, lo mejor de su potencial creativo y de su voluntad de servicio, de entrega y de lucha por causas nobles, justas y trascendentales.

En este año inicia formalmente estudios de Derecho en la Universidad de los Andes, que habría de concluir cinco años después con excelentes rendimientos. Su actividad laboral se contrae a ofrecer clases a domicilio y a vender libros de Derecho en representación de la librería Pensamiento Vivo. En esos mismos días obtiene la corresponsalía del diario La Esfera, que resultó ser el primero y único en el campo de los medios comunicacionales, por el cual percibió remuneración. Su labor periodística en ese periodo fue intensa e infatigable, teniendo como signo dominante la consideración y análisis de los problemas acuciantes de esa hora; ello determinó que en el año 1955 fuese designado presidente de la Asociación Venezolana de Periodistas Seccional Mérida y el año siguiente premiado con diploma y medalla por esa institución en reconocimiento a la extraordinaria labor cumplida en su rol de comunicador social y de dirigente del gremio.

En 1956 finaliza los estudios de Derecho, en donde obtiene veinticuatro diplomas por haber logrado altas calificaciones en igual número de asignaturas.

La tesis presentada para optar el grado de Doctor en Derecho, se denominó La Propiedad Horizontal, a la cual el jurado integrado por los doctores Ramón Mazzino Valeri, Luis Elbano Zerpa Díaz y Carlos Newman Briceño le reconoció méritos sobresalientes y recomendó su respectiva publicación. Esta obra fue escrita con rigor científico, con inteligencia creadora, con la voluntad de comunicar ideas y esencialmente con el ardoroso deseo de serle útil al país mediante el estudio de una área temática en torno a la cual coexistían una información precaria con el inaplazable imperativo de ser comprendida en todas sus dimensiones, toda vez que, el estado había iniciado una sostenida política de soluciones habitacionales, a través, del sistema de propiedad horizontal y requería dominar en profundidad los pormenores de esta modalidad de adjudicación de viviendas.

En eso mismo año, por invitación del Decano de la Facultad de Derecho Presbítero Luís Negrón Dubuc, ingresa oficialmente al ejercicio de la docencia en la Universidad de los Andes, a dictar las cátedras de Hacienda Pública, Derecho Minero y Derecho Mercantil. Así mismo, es encargado de asumir la asignatura Derecho Aplicado a la Ingeniería en la Facultad de Ingeniería e Historia de la Educación en la Escuela de Humanidades que en ese entonces pertenecía a la Facultad de Derecho. Es evidente que en esta primera etapa de docencia universitaria, el trabajo resulta abrumador y altamente comprometedor.

No obstante, lo enfrenta con decisión y voluntad de misionero. Su permanencia en la casa de estudios superiores, fue prolongada y se extendió por mas de treinta años, a lo largo de los cuales rindió una labor intelectual francamente admirable que no conocía descanso ni tregua y que abarcó las distintas vertientes del quehacer universitario, al cual no solo se redujo, pues además proyectó su constructiva presencia en los otros niveles de la educación sistemática y en variados frentes de la acción social, dentro de los cuales destaca con relieves especiales su pasión nunca declinante por el periodismo, cuando funda el primer radio-periódico en la emisora Radio Universidad que aunado a ello le produjo una nueva satisfacción: el otorgamiento del premio anual de periodismo en 1957 por parte de la Universidad de los Andes.

La esperanza de redención, democracia y porvenir luminoso que se abrió en el amanecer de 1958, encontró en José Miguel Monagas un fervoroso intérprete, un entusiasta luchador y un soñador dotado de un espíritu intensamente idealista. De estos rasgos está impregnada con acentuada intensidad, como sello indeleble, su obra.

La convicción según la cual su contribución al desarrollo y consolidación de la democracia debía materializarse a través de la participación activa en las diferentes tareas que le reclamara el quehacer social, le indujeron a aceptar en los cruciales años de 1958 y 1959 inmensas y trascendentes responsabilidades académicas, administrativas y políticas, dentro de las cuales importa relevar: Director de la Organización de Bienestar Estudiantil de la ULA, integrante de la Junta Patriótica del Estado Mérida, la postulación exitosa como Diputado a la Asamblea Legislativa del  Estado Mérida en los comicios de 1958; Director de Educación, Cultura y Deportes del Estado Mérida; Presidente Fundador de la Asociación de Empleados de la ULA, Decano encargado de la Facultad de Humanidades y Educación; miembro del Consejo de la Facultad de Derecho; miembro de la Comisión Electoral de la ULA, etc. Fueron años de infatigable y exigente actividad, de desafíos siempre atendidos por su diáfana conciencia en cuanto a que se iniciaba un periodo histórico a cuyo afianzamiento debían entregarse las mejores energías y capacidades que le albergaran.

La década que se inicia en 1960 estará cargada de nuevas responsabilidades, retos, definiciones y rupturas. Será un periodo intenso que marcará huella profunda en las etapas posteriores de la vida de José Miguel Monagas.

En el primer año del decenio, como reconocimiento a su denodada acción gremial es designado Presidente de la Seccional de la Federación Venezolana de Maestros del Estado Mérida. También ejerce la docencia en la Escuela Normal Alberto Carnevali y en el Liceo Libertador y en el plano académico robustece sus nexos con la recién creada Facultad de Humanidades y Educación, a través del dictado de las asignaturas Legislación Educacional, Administración Escolar, Pedagogía General, Política Educacional Venezolana. Su permanencia en este centro universitario habrá de extenderse hasta sus días finales, cumpliendo una labor cuya extensión y magnitud aun no ha sido suficientemente ponderada.

En 1961, alterna su actividad académica con el ejercicio del derecho como Abogado apoderado del Banco Obrero. En ese mismo año, el partido en el cual milita Acción Democrática, lo convierte en Secretario General Seccional en el Estado Mérida, en esos turbulentos días, también dedica horas al estudio y se orienta en la dirección de analizar los supuestos teóricos sobre los cuales ha descansado la educación venezolana en su accidentado devenir histórico. Delinea entonces, una caracterización de cada periodo y establece que en las etapas democráticas la educación ha vivido sus momentos más luminosos en lo que corresponde al interés evidenciado por construir una filosofía de la educación fundada en el desarrollo integral del hombre.

Su consagración a la educación es ampliamente reconocida por los diversos sectores de la vida emeritense, en virtud de ello en 1962 se le confiere la condecoración 27 de junio en primera clase.

Este año coincide con un nuevo proceso electoral nacional que tuvo lugar en diciembre y del cual José Miguel Monagas emerge ungido nuevamente con la condición de Diputado a la Asamblea Legislativa del Estado Mérida y al Diputado al Congreso Nacional en representación del Estado Mérida, para el período 1964-1969.

La indeclinable capacidad de lucha, aunada a la genuina devoción por la causa educativa, exalta a José Miguel Monagas a la cúspide de la organización magisterial al ser electo presidente nacional de la Federación Venezolana de Maestros para el periodo 1964 -1966, destaca también su designación en 1965, como Presidente de la Asamblea Latinoamericana de Educación Popular reunida en San Juan, Mendoza, Santa Fe, Mar del Plata y Buenos Aires, República Argentina.

Sin afán apologista, procede afirmar que su gestión frente a esta exigente responsabilidad fue de una brillantez insuperable. No hubo ámbito dentro del complejo mundo de la actividad gremial en la educación que no recibiera su decidida atención. En los dominios doctrinarios, académicos, técnicos, sociales, formativos y reivindicativos siempre se oyó su palabra orientadora, se leyó su opinión esclarecedora y se sintió su presencia combativa. De su fecundo tránsito por la elevada posición permanecen los densos discursos pronunciados, las incontables entrevistas, foros y declaraciones ofrecidas a la prensa nacional y las innumerables páginas escritas en los órganos de difusión y formación por él propiciados, dentro de los cuales destaca con singular relieve Gaceta Docente; esta revista además de instrumento de información gremial, la utilizó como un espacio para exponer las ideas y posiciones que conformaban el pensamiento pedagógico venezolano y difundir las proposiciones existentes para afrontar la problemática educativa del momento. En la historia de las publicaciones referidas al tema pedagógico esta ocupa lugar preeminente.

José Miguel Monagas, fue un ser humano de incomparables condiciones, valiente para defender las causas en que creía, más valiente aun para rectificar los propios errores y aceptar y difundir las fallas de aquello que había defendido, consecuente con su verdad, un hombre cabal en el que cohabitaban extrañamente el hombre de acción y el intelectual. Desarrolló un pensamiento social intenso en su densidad revolucionaria y modeló un comportamiento que constituyó un excepcional ejemplo pedagógico de un hombre diáfano en sus sentimientos, en sus luchas y en sus convicciones.

Con esta plataforma de conducta resultaba inexorable y fatal que en diciembre de 1967, produjese una ruptura definitiva con el partido Acción Democrática, al cual había adherido desde los lejanos días de 1941, la causa del distanciamiento estuvo localizada en el incalificable despojo de que fue objeto el doctor Luís Beltrán Prieto Figueroa en las elecciones internas para seleccionar el candidato presidencial en los comicios nacionales que se habrían de celebrar el año siguiente. Esta conspiración anti-histórica que le cerró el seguro acceso al poder al ilustre pedagogo margariteño, sublevó los sentimientos de justicia que se anidaban en José Miguel Monagas y lo instó a revisar con espíritu crítico y actitud progresista, los esquemas ideológicos que hasta esa hora preconizaba y lo impulsa a fundar junto a ilustres venezolanos el Movimiento Electoral del Pueblo, partido al cual le dedicó cuatro lustros de permanente lucha social y en el que ejerció distintas responsabilidades directivas hasta llegar a ser su Presidente en la Seccional Mérida.

En abril de 1973, en la ciudad de Quito, Ecuador, presenta como ponencia en el Simposio de Educación en Latinoamérica organizado por la Facultad  de Filosofía, Letras y Ciencias de la Universidad Central del Ecuador y luego vertida al formato de libro con el apoyo de la Federación Venezolana de Maestros, este representa acaso uno de sus textos más luminosos, en cuanto a que trasluce de la manera más acabada, completa, rigurosa y cabal, su pensamiento político y educativo y su visión en torno al cuestionable e irrelevante papel que ha desempeñado la educación en la búsqueda de una comunidad latinoamericana liberada del subdesarrollo, de los opresores internos y externos y de la dependencia económica, tecnológica y cultural. El ensayo acusa un marcado acento ideológico y una declaración e identificación de compromiso con las causas progresistas y liberadoras que se libren en el suelo de América Latina.

La intensa y sostenida labor intelectual que despliega en estos años, no lo distancia de su vocación de hombre de acción a quien le mueve el impulso de aportar sus fuerzas y experiencias a la conducción del proceso educativo en instituciones donde sea requerida su sabia presencia. Ello explica, que en 1974 acepte la delicada responsabilidad de asumir la Coordinación General del naciente Núcleo Universitario de Trujillo, en donde desempeñó una gestión fructífera y edificante.

La búsqueda incesante y ávida de conocimientos lo conduce en los años de plena madurez intelectual, a formalizar su ingreso en 1975 como alumno del post-grado en Ciencias Políticas que iniciaba la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes. Esta decisión, refleja diáfanamente la dimensión de humildad que resaltó como signo dominante en la personalidad de este hombre, por cuanto poseyendo incuestionables merecimientos para pertenecer al cuerpo de docentes, optó por convertirse en estudiante para adquirir un aprendizaje en forma sistematizada sobre temáticas en torno a las cuales ya había reflexionado y escrito incontables páginas.

Dos nuevas responsabilidades de signo diferentes pero emparentadas por el mismo propósito, cual es, el afán de servir y ser útil le esperan para 1979: asumir la Dirección de la Escuela de Educación de la Universidad de los Andes y responder a las obligaciones y confianza en él depositadas por el pueblo, al ser exaltado a la condición de concejal del Municipio Libertador del Estado Mérida para el periodo 1979-1984. Ambos compromisos fueron atendidos con dignidad, dedicación y patriotismo y con esa voluntad sin dobleces que siempre exhibió en sus actuaciones públicas.

Redacta incontables trabajos publicados durante más de cuatros décadas (1943-1986), en órganos de la prensa nacional y regional, entre los que se puede mencionar: El Nacional, El Universal, La Esfera, El País, La República, Panorama, La Tarde, La Opinión, Frontera, El Vigilante, La Verdad, Correo de los Andes, La Nación, El Tiempo y otros diarios. Además de las ponencias, conferencias, declaraciones, discursos, proyectos que generó en su fecunda y generosa vida.

Recibió honores de importantes instituciones públicas tales como la Orden Andrés Bello en Primera Clase de la Presidencia de la República de Venezuela, Orden Ciudad de Mérida otorgada por Concejo Municipal del Distrito Libertador del Estado Mérida, Orden Tulio Febres Cordero por parte de la  Asamblea Legislativa del Estado Mérida, Orden Bicentenaria conferida por la Ilustre Universidad de los Andes, Orden Francisco de Miranda en Primera Clase otorgada por la Presidencia de la República, Orden Diego de Lozada en Primera Clase por parte del Concejo Municipal del Distrito Federal, también fue Padrino de Promociones de Licenciados en Educación en la ULA.

Le correspondió asesorar a distintas organizaciones sindicales de la región y el país, entre ellas el Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción, Educacionales, de la Salud, del Cemento, de la Bebida, Municipales y SUODE en el Estado Mérida, Sindicato Unitario del Magisterio SUMA en los Estados Mérida, Táchira y Trujillo, Confederación de Trabajadores de Venezuela CTV, FVM, Fetratáchira, Fetramérida, Fetratrujillo, Fetrazulia, Soula, Aeula, Fedeunep, Fetramagisterio.

Aun cuando en su dilatada producción abarcó multiplicidad de temáticas y problemas de la más variada gama, desde los de mayor exigencia y rigor intelectual, transitando por los de naturaleza política, jurídica y gremial, hasta los referidos a requerimientos y clamores de la comunidad, en el trasfondo de sus formulaciones siempre permaneció con caracteres marcados el tono, la prosa, la intencionalidad, el contenido y el mensaje educativo, porque asumió la responsabilidad de vivir como un apostolado al servicio de la causa de la elevación espiritual de los pueblos, la promoción, defensa y rescate de los valores transcendentes del hombre: la justicia, la libertad, la igualdad, la solidaridad humana. Estos temas impregnan con avasallante e indeclinable fuerza los innumerables textos que escribió, lo cual le confiere el rango de humanista genuino situado en primera fila al lado de las causas dirigidas a afirmar la grandeza y potencialidad de los hombres.

José Miguel Monagas despreció el dorado, el oro y los diamantes de El Callao y su corazón lo ancló en su terruño, según las estrofas del himno que le hace a la ciudad de Mérida (decretado himno de la ciudad en 1994):

En la cumbre montañosa

de Venezuela occidental

se empina urbe señera

un dorado cultural.

Inocultable con Mitra

Don Tulio y Universidad

eres fragua fecunda

de trabajo y libertad.

Cinco águilas blancas

con cultura y con amor

eres ciudad pujante

y estrella del Libertador.

Murió el 9 de marzo de 1987, un año después por iniciativa del Concejo Municipal de Mérida y la especial deferencia del Escultor Manuel de la Fuente quien lo obsequia, fue develado su busto en el Parque de los Escritores, allí converge el deseo de que no muera jamás.

 

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